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sábado, 28 de octubre de 2017

EMOCIÓN Y ANGUSTIA

Desde el pasado 1 de Octubre, confieso que me siento embargado por dos sentimientos que se complementan el uno al otro: la emoción y la angustia.

Como el científico de pelo largo y expresión algo chiflada de la película Independence Day (la primera, la antigua), siento que estos últimos días han sido emocionantes, aunque es posible que todo se esté viniendo abajo (y no debido a inteligentes extraterrestres con poderes sensoriales precisamente), que estemos atravesando fronteras a las cuales quizás sea imposible retroceder, dinamitando puentes que quizás no puedan volver a construirse.

Estamos ante una larga partida de ajedrez sin precedentes en el estado español y en la que nunca había visto moverse tantas piezas, de ahí viene mi emoción como friki de la política y la historia que soy (hay frikis para todo, qué le vamos a hacer).

¿En qué consisten estos movimientos? Bien, antes que nada, decir que las situaciones de crisis como la que tantos años lleva sufriendo España son el mejor catalizador para los cambios históricos (por algo dijo Bertolt Brecht que las revoluciones se producen, generalmente, en los callejones sin salida) y que los Estados , y en su defecto, las leyes (el derecho), según la concepción marxista de ver y analizar la realidad, simplemente son estructuras levantadas por la clase dominante en una sociedad para defender sus intereses de clase, sus privilegios, su hegemonía (como dijo Gramsci: El derecho no expresa toda la sociedad, sino la clase dirigente, que "impone" a toda la sociedad las normas de conducta que están más ligadas a su razón de ser y a su desarrollo).

Decía que siento emoción porque veo en la actualidad procesos históricos que hasta hace poco solo había visto en los libros. A mi parecer, el conflicto catalán se asemeja más al proceso de independencia de una colonia de su metrópolis que, por ejemplo, una revolución de clase. Creo que es importante comprender esto, especialmente para ciertos sectores de la izquierda a los que veo algo perdidos y observándolo todo a demasiada distancia. No digo que Catalunya sea una colonia de España, digo que se asemejan las acciones que se están sucediendo estos días con los procesos de liberación nacional llevados a cabo por las antiguas colonias.

Ocurría en estos casos que, debido al comercio y la progresiva acumulación de capital por parte de una pequeña parte de las poblaciones que habitaban en las colonias (ya fueran los colonos ingleses en EE.UU. o algunos indios en la antigua India británica), poco a poco terminó por conformarse una burguesía nacional en estos lugares que, llegado el momento (crisis en el imperio sumado a revueltas y descontento en la colonia debido a los impuestos, entre otros) se unió a las clases obreras de las colonias para pelear por la independencia. Sin embargo, los intereses de la clase burguesa, aunque pueden coincidir en momentos como estos con los de las clases populares, pueden cambiar rápidamente porque esta es una clase que se encuentra en una situación intermedia entre la oligarquía y la clase trabajadora (es decir, aspiran y desean ser oligarquía y por eso se encuentran a gusto pactando con ella). La burguesía catalana, básicamente representada por la antigua CiU, se ha rebelado contra la oligarquía española al entenderse con fuerzas como ERC y hasta la CUP para proclamar la independencia, aunque como digo es posible que sus intereses cambien y abandone la lucha si cree que no le beneficiará lo suficiente o si alcanza un acuerdo con los poderes políticos y económicos españoles. Desde una perspectiva marxista se podría simplificar diciendo que los enemigos de clase de las colonias pueden unirse momentáneamente para pelear un enemigo mayor, para liberarse de su opresión tiránica (unos enfrentan la opresión económica, otros la física). No comprendo, después de analizar esto, por qué hay sectores de la izquierda que no apoyan al pueblo catalán arguyendo que este movimiento está liderado por la burguesía. ¿Acaso hubo algún movimiento de este tipo que no estuviera apoyado por esta?

Está, por otro lado, la respuesta del Estado, de la “metrópolis” y las patas que lo sostienen, convertida en distintas acciones: desde las judiciales y las represoras por parte de los equipos policiales, hasta las ideológicas y propagandísticas, de las cuales se encargan los medios de comunicación de masas. Tenemos, además, la respuesta de la oligarquía, las transnacionales, el poder económico, la clase dominante realmente, que mueve ficha buscando meter miedo a la población para que renuncie a sus derechos de soberanía, apoyando el relato de: o nosotros o la hecatombe. Y es que la política es eso, construir hegemonía contraponiendo relatos, interpretaciones de la realidad que no tienen porqué ser reales, sino que tienen por misión convencer a las masas, despertar sus emociones, instintos, incluido, por desgracia, el odio. En esta partida de ajedrez se ha movido incluso el rey, que salió a defender a las élites a las que sirve, como las sirvió su padre.

Siento, como dije, junto a la emoción, una pesada angustia que en ocasiones me sacude de arriba abajo, y es que si hay algo que caracteriza el presente es su incertidumbre, y si hay algo que caracteriza al ser humano, además de su violencia y su naturaleza social, quizás sea su miedo a que esa incertidumbre termine por arrebatarle lo poco que ha logrado reunir durante toda su vida. El miedo es un arma poderosa y los dirigentes políticos lo saben desde hace mucho, por eso se utiliza sin parar para conducir y domesticar las mentes de las masas.

Se han dado movimientos estratégicos que buscan deliberadamente generar miedo en la población catalana para que abandone sus ansias de independencia, como por ejemplo el de la oligarquía moviendo sus sedes fuera de Catalunya (acto meramente administrativo que no cambia nada, pero que los medios se han encargado de exagerar); o acudir a la extrema derecha, la cual goza de total impunidad para sembrar el terror como hemos podido ver en Barcelona o Valencia. Suele decirse que el capitalismo acude al fascismo cuando se ve acorralado, y creo que estamos asistiendo a la prueba tangible de que tal afirmación es cierta. Eso da miedo, es un problema muy grave, porque a su vez la extrema derecha actúa desde la ignorancia, lo que genera primero miedo y después odio y violencia desatada. Darle alas al fascismo es avivar un fuego que puede tornarse tan dañino como incontrolable, puede convertirse en una explosión sin precedentes en España, y a eso juega el gobierno de Rajoy, que sabe esto perfectamente pero que no duda en elevar el volumen de sus amenazas (tenemos el claro ejemplo de Pablo Casado y la referencia a Companys entre muchas otras). Creo de veras que Rajoy y los suyos, al alentar al nacionalismo español más exacerbado e incluso grotesco, están mandando un mensaje nada sutil a Catalunya: tenemos en nuestro haber a miles de ultranacionalistas derechistas, de nazis en definitiva, y no dudaremos en utilizarlos porque gozamos de impunidad, porque nuestros medios trabajarán para que parezca que toda la culpa es vuestra. Y, ojo, ese fascismo que hoy aprieta los dientes siempre estuvo ahí, agazapado, latente, escondido en su cueva; y si hay algo que podemos agradecerle al movimiento independentista catalán ha sido hacer que a la supuestamente democrática España se le caiga la careta. ¿Estaremos asistiendo al entierro del régimen del 78?

Estamos, en definitiva, en un callejón que se estrecha cada vez más, un callejón que no sabemos si nos lleva a algún lugar que no sea un abismo, un callejón del que parece va a ser imposible salir sin sufrir daños. La escalada de tensión es brutal. Con la DUI en Stand by se desatarán todavía más movimientos en esta partida de ajedrez y más emoción y angustia en mi humilde persona.



@avelasgar

domingo, 6 de abril de 2014

LA SEXTA NOCHE, ALFONSO ROJO Y EL CIRCO MEDIÁTICO DE LA POLÍTICA.


La Sexta Noche se ha convertido en un popular programa de tertulia política. Ada Colau, portavoz de la PAH, fue invitada ayer al susodicho programa, donde se vio las caras con algunos de los representantes de la fauna típica del mismo: los periodistas Paco Marhuenda, Eduardo Inda y Alfonso Rojo.

Creo que es fundamental comentar y no dejar pasar intervenciones como una de las realizadas la noche del sábado 5 de este mes por Alfonso Rojo, la cual es sólo una muestra de lo que vemos todos los días en los programas de tertulia y debate político que tan de moda se han puesto últimamente. Es cada vez más evidente en este tipo de programas la primacía de la audiencia sobre la búsqueda de la verdad o algo tan básico como es el respeto. Esta clase de tertulias se han convertido en una especie de circo, donde la humillación y la falacia están a la orden del día. No hay limites. Todo vale cuando el fin ultimo es crear polémica y aumentar la audiencia.

Vídeo de la trifulca entre Ada Colau y los tertulianos de la derecha. Alfonso Rojo interviene en el minuto 15.

La falta de argumentos sólidos deriva en la necesidad de desacreditar al contrincante por la vía de la descalificación personal (falacia ad hominem), dejando en un segundo plano el problema originario al cual se pretendía, en principio, encontrar una solución (lo que es la finalidad de un debate). Situaciones como la sucedida ayer entre Alfonso Rojo y Ada Colau son una clara muestra de este fenómeno, donde el tertuliano, incapaz de responder con coherencia, opta primero por la falacia y segundo por el insulto.

Una de las cosas que hizo Alfonso Rojo fue comparar el gasto en lotería o comidas de noche buena en España con la renta per cápita y el gasto en sanidad o en alimentación en los países africanos más pobres del mundo. ¿Quiere decirnos el periodista que, como en España se gasta más dinero en cosas “superfluas” que en Burundi o la República del Congo en productos de primera necesidad, debemos resignarnos y aceptar que nos recorten derechos o nos echen de nuestras viviendas? No es casual que sean siempre los que no sufren los recortes los que saquen estos temas. Para ellos España va bien cuando baja la prima de riesgo, aunque crezca la pobreza o la brecha entre ricos y pobres. Va bien porque no es la pobreza de los suyos la que aumenta. Va bien porque son sus riquezas las que aumentan, en detrimento, por supuesto, de los derechos de los trabajadores.

Si se produce esta desigualdad en el consumo entre países es por la expansión mundial del modo de producción capitalista que defiende el propio Rojo. En este modelo, cada país ocupa un lugar determinado (unos aportan las materias primas, otros la mano de obra barata, otros el consumo, etc) y son arrastrados por las exigencias del mismo. En los países africanos, el salario de los obreros sólo cubre lo necesario para la subsistencia (consumo productivo) ya que el mercado interno es inexistente. Todo se exporta a Europa o EEUU, entre otros lugares. Es ahí donde los salarios se destinan también al consumo y no únicamente a la subsistencia. Los trabajadores mantienen el sistema con parte de su salario. Por lo tanto, si en Occidente se consumiera únicamente lo necesario para la subsistencia, el modelo capitalista mundial se colapsaría (aunque eso pueda y vaya a suceder por otros elementos de este sistema contradictorio). Rojo no hace otra cosa que exponer las enormes y evidentes desigualdades que ha producido el sistema capitalista que a él tanto le gusta y se lo echa en cara a Ada Colau como argumento para defender su teoría de que España realmente “va bien”.

Parece que Alfonso Rojo no supiera que el hecho de comprar un billete de lotería o comer gambas en navidad no quiere decir que los españoles tengan un alto nivel adquisitivo. Esto lo puede deducir cualquier persona sin mayores explicaciones.

Tras el habitual repertorio de Rojo de falacias, comparaciones absurdas y declaraciones sin fundamento, el periodista pasó a hacer uso de la descalificación personal (utilizada habitualmente también por sus colegas Inda y Marhuenda ante la falta de argumentos sólidos). Las palabras exactas que el periodista emitió durante la acalorada discusión que mantenía con Ada Colau sobre la realidad económica de los españoles fueron: "Estás muy gordita para el hambre que se pasa". Con estas “desafortunadas” palabras, Rojo dejó en evidencia su falta de respeto y su profundo machismo, refiriéndose de forma despectiva al aspecto físico de su contrincante al verse incapaz de ofrecer una respuesta coherente. En un intento de humillar a Ada Colau se retrató a si mismo y a su absoluta carencia argumental.

No es la primera vez que un tertuliano de este programa o similares descalifica con total impunidad. El circo mediático ha alcanzado niveles insospechados con tal de aumentar la audiencia. Estamos asistiendo a la configuración de un nuevo formato televisivo en el cual el modelo “Salvame” se transporta al ámbito de la política. La finalidad es la misma: crear conflicto y polémica, trivializar los problemas o la realidad socio-política del país y mantener entretenida a la población.

Es importante que los ciudadanos que ven este tipo de programas se den cuenta de que los intereses que defiende Alfonso Rojo, Inda o Marhuenda entre otros, son los de la clase dominante, la que no está sufriendo los recortes pero que no se corta a la hora de quitar derechos a los que menos tienen. Esta élite utiliza todo lo que está a su alcance para que sus intereses no peligren y estos tertulianos son una de las muchas armas que tienen para mantener confundida a la población, evitando así que las cosas puedan llegar a cambiar.

Hay que recordar que Ada Colau y muchas otras personas de la PAH llevan 5 años luchando contra una ley hipotecaria totalmente desalmada que sólo existe en nuestro país. Una ley que permite que la deuda hipotecaria se adquiera con la persona y no con el inmueble. Una ley que, en el caso de perder la casa (como si no fuese suficiente drama), mantiene una deuda impagable de por vida. Si más españoles fuésemos como las personas que conforman la PAH y luchásemos contra las injusticias que se cometen cada día en nuestro país, a diferencia de muchos de los inmorales "cagatinta" portavoces del poder que aparecen en La Sexta Noche, los cuales se dedican a ir de plató en plató soltando barbaridades, recibiendo dinero público para sus periódicos privados y criticando toda acción ciudadana legítima, quizás entonces podríamos construir un país más justo para todos.


¡Ánimos Ada Colau! La lucha está en las calles y no en un plató de tele-basura.




Silvia Perelló (@silvia_perrello) y Toni Velasco (@avelasgar)

sábado, 15 de febrero de 2014

DEMOCRACIA MODERNA: ¿PROGRESO O RETROCESO?

Son muchas las voces que proclaman la superación del autoritarismo en el mundo occidental actual y se jactan de haber instaurado la mejor de las democracias posibles, pero si nos planteáramos simplemente comparar ésto que algunos siguen empecinados en llamar “democracia” con aquel sistema al cual, en sus orígenes, hacia referencia ésta palabra (con sus defectos y virtudes) podremos llegar a hacernos una idea de hasta que punto hemos involucionado.

Lo que hoy en día es considerado “democracia” en la mayoría de los países occidentales, es de carácter representativo. Este modelo ha dado lugar a la perdida progresiva por parte de los ciudadanos de incidencia en el terreno político, para acabar reduciendo su intervención a la elección de un partido político (cada cuatro años), el cual de esta manera queda habilitado para tomar decisiones de cualquier índole durante el transcurso de su mandato, sin estar obligado bajo ningún concepto a consultar la opinión ciudadana.

Si decidimos realizar esta comparación, debemos remontarnos primeramente a la procedencia etimológica de la susodicha palabra: “democracia” es un término que proviene del griego y significa “poder del pueblo”. El ejemplo clásico de la democracia antigua es el de la democracia ateniense, por ser de las más poderosas y mejor organizadas de la época. Fue fundada por Clístenes en el año 510 a.C. y llegó a consolidarse bajo el gobierno de Perícles.

La democracia ateniense era directa, es decir que el pueblo era el que tomaba las decisiones políticas por medio de las asambleas. Cualquier ciudadano ateniense podía participar en las asambleas y la participación política era considerada como un deber ciudadano.

La mayoría de los funcionarios del gobierno eran elegidos por medio de sorteos, dicho procedimiento era considerado el más democrático para elegir cargos públicos, ya que de este modo no se veían favorecidos los ricos o famosos, sino que cualquier ciudadano ateniense tenía las mismas posibilidades de acceder a los cargos. Además, de esta manera se evitaba la posibilidad de que se comprasen votos. El voto, por otro lado era reservado para escoger los cargos más importantes y minoritarios. Los funcionarios sólo podían ejercer su cargo una vez en toda su vida, así evitaban la profesionalización y hacían primar la implicación de los ciudadanos.

La democracia actual a diferencia de la clásica, es representativa, es decir que los ciudadanos en lugar de tomar nuestras propias decisiones políticas de forma directa por medio de consensos, elegimos a un determinado partido político para que éste tome las decisiones por nosotros. Dichos partidos -en el caso de nuestro país- se presentan a las elecciones con una lista cerrada de candidatos, esto quiere decir que tenemos que votar al partido en su conjunto y tampoco tenemos la posibilidad de influir en el orden de dichos candidatos.

Fortuitamente, gracias a las múltiples luchas sociales que se han sucedido a lo largo de la historia, el derecho al sufragio se ha vuelto universal, ya no esta restringido a ninguna raza, sexo o condición social determinada, como sucedía en la antigua Grecia.

La democracia actual, aunque no es directa como la ateniense, ampara ciertos procesos en los cuales los ciudadanos pueden ejercer una mayor participación, como los plebiscitos -mediante los cuales los ciudadanos podemos aprobar o rechazar ciertas leyes- y por otro lado, las iniciativas legislativas populares. El problema en nuestro caso es que ni los plebiscitos ni las iniciativas legislativas son vinculantes, esto quiere decir que aunque los ciudadanos tomemos una decisión mayoritaria, el gobierno de turno se reserva la decisión de obedecer o no cualquier iniciativa o plebiscito.

Por otro lado, en nuestro sistema de gobierno aunque mayoritariamente los cargos públicos son elegidos por sufragio, existen ciertos cargos llamados “de confianza” que no son elegidos por votación popular, sino “a dedo”. Este hecho y el de la no vinculación, ponen en entredicho nuestro verdadero papel en el proceso democrático y el significado mismo de la palabra democracia como poder del pueblo. A su vez, los partidos políticos que se presentan a las elecciones, lo hacen con un determinado programa político confeccionado, dicho programa tampoco es vinculante una vez que un partido llega al poder. Esto provoca el hecho de que ciertos partidos alcancen el poder con programas que más tarde no llevan adelante -ya que tampoco están obligados a cumplirlos- y que en muchos casos, puedan hacer exactamente lo contrario de lo que proponían en sus campañas electorales sin ningún tipo de sanción y mucho menos una destitución. Esto contrasta con la democracia ateniense, en la cual los funcionarios que no cumplían sus funciones correctamente eran castigados con severidad, ya que eran considerados empleados y no representantes.

La democracia ateniense era un modelo de vida basado en la libertad, la igualdad y la justicia, modelo que a su vez protegía los intereses de la mayoría por sobre las minorías. Dicho aspecto contrasta ligeramente con la democracia actual que, aunque en sus bases pueda constar dicha obligación, a menudo parece ser que ciertas minorías poderosas tuviesen mayor influencia en las decisiones políticas. Ambos modelos de democracia -clásica y actual- afirman en sus bases la autonomía de sus gobiernos, y su capacidad de actuar de manera independiente sin ninguna clase de restricción externa. Este es otro aspecto que a mi parecer esta en entredicho en el caso de la democracia actual y más concretamente en nuestro país, ya que aunque en la teoría el gobierno goce de autonomía, frecuentemente parece estar condicionado por ciertas “recomendaciones” o imposiciones provenientes de países poderosos.

Ha habido avances muy importantes y beneficiosos desde el modelo clásico de democracia hasta el actual, pero también muchos retrocesos y queda mucho por hacer hasta llegar a un modelo que pueda ser llamado realmente democrático en todos sus aspectos. Cosas como las listas abiertas, los plebiscitos e iniciativas legislativas; así como los programas electorales -al menos en sus aspectos fundamentales- con carácter vinculante; la instauración de ciertas medidas que eviten la profesionalización de la clase política; la destitución de los cargos elegidos “a dedo” o la implementación de más vías de participación ciudadana son algunas de las cosas que creo fundamentales para gozar de una democracia que otorgue realmente el poder al pueblo.


Silvia Perelló (@silvia_perello)

domingo, 19 de enero de 2014

Gamonal, de la resignación a la acción.

Hace ya varios días que los vecinos del barrio burgalés de Gamonal decidieron tomar partido y comenzar una movilización para detener la ejecución de unas obras de costes desorbitados que pretendía llevar a cabo el gobierno municipal del PP. Lo que empezó siendo una reivindicación local ha acabado trascendiendo en todo el Estado español, convirtiéndose en un modelo de lucha popular, a pesar de los intentos de desprestigio por parte del gobierno y los medios.

El proyecto que ha suscitado este conflicto consiste en la remodelación de la calle Vitoria para convertirla en un bulevar de 800 metros y un parking subterráneo. La obra, cuyo presupuesto asciende a la escandalosa cifra de ocho millones de euros y cinco millones más para la construcción del parking, fue adjudicada por el gobierno del PP (presidido por Javier Lacalle) a un grupo de empresas cuyo beneficiario es Antonio Miguel Méndez Pozo (una de las cuales a su vez debe varias nóminas a gran parte de sus empleados). Dicho individuo es también el propietario del periódico más leído de la provincia (Diario de Burgos) y el presidente de la Cámara de Comercio de Burgos. Si indagamos en el pasado de Méndez Pozo, encontramos que, sorprendentemente, en 1992 fue condenado a varios años de prisión por delitos de corrupción. Pero lo que es aún más sorprendente es que el empresario únicamente cumplió 9 meses de dicha condena.

El Diario de Burgos no duda en tildar de violentas las protestas vecinales


Sin embargo, la brillante carrera de Méndez Pozo no acaba ahí. Es socio de la Radiotelevisión de Castilla y León junto con uno de los empresarios imputados en la trama Gürtel, José Luis Ulibarri. Es también intimo amigo de José María Aznar, el cual indultó al entonces alcalde de Burgos, José María Peña, que fue condenado por el mismo caso de corrupción que el empresario.

El historial recitado anteriormente, de sobras conocido por los vecinos de Gamonal, ha sido detonante del enfrentamiento, pero no el único. Resulta poco adecuado que una obra de semejante magnitud pretenda ser llevada a cabo en el barrio con las cifras más altas de paro y pobreza de Burgos, donde la mitad de los parados no cobra subsidio alguno. Además, el Ayuntamiento está profundamente endeudado (643 millones según el Partido Castellano) y ha llevado adelante fuertes políticas de recortes (por ejemplo el apagado de parte del alumbrado público) y subidas de impuestos (como el IBI, entre otros).

Por si esto no fuera poco, el gobierno se tomó la libertad de cerrar dos centros de educación infantil imprescindibles por una supuesta falta de presupuesto, cuando el coste necesario para mantener al menos uno de ellos abierto era de 187.000 euros, lo que representa menos del 2,5% de lo que costarían las obras de la discordia. Ni la recogida de 13.000 firmas por parte de los vecinos de Burgos pudo evitar el cierre del centro.

Es importante comprender que la revuelta generada por el proyecto del bulevar y el parking simplemente ha sido el último de varios casos de corrupción urbanística. Prueba de ello es que Burgos era la cuarta ciudad de España con los precios más altos en la vivienda, a pesar de no ser una ciudad de grandes dimensiones o importancia.

En 2005 el Gamonal vivió una situación similar a la actual, cuando los vecinos tuvieron que manifestarse para evitar lo que fue el primer intento por parte del gobierno de construir este parking subterráneo. Eventos como el descrito ponen de manifiesto que la lucha vecinal de Gamonal por defender sus derechos ha sido constante y necesaria a lo largo de los últimos años.

El gobierno, por su parte, se ha escudado en su programa electoral y justificó así la obra. Puede que el PP gobierne la ciudad pero el hecho de haber ganado en la urnas no le da derecho a tomar decisiones pasando por encima de los vecinos, cuando se trata de una obra que va a afectarles directamente. El barrio ha expresado su descontento y el alcalde está obligado a escucharles, porque en eso consiste la democracia (el gobierno dice haber hablado con las asociaciones de vecinos para aprobar el proyecto pero se demostró que esto era falso).

El resultado del atrevimiento del gobierno burgalés es de sobras conocido. Los vecinos han salido en tromba a defender su postura en contra del proyecto y a pedir que se les escuche. Miles de personas se han manifestado, día tras día, para paralizar las obras, llegándose incluso a construir barricadas, destruir sucursales bancarias o quemar casetas de obra. Dicha situación suscitó la intervención de la policía y violentas cargas por parte de los antidisturbios, además de la detención de varios vecinos y la instauración de un toque de queda.


La manipulación mediática no se ha hecho esperar. El alcalde de Burgos declaraba que “No se puede permitir que una minoría de violentos doblegue la voluntad democrática”, en un intento por desprestigiar las protestas vecinales. Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad, tampoco le tembló el pulso al afirmar que las protestas burgalesas estaban alentadas por grupos de radicales “antisistema”, a pesar de que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León aclarase que la mayoría de detenidos eran vecinos de Burgos sin antecedente alguno. Tampoco podía faltar la ilustre Ana Botella, quien no dudó en calificar las protestas de Gamonal como “atentados” y quedarse tan ancha.


Por otra parte, medios tan importantes como La Sexta o Televisión Española se sumaron también a las manipulaciones, poniendo de manifiesto a qué autoridades responden.


En el video vemos que la manipulación es evidente. ¿Dónde está la “muchísima violencia” y tensión que describe la periodista? ¿Y las vallas por los aires? ¿Poner una pancarta durante un segundo delante de la cámara es impedir trabajar a un periodista? ¿Y los grupos que golpean el mobiliario urbano, dónde están?


En el segundo video, los periodistas de RTVE, desde el plató, afirman que haber corregido al corresponsal en Gamonal es “poner en peligro su integridad”. ¿”Dejar trabajar a los periodistas” significa entonces permitir que se manipulen los hechos sin intervenir? ¿El malo es el vecino por corregir al periodista y decir la verdad o el periodista que miente y tergiversa para poner a la opinión pública en contra de unos vecinos que están luchando para que no se les pisotee?

La linea de sucesos que se han vivido en Gamonal son un retrato perfecto de lo que tantos años lleva sucediendo en España: especulación y corrupción urbanística (políticos que adjudican proyectos financiados con dinero público a sus amigos empresarios para que puedan forrarse) que genera deudas impagables, provocando de este modo recortes sociales y precariedad.

Estos hechos han trascendido en todo el país porque reflejan un modelo que lleva repitiéndose demasiado tiempo y del que el pueblo empieza a hartarse. La posibilidad de que el pueblo español pueda sentirse identificado con este proceso y llegue a tomarlo como modelo de lucha, asusta al gobierno y a las élites económicas, que intentan manipular lo sucedido (mediante los medios de comunicación a su servicio) con el objetivo de enfrentar al mismo pueblo español y la gente del barrio de Gamonal y generar división.

Pero a pesar de los intentos de desprestigio, las protestas del barrio han despertado en otros puntos del país la convicción de que manifestarse y luchar por aquello que se considera justo funciona. Gamonal ha de ser un ejemplo de que no hay que resignarse ante las injusticias y que realmente se pueden cambiar las cosas si se actúa en colectivo.

¿Qué es más violento, unos contenedores quemados o un barrio abocado a la precariedad, los recortes y el desprecio de los que se dicen representantes del pueblo? Es importante no quedarse con la anécdota de la caseta o el contenedor quemado, sino intentar averiguar sus causas. Hemos visto que Gamonal, tras pasarlo mal durante mucho tiempo, ha decidido responder. No se puede tener a un barrio sumido en la precariedad y pretender que sus vecinos nunca lleguen a rebelarse, quizás a veces de forma violenta. Toda resignación tiene un límite, el cual se ha superado en Gamonal. El gobierno y los medios se escandalizan y condenan dicha violencia, pero sus autores han sido detenidos y sobre ellos ha caído todo el peso de la ley, mientras los banqueros, empresarios y políticos que se han dedicado a arruinar el país (y en última instancia han sido los causantes de dichas protestas) siguen en la calle.

La muestra de que la lucha colectiva surte efecto es que Lacalle ha anunciado la paralización definitiva de las obras de la calle Vitoria. Los vecinos de Gamonal han demostrado que podemos hacer que el miedo cambie de bando, realmente se han convertido en un referente a nivel nacional y prueba de ello son las manifestaciones de apoyo acontecidas en diversas ciudades del país.

Como dijo un manifestante en Barcelona durante la concentración de apoyo: “Para llenar las calles de ciudadanía primero hay que llenar las cabezas de sabiduría”. Esa sabiduría pasa, necesariamente, por entender que somos mayoría, que compartimos los mismos intereses y necesidades pero que nos encontramos sometidos a las exigencias de una minoría que, utilizando todos sus medios, intenta enfrentarnos unos con otros para que no podamos identificar y enfrentar al verdadero enemigo.




Silvia Perelló (@silvia_perello) y Antonio Velasco (@avelasgar)