Mostrando entradas con la etiqueta Ucrania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ucrania. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de mayo de 2014

LOS MAGNATES UCRANIANOS Y LA DEMOCRACIA


Son ya muchos meses de conflicto ucraniano y no parece que el desenlace final esté cerca. Mientras grupos fieles al gobierno golpista de Kiev (en muchos casos radicales nazi-fascistas) intentan liquidar cualquier atisbo de oposición en el este del país (que se ha cobrado ya decenas de vidas), el nuevo gobierno autoproclamado pide ayuda al FMI, lo que se traducirá en salvajes recortes y subidas de impuestos.

Tres batallas distintas se están dando en el país en la actualidad. La primera, en el este, brutal y descarnada, donde los grupos Sector Derecho y Svoboda, financiados por EEUU y la OTAN, son responsables de la matanza producida en Odessa y otras ciudades. Los medios afines, por su parte, contribuyen a esta masacre ocultando a los culpables. La segunda, más sutil y cuyos efectos se verán más a medio y largo plazo, es la batalla entre los oligarcas por el control de los recursos naturales e industrias ucranianas. Existe, sin embargo, una tercera batalla. Es la que se libra entre la OTAN y Rusia, donde Ucrania no es más que una pieza geoestratégica clave.

Los grandes medios españoles atribuyen la catástrofe de Odesa a un choque de fuerzas y se oculta a los culpables

Un punto de inflexión serán las próximas elecciones en Ucrania, que han de celebrarse el 25 de mayo. ¿Quién se presenta a dichas elecciones?

Los candidatos más importantes son Petro Poroshenko y Yulia Timoshenko.

Petro Poroshenko es un magnate ucraniano independiente que, según la revista Forbes, posee unos 1.300 millones de dólares. Entre 2007 y 2012 estuvo al frente del consejo del Banco Nacional de Ucrania. Es el favorito de las encuestas (roza la mayoría absoluta) y dice ser contrario a que Ucrania ingrese en la OTAN por ahora. Fue uno de los líderes visibles del Maidán, apoya al nuevo gobierno y exporta muchos de sus productos al mercado europeo.

Timoshenko es conocida actualmente por su odio a los rusos (a pesar de sus contactos con Moscú en el pasado, en relación a sus negocios privados). Gracias a su buena relación con el antiguo presidente Lazarenko (que, según se sospecha, robó unos 200 millones de dólares y fue detenido en EEUU y condenado por blanqueo de dinero, fraude y extorsión), se enriqueció enormemente mediante la empresa relacionada con el gas que tenía en propiedad junto a su marido. Posteriormente se pasaría a la política, siendo viceprimera ministra y encargada de la Energía en 1999. Fue destituida en 2001 por el presidente Kuchma, debido a asuntos relacionados con su empresa, tras la detención de su marido.

En 2004 estalla la Revolución Naranja y Timoshenko sería una de sus protagonistas. Esta “revolución” traería al poder a Víktor Yúshchenko, del partido “Nuestra Ucrania”, de toque liberal, proeuropeísta y de derechas. Timoshenko sería primera ministra pero ciertas medidas, como la de imponer por decreto la eliminación de las deudas de su empresa con el Estado, forzaron de nuevo su destitución.

Según The Independent, un bufete inglés reveló que Timoshenko y su marido habían tenido decenas de cuentas corrientes en bancos europeos. Además, en 2011, sería condenada a siete años de cárcel por abuso de autoridad. Una carrera brillante.

Tras la “revolución” del Maidán, el gobierno autoproclamado la sacó de la cárcel (estuvo 2 años y medio). Timoshenko fue recibida como una estrella en el Congreso del Partido Popular Europeo.

Cospedal saluda a Timoshenko en el Congreso del PPE

Para mostrar el talante democrático de esta señora basta con citarla brevemente. En una ocasión dijo: "Hay que tomar las armas y matar a los malditos rusos", en referencia a los rusohablantes que habitan el este del país. Una aberración, sin duda. No obstante, la segunda cita es de un nivel democrático similar. En una rueda de prensa, dijo: “Si el país elige a otro presidente, creo que tenemos que ir a la tercera ronda de la revolución”. Se trata, ya de entrada, de un sinsentido: ¿Cómo una de las personas más ricas del país y con su historial podría liderar una revolución que se dijese popular, justo después de unas elecciones?

El Partido de las Regiones (del depuesto Yanukóvich) también se presenta a las elecciones, a pesar de que cuenta con un apoyo escaso. Su candidato es Mijailo Dobkin. Este partido fue financiado por grandes magnates como Akhmetov (hombre más rico de Ucrania con intereses en la industria, banca y medios de comunicación). Se trata de un partido contrario a la OTAN que aglutina a diferentes grupos políticos con ideologías divergentes y defensor de la amistad con Rusia. Hay que decir que bajo el gobierno de Yanukóvich ya se impusieron medidas del FMI que desembocaron en una tasa de indigencia del 25% y a que 1 de cada 8 ucranianos viva en la extrema pobreza, entre otros escalofriantes resultados.

Los demás partidos que se presentan no tienen, según las encuestas, opciones para ganar. Podríamos destacar a los fascistas Svoboda y Sector Derecho, responsables de decenas de muertes en el este de Ucrania pero también en Kiev, donde se demostró que los francotiradores que asesinaron manifestantes en Maidán no fueron puestos por Yanukóvich, sino por ellos. Por si fuera poco, se agrede, amenaza y asesina a la oposición, como ya denunció la dirigente del Partido Socialista Progresista de Ucrania, Natalia Vitrenko, a la que nadie ha hecho el menor caso. Parece que no hay intención alguna de prohibir a estos grupos nazi-fascistas. Sin embargo, el Partido Comunista de Ucrania, que impulsó con 3,5 millones de firmas un referéndum ciudadano para votar acercarse o no a la UE, ha sido expulsado del Parlamento (y, a este paso, ya veremos si les dejan presentarse a las elecciones).

Oleh Tyahnybok (Svoboda) junto a McCain en Kiev y haciendo el saludo nazi.

¿Qué tienen en común estos partidos políticos? Pues que todos parecen responder a los intereses de los grandes empresarios ucranianos (proeuropeos o prorrusos). O bien han estado financiados por ellos o los encabezan directamente. Ninguno busca proteger los intereses de los trabajadores, que sufren una crisis brutal desde hace años.

El propio gobierno autoproclamado, que los medios venden como legítimo y surgido de una revolución popular, es un mísero títere de EEUU. Una conversación filtrada entre Victoria Nuland (responsable del Departamento de Estado para asuntos europeos de EEUU) y el embajador de EEUU en Ucrania que decía que había que poner en el poder a Arseny Yatseniuk (actual primer ministro de Ucrania, del partido conservador “Patria”) es una muestra de ello. Ni a EEUU ni a nadie le importan los trabajadores ucranianos, sólo quieren Ucrania para sus intereses: arrinconar a Rusia, obtener materias primas y un nuevo mercado donde llevar sus productos. Esta es la tercera batalla (geoestratégica e imperialista) que he nombrado anteriormente.

Arseny Yatseniuk haciendo el saludo nazi

¿Qué se juegan los ucranianos en las elecciones del 25 de mayo?

Tristemente, decidir a qué oligarca entregan el país en bandeja. Ya hemos visto a los candidatos con posibilidades de ser escogidos, todos grandes empresarios y, por consiguiente, con intereses de clase contrapuestos a los de la clase obrera. Estas elecciones son un fraude, donde ambos partidos responden a los intereses del capital. La comunidad internacional reconoce estas elecciones como legítimas, pero no los referéndums que se han celebrado en Donetsk o Lugansk, donde el ejército de Kiev ha disparado y asesinado a civiles. ¿Por qué se reconocen unas elecciones y otras no? Porque con las primeras salen beneficiados y con las segundas no.

Por otro lado está Rusia, que ha denunciado la ilegalidad del gobierno de Kiev. Aunque esta acción sea razonable, no hay que olvidar que Putin no es precisamente el mayor defensor de los DDHH y que, como ya he dicho, combate contra la OTAN, no por el bienestar de los ucranianos. Tiene sus intereses. No actúa por filantropía. Ucrania es de vital importancia. Si esta cae, la OTAN llegará hasta sus fronteras y no puede permitirlo. Los trabajadores ya sufrían una dura crisis cuando gobernaba Yanukóvich y no vimos a Putin preocupado por ellos en ningún momento (ni a él ni a nadie). A pesar de eso, no ha sido Rusia quien ha provocado este conflicto.

Los grandes medios venden a Rusia como el gran enemigo de Ucrania, ocultando la implicación de EEUU y la UE en la financiación de grupos nazis y el golpe de estado del actual gobierno (el cual ha suprimido, por ejemplo, la celebración del día de la Victoria sobre los nazis, acto que les describe a la perfección); así las políticas antidemocráticas del mismo (como la prohibición de programas de los canales rusos para impedir que la ciudadanía reciba información distinta a la gubernamental y obtener la hegemonía con la que controlar a la población).

El gobierno golpista ya ha pedido ayuda al FMI, cuyas políticas han fracasado desde Latinoamérica hasta África y Europa. ¿Qué legitimidad tiene este gobierno, al que nadie ha votado, para pedir ayuda al FMI, sabiendo lo que esto significa? Recordemos que los partidos que conforman este gobierno se opusieron a que los ciudadanos votasen sobre la UE en un referéndum. Ucrania podría recibir hasta 27.000 millones de dólares de “ayuda”, lo que provocará duros recortes como los que ya han fracasado en Grecia, España y Portugal, generando más y más desempleo. Se espera también una ayuda de 1.600 millones de euros de Europa, 1.000 millones de dólares de EEUU y 1.500 millones de dólares de Japón. Todo esto tendrán que devolverlo con creces los trabajadores. Ya se han tomado medidas como la subida del 50% del precio del gas a la población y, por otro lado, las instituciones públicas tendrán que despedir a 24.000 de sus 249.000 empleados y se suprimirán los complementos a las pensiones para funcionarios, jueces y militares. ¿A alguien le suena la historia?

En definitiva, Ucrania se hunde entre el fascismo, los magnates y el imperialismo (elementos siempre relacionados estrechamente) y no parece que haya una solución para aquellos que están sufriendo la crisis en sus carnes. Ojalá los ucranianos se den cuenta de lo que representan estas elecciones y encuentren una solución. Los obreros, maltratados por los grandes empresarios, ha de tomar conciencia, luchar como clase y divisar a los enemigos reales, que mediante engaños buscan únicamente enriquecerse. El fascismo ha resurgido en Ucrania y ni la UE ni la OTAN van a denunciarlo, ya que son ellos los que lo han financiado y animado para desestabilizar el país y poder crear un gobierno que les beneficie. Ojalá la clase obrera ucraniana sea capaz de echar al imperialismo y decidir libremente su futuro, no con unas elecciones en las que sólo podrá elegir entre magnates proeuropeos o prorrusos.

La excusa utilizada en varias ocasiones por el actual gobierno ucraniano y EEUU ha sido la de defender el país de la malvada Rusia. Vemos, sin embargo, que la patria no tiene nada que ver en esto, ya que el gobierno ilegítimo no ha dudado en vendérsela al FMI a la primera de cambio. No es la patria lo que buscan proteger, sino sus intereses, los de los grandes empresarios.




Toni Velasco (@avelasgar)

sábado, 22 de febrero de 2014

PILAR RAHOLA, "KÍEV, 2014". ¿DESINFORMACIÓN O MANIPULACIÓN?

En el periódico “La Vanguardia” del día 20 de febrero aparece, en la sección de opinión, una columna de la periodista Pilar Rahola, titulada “Kíev, 2014” en la cual realiza una serie de declaraciones acerca de lo que está sucediendo en Ucrania. En este artículo intentaremos hacer ver que el lenguaje utilizado por la periodista, así como la descripción (u omisión) de los hechos acaecidos en ese país, responde a los intereses de la clase dominante (aunque ella como tantos otros que hacen uso de su mismo discurso, se empeñen en afirmar que no están haciendo otra cosa que defender la soberanía del pueblo).

Primeramente os facilitamo el susodicho artículo. Podéis leerlo aquí:

A continuación paso a citar varios fragmentos del artículo y discutirlos.

"Una de las fotos muestra a una chica blandiendo una bandera, y más que una ucraniana del siglo XXI, parece una revolucionaria francesa del XVIII.”

Comparar la revolución francesa con los sucesos ucranianos es casi una aberración histórica. La revolución francesa buscaba derrocar la monarquía absoluta de Luís XVI (esa que todavía existe en países como Arabia Saudita y que parece no disgustar a nadie) y plantar las bases de una sociedad igualitaria y democrática. En cambio, en Ucrania hay unas revueltas ciudadanas legítimas aunque violentadas por la intromisión de EEUU y la falsa promesa de prosperidad de una UE imperialista que busca establecer un vínculo estratégico con Ucrania para preservar sus intereses. Tampoco debemos olvidar que estas revueltas están amparadas por grupos violentos de extrema derecha fascista que tienen como único objetivo desestabilizar al gobierno y ganar adeptos (a Pilar Rahola se le olvidó mencionar este detalle).

“...con Rusia proyectando su sombra amenazadora”

“En la geopolítica, se están reproduciendo tics de la guerra fría, con Rusia que intenta recomponer el viejo imperio y planta sus garras en los territorios que considera suyos.”

“Y así ha pasado, con la presión de Putin de boicot energético, para impedir que Ucrania viajara hacia la Unión Europea, y no hacia el camino exigido de la Unión Aduanera, la alianza que Rusia tiene con Bielorrusia y Kazajistán.”

Parece que este conflicto tiene un único enemigo de fondo: Rusia. Ojalá fuese tan sencillo. A la periodista se le olvida hablar del financiamiento de EEUU a los extremistas o de la intromisión de la UE, entre otras muchas cosas. Por supuesto tampoco habla de la derecha fascista minoritaria que ha robado armas, asesinado a varias personas, asaltado edificios gubernamentales o que pide cosas totalmente antidemocráticas como la disolución del gobierno escogido democráticamente. Eso no interesa decirlo. Los únicos malos aquí son los rusos.

En este vídeo podemos ver cómo miles de ucranianos protestan ante la embajada de EEUU para pedir que deje de financiar los disturbios en Ucrania.
http://actualidad.rt.com/video/actualidad/view/117777-ucrania-eeuu-financia-disturbios-protesta

¿Qué ocurriría si llegase a España un senador extranjero y animara al pueblo a derrocar al gobierno? ¿Sería eso intromisión? Me atrevo a decir que los medios así lo entenderían. Sin embargo, estos medios aplaudieron a John McCain cuando fue a Kiev a pedir a los manifestantes precisamente que siguieran allí hasta derrocar al gobierno.

Rusia ejerce presión para preservar sus intereses, por supuesto. Es su misión como potencia imperialista que es. Pero lo mismo hacen la UE y EEUU, aunque a Pilar sólo le interesa hablar del primero. ¿Acaso animar a los ucranianos a ser violentos y desestabilizar el país mientras, por otro lado, piden al gobierno que no reprima y manipulan sus medios para poner a la opinión pública en contra del gobierno no es ejercer presión?

“...dos futuros diferentes. Por una parte, el gobierno y una minoría de la población, convencida de que hay que estar a buenas con el vecino, tener buenos precios en energías y, sobre todo, no vivir bajo el miedo del grifo energético cerrado. De la otra, la mayoría de la población, convencida de que el modelo europeo permitiría tener un mayor control de la corrupción generalizada, una eficacia económica más segura y una democracia más creíble.”

Esta parte es una de mis favoritas. ¿Una minoría de la población sustenta el gobierno? ¿Acaso no ganó las elecciones de manera democrática? No solamente eso sino que las ganó diciendo que no se acercaría a la UE. Eso tampoco interesa decirlo.

Un estudio del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (realizado entre el 9 y el 20 de noviembre de 2013) formuló dos preguntas: la primera, acerca de si Ucrania debería unirse a la Unión Duanera de Rusia, concluyó con que el 40,8% votaría a favor y el 33,1% en contra. Los resultados de la segunda pregunta, referida a la adhesión a la UE, fueron del 39,7% a favor y el 35,1% en contra (Fuente: http://ukraineanalysis.wordpress.com/2013/11/28/what-do-ukrainians-want-2/).

¿Dónde está esa mayoría que apoya la entrada a la UE y la minoría que sustenta al gobierno, Pilar? A mí, personalmente, me cuesta divisarla. Pero bueno, inventar es gratis, aunque con ello caiga un gobierno escogido por los ciudadanos y se imponga la UE, controlada por Alemania.

De ningún modo estoy defendiendo las políticas neoliberales del gobierno que representa a la oligarquía industrial y financiera, pero resulta que las políticas que han llevado a la pobreza al pueblo ucraniano son las que el FMI ha pedido que se apliquen. Sí, igual que en España. ¿Acaso el pueblo va a salir de la pobreza generalizada que vive (25% de indigencia) por unirse a la UE? ¿Desde cuando la UE, que nos está exigiendo recortes cada vez más salvajes a los españoles y que incluso hizo que PP y PSOE cambiaran la Constitución para pagar los intereses de la deuda antes que sanidad o educación, le preocupa la democracia o el bienestar de las personas? Un ingreso en la UE significaría recortes, troika y otras cosas que, por desgracia, ya conocemos en España. Si eso es una “democracia más creíble” apaga y vámonos.

Lo de la “eficacia económica” también es genial. Como condición para ingresar en la UE, Ucrania le pidió 20.000 millones de euros para poder modernizar su industria y así ser competitiva pero esta se negó. La UE no quiere competir con Ucrania ni elevar el nivel de vida de los ucranianos. Sólo quiere sus minas de carbón, introducir sus productos en un nuevo mercado y pararle los pies a Rusia y a China. El pueblo no tiene ni voz ni voto en este conflicto. A Pilar Rahola tampoco le interesa contar esto.

“...el orgullo patrio de muchos ucranianos pasa por emanciparse completamente del dominante papá ruso...”


Antes que nada, es necesario mostrar un mapa de la división que sufre (y ha sufrido históricamente) Ucrania:

Porcentaje de hablantes ucranianos (izquierda) y rusos (derecha) por provincias (óblast)

Es posible, como dice Pilar, que haya un porcentaje de ucranianos que no quieran saber nada de Rusia. Están en su derecho, por supuesto. Pero es también cierto que en Ucrania vive gente originaria de Rusia. Obviar a una parte tan importante de la población me parece poco riguroso.

“Después ha venido el resto ya conocido: blindaje del presidente Yanukóvich, con la retórica al uso contra "los violentos" y "los fascistas" -en gramática parecida a la usada por Maduro en Venezuela-, represión policial, heridos, muertos, un gobierno que se niega a encontrar una salida, una Rusia que mantiene la presión amenazadora, unos Estados Unidos que todavía no saben qué decir y una Europa que se lo mira, refunfuña, habla y no hace nada, as usual.”

Parece que Pilar no cree que haya manifestantes violentos y fascistas (a pesar de la presencia del partido Svoboda). Habrá que mostrárselo entonces, para que en el próximo artículo que escriba sobre el tema no se le olvide.






Las dos últimas imágenes muestran el retrato de un hombre. Es ni más ni menos que Stepan Bandera, líder fascista ucraniano.

Las banderas azules con la mano amarilla en el centro que se observan en la última fotografía son el símbolo del partido Svoboda. Se trata de un partido político abiertamente fascista. Os presento a su líder, Oleh Tyahnybok:


Como vemos en la segunda imagen, John McCain no tuvo reparos en ponerse al lado de este personaje cuando se fue a Kiev (incluso cenó con él y los demás líderes de la oposición).

Dejo aquí un artículo que habla con bastante detenimiento de los símbolos fascistas que se pueden ver en las protestas ucranianas. No tiene desperdicio:
http://hablandorepublica.blogspot.com.es/2014/01/un-par-de-apuntes-sobre-las-protestas.html

En el siguiente enlace hay una buena colección de imágenes:
canarias-semanal.org/not/11960/ucrania__el_rostro_del_fascismo_del_siglo_xxi/

También añado un par de vídeos, por si queda alguna duda del carácter violento de algunos manifestantes:


En este segundo vídeo podemos ver un enfrentamiento entre manifestantes pacíficos que pedían el cese de la violencia y un grupo de neonazis.


Parece claro, pues, que evidentemente hay nazis en las protestas, aunque la periodista lo oculte. Estos son los que están violentando las revueltas, con el financiamiento de EEUU y la UE. Vemos que, aunque hay represión policial y evidentemente ha habido muertos, la violencia no procede de un único bando.

Pilar aprovecha para criticar a Maduro de refilón. De paso diré que, al igual que EEUU se mete en los asuntos de Ucrania, hace lo mismo en Venezuela, financiando a la oposición para derribar al gobierno escogido por el pueblo y quedarse con el petróleo, como hacía antes de que Chávez ganara las elecciones. Utilizan una estrategia calcada en ambos países, y gente como Pilar Rahola ponen a la opinión pública de parte de los grandes empresarios y en contra del pueblo (ya conocéis la famosa frase de Malcolm X a cerca de los medios de comunicación).

Pilar parece que pide a gritos una intervención de EEUU y la UE en Ucrania. Es interesante ver cómo el artículo plasma una visión del mundo que está arraigada a la opinión pública, fruto del bombardeo mediático que responde a un discurso único: la UE es un organismo benévolo que reparte democracia alegremente y EEUU es el juez y el verdugo del mundo entero sin que nadie ose cuestionarlo. Por lo tanto, es necesario que intervengan en cualquier conflicto que se precie y, por supuesto, cualquier gobierno que se posicione en contra de ellos, ha de ser necesariamente dictatorial o nostálgico del comunismo.

¿Qué tiene que decir EEUU de lo que pasa en Ucrania? ¿Alguien le ha preguntado? ¿Y a la UE? ¿Por qué no le preguntamos a cualquier otro país si tiene algo que decir? ¿Qué pensará Taiwan a cerca de lo que sucede? ¿Y Uruguay? ¿Y Nigeria? ¿No tienen el mismo derecho a decir u opinar nada? Pilar da a entender que EEUU tiene carta blanca para intervenir en cualquier país y hacer lo que le venga en gana. Tristemente ese discurso está tan introducido en nuestra mente que damos por hechas barbaridades como estas.

“Por eso la foto de los manifestantes de Kíev es una foto eterna. Porque luchan por causas concretas, pero en realidad las protestas incluyen las causas universales: libertad, justicia social, soberanía y un futuro mejor. Todo muy viejo. Tan viejo como los aprendices de dictador que quieren impedirlo.”

Llegados a este punto vemos que las palabras finales de la periodista ya casi carecen de sentido alguno. Claro que los manifestantes luchan por la libertad, la justicia social, la soberanía y un futuro mejor; pero, ¿acaso la UE va a proporcionarles alguna de esas cuatro cosas? Sólo hay que ver la situación en la que se encuentra Grecia, Italia o España para descubrir que no, que todo es una farsa y que hay algo más que no nos cuentan.

La guinda final es llamar “aprendiz de dictador” al presidente escogido por la vía democrática. Todo acaba cuadrando. ¡Qué bonito es llamar dictador cuando interesa! Si llaman “aprendiz de dictador” a Yanukóvich deberían describir a Rajoy con las mismas palabras. Ambos han llevado a cabo políticas de privatizaciones dictadas por el FMI sin escuchar al pueblo, ambos dirigen gobiernos profundamente corruptos, ambos han empobrecido a la clase trabajadora de sus respectivos países y ambos se niegan a tener en cuenta las voces de auxilio del pueblo, ahogado por la crisis, que ya no puede más. La diferencia entre Rajoy y Yanukóvich es que el primero está a las órdenes de Merkel y EEUU y el segundo no.

Por desgracia, este artículo y su visión distorsionada de la realidad no es un caso aislado. Columnas y escritos de este tipo son bastante habituales tanto en este como en otros medios de "información". A esto hay que añadir que algunos de estos periódicos son gratuitos (cada día hay decenas de ejemplares de La Vanguardia en los trenes de la provincia de Barcelona). ¿Cómo no va a estar manipulada la opinión pública, visto lo visto?

La salida más digna para el pueblo ucraniano pasa, como ya he dicho en otros textos, por darse cuenta de que son mayoría y de que deben luchar conjuntamente por sus derechos. Han de echar al imperialismo y al fascismo y decidir por ellos mismos, celebrando un referéndum para decidir si deben entrar o no a la UE o lo que crean más oportuno. Si hicieran eso, sin embargo, es probable que periodistas como Pilar Rahola no estuviesen de acuerdo, porque ni la UE ni EEUU tampoco lo estarían.



Toni Velasco (@avelasgar)

miércoles, 29 de enero de 2014

SI UCRANIA FUESE ESPAÑA

Las revueltas en Ucrania, que empezaron la noche del 21 de noviembre cuando el presidente Viktor Yanukóvich se negó a firmar el tratado de asociación y de libre comercio con la UE, continúan. Todos hemos podido ver imágenes y vídeos de esta supuesta revolución del pueblo en los medios de comunicación. Sin embargo, y como de costumbre, estos grandes medios nos están explicando dichos sucesos de una manera muy particular.

Basándonos en esta premisa, pretendo hacer aquí un ejercicio que consiste en trasladar el lenguaje utilizado por los medios en Ucrania a nuestro país. Al fin y al cabo, una protesta es una protesta aquí, en Ucrania, en Seúl o en cualquier otra parte del mundo ¿no? ¿Cambia el lenguaje utilizado por la prensa y la televisión dependiendo del lugar donde se suceda una revuelta “popular”? Si es así ¿A qué se debe?

Comenzamos comparando artículos y portadas de periódicos españoles en los cuales se habla, por un lado, de protestas sucedidas en España y por el otro, de las acaecidas en Ucrania. Se observa que el lenguaje es casi totalmente opuesto.


En la imagen de la izquierda hablan de la dura represión policial y de 5 muertos cuando estos ni siquiera habían sido confirmados. Por otra parte, en la imagen de la derecha (manifestación pacífica del 15M en la Puerta del Sol) se decía que los manifestantes estaban atentando contra “la integridad estatal”.

Parece que los malos en la portada de la derecha son los policías y el gobierno de Ucrania y en la de la izquierda el malo es el pueblo. Es necesario decir que el gobierno de Ucrania no es ningún santo, pero lo que demuestra esta simple comparativa de portadas es que parece que para el ABC ciertas movilizaciones están justificadas (la de Ucrania en este caso) y otras no (la del 15M).


El periódico El Mundo no se queda atrás. No se corta al tildar de “atentados” los sucesos de Gamonal y hablar de “violencia contra la democracia” mientras defiende que hay que esperar a las elecciones.

Por otro lado, su lenguaje es totalmente distinto al hablar de Kiev. Se refiere a los manifestantes como “población aterrorizada que no renuncia a luchar por sus derechos”.

Vuelve a parecer que hay ciertas revueltas que son aceptadas y otras que no lo son, en este caso para el periódico El Mundo. ¿Acaso no luchaban por sus derechos los vecinos de Gamonal? El lenguaje es totalmente distinto entre una y otra protesta.

Pero no acaba aquí la cosa, hay mucho más. Si hipotéticamente en España estuviese sucediendo lo mismo que en Ucrania, ¿Cómo serían descritas estas protestas? Sería algo así:

Si Ucrania fuese España, los medios no hablarían de “gobierno español” sino de “régimen”.

Si Ucrania fuese España, los ciudadanos que protestan no serían “radicales y violentos” sino que pasarían a ser “manifestantes y activistas”, conformando “movilizaciones ciudadanas”.


Si Ucrania fuese España, la Ley de seguridad ciudadana sería una “Ley dictatorial”.

Si Ucrania fuese España, tanto la UE como EEUU apoyarían las protestas, los manifestantes  tendrían legitimidad para pedir la dimisión de un gobierno escogido democráticamente y los medios jamás hablarían de “radicales”, “violencia” o de “extrema izquierda antidemocrática”.

Si Ucrania fuese España, los medios alabarían la intromisión de líderes de países extranjeros que portan comida a los manifestantes y les alientan a seguir resistiendo para derrocar al gobierno. ¿Os imagináis que durante el 15M hubiesen venido altos cargos de otros países a animar a los manifestantes a derrocar al gobierno español? ¿Qué hubiesen dicho los medios de comunicación?

Si Ucrania fuese España, los medios no se escandalizarían al ver a los manifestantes construir barricadas, montar una catapulta, incendiar vehículos y asaltar con armas edificios del gobierno.



Si Ucrania fuese España, la UE y EEUU condenarían la violencia policial, calificándola de “antidemocrática”.

Si Ucrania fuese España, el sector democrático sería la oposición y el sector antidemocrático el gobierno.

Si Ucrania fuese España, los medios no se escandalizarían ante el secuestro de policías por parte de manifestantes (incluso se habla de torturas).

Si Ucrania fuese España, los manifestantes estarían financiados por el Gobierno estadounidense.

Si Ucrania fuese España, los medios ocultarían que uno de los partidos que está detrás de las protestas es nazi (Svoboda).

Si Ucrania fuese España, los medios no encontrarían extraño que los manifestantes, tras haber tomado el Ayuntamiento de la capital, expusieran en él la fotografía de un colaboracionista nazi.

El Ayuntamiento de Kiev, con banderas del partido fascista Svoboda y el retrato del colaboracionista nazi Stepan Bandera.

Si Ucrania fuese España, los medios no tardarían en hablar de “Revolución”, obviando la violencia de radicales de ultraderecha e incluso ocultando la simbología nazi que puede verse en las protestas.


Parece que está claro que los grandes medios de comunicación españoles adoptan uno u otro lenguaje dependiendo de las protestas y de donde se sucedan. Para comprender la razón de este fenómeno es necesario tener claro que estos medios tienen dueños que, en el caso ucraniano, se verían favorecidos si el gobierno actual cayera. ¿Por qué sino iban a apoyar a los manifestantes, algunos de los cuales se declaran abiertamente nazis? ¿Por qué no apoyaron, sin embargo, al 15M o a los vecinos de Gamonal? El lector se dará cuenta de que dichas revueltas por el contrario, no beneficiaban a los dueños de los medios, ya que iban en contra del sistema establecido, ese sistema que beneficia a las élites económicas, que a su vez incluyen a los mencionados dueños de los medios (recordemos, a modo de ejemplo, que la empresa beneficiada de las obras que iban a realizarse en Gamonal era el dueño del periódico más leído de Burgos).


Algunos manifestantes portan simbología nazi.

Los dueños de los grandes medios de comunicación son grupos económicos que suelen realizar inversiones en otros sectores (incluso el bancario) y controlar a la opinión pública mediante dichos medios les favorece ampliamente a la hora de justificar y preservar sus negocios. Además, dichas empresas también se ven beneficiadas por las permisivas y poco rigurosas políticas fiscales de ciertos gobiernos (por ejemplo la amnistía fiscal para grandes defraudadores que realizó el PP). Por lo tanto, la gente que controla los medios tiene unos intereses específicos y luchará con todas sus fuerzas (que no son pocas) para defenderlos. De hecho, si estos grandes grupos adquieren medios de comunicación, no lo hacen por filantropía, sino para proteger sus propios negocios. Mediante la manipulación intentan convencer al pueblo de que sus intereses son los mejores para todos. ¿Cuántas veces hemos oído a Rajoy decir que “no tenía otra opción”, refiriéndose a los recortes que ha llevado a cabo a lo largo de su mandato? ¿Realmente no tenía otra salida? ¿O es que las demás iban en contra de sus intereses? Pasa exactamente lo mismo con los medios de comunicación.

Por otro lado, el bombardeo televisivo de un conflicto determinado influye notablemente en la población a la hora de crear una opinión en ella. Actualmente hay decenas de conflictos en todo el mundo, pero sin embargo parece que sólo existe el ucraniano. ¿Por qué esa necesidad de emitir día tras día lo que está sucediendo en Ucrania? Esto se debe a que las grandes potencias imperialistas (EEUU, UE, Rusia, China) tienen un especial interés en este determinado país y necesitan imponer su visión y sus intereses a la población utilizando los medios que controlan y así generar presión. De este modo tergiversan lo que allí está sucediendo, tildando de dictatorial al gobierno y de héroes a los manifestantes. No es poca la gente que se dice de izquierdas que está apoyando estas revueltas a ciegas, cuando es algo mucho más complejo de lo que nos muestran los medios.


Esto no significa, que quede claro, que el gobierno actual, aunque escogido democráticamente, no esté adoptando medidas neoliberales que van en contra de los intereses de la mayor parte de los ucranianos. De hecho, la mayoría de manifestantes han salido a la calle para mostrar su disconformidad con el gobierno y la corrupción. El problema es que EEUU y la UE están utilizando la protesta del pueblo ucraniano, el cual es cada vez más pobre debido a la crisis económica, para conseguir sus propósitos. Poco le importa a la UE o a EEUU la situación de miseria que viven los ucranianos, ellos quieren privatizar las minas de carbón del país, imponer el neoliberalismo en la zona y complicarle la vida a Rusia y a China.

Se estima que 1 de cada 8 ucranianos vive en la extrema pobreza y que más del 25% de los habitantes de Ucrania es indigente. Además, el precio de la luz ha subido notablemente estos últimos años y por si fuera poco se han privatizado sectores estratégicos en favor de grandes multinacionales extranjeras. La extrema derecha, a su vez, aunque es minoritaria, también se aprovecha de esta situación para desestabilizar al gobierno y ganar adeptos. No han dudado en achacar los males que pasa el país, entre otros, al comunismo, llegando a prohibir al Partido Comunista de Ucrania en 2 regiones (partido que recogió más de 3,5 millones de firmas para hacer un referéndum para que el pueblo decidiera acercarse o no a la UE).


Esta situación de crisis y pobreza creciente ha hecho reaccionar a la oposición, que junto a altos dirigentes de la UE prometen al pueblo que alejándose de Rusia y uniéndose a la comunidad europea su situación mejorará. En nuestro país, sin embargo, estamos viendo que la UE no tiene futuro si continúa tal y como la conocemos. No obstante, una parte de la población ucraniana se ha creído estos cantos de sirena y tiene fe en una UE llena de oportunidades que les hará salir de su situación de precariedad.

Como vemos, en Ucrania existen, desde hace ya muchos años, un cúmulo de intereses cruzados entre las diversas superpotencias imperialistas mundiales por controlar económica y geopolíticamente la zona. Ni al gobierno ucraniano ni a las potencias occidentales que se están entrometiendo en los conflictos internos del país les importa lo más mínimo la situación del pueblo. Nadie sabe si esto puede desencadenar una guerra civil en el país, si el gobierno actual dimitirá o Dios sabe qué.

Ucrania no es España, ha quedado claro. Ambos países, sin embargo, tienen cosas en común: ambos pueblos están siendo manipulados burdamente (por los medios el español y el ucraniano por la oposición, la UE, EEUU e incluso Rusia), se encuentran sometidos a un gobierno corrupto y, además, están sufriendo una severa crisis que no han provocado.

El caso de Ucrania es sólo uno de los muchos ejemplos de manipulación mediática que podríamos encontrar. Otro ejemplo lo encontramos en Venezuela. ¿Acaso es una coincidencia que los medios tachen de dictador ahora a Maduro y antes a Chávez cuando ambos han sido escogidos democráticamente y nunca hayan denunciado a países realmente dictatoriales (monarquías absolutas) como Catar o Arabia Saudí (los tres países petroleros)? ¿No será que los intereses de estos grupos económicos están asegurados en Catar y Arabia Saudí pero no en Venezuela? Los medios han conseguido poner a la opinión pública de su parte y en contra de un gobierno legítimo y que está mejorando la vida de los venezolanos (aunque, por supuesto, hay cosas mejorables). Ahora intentan hacer lo mismo en Ucrania.

Este ejemplo muestra el gran poder que tienen los medios (mucho más del que la gente suele pensar) y el peligro que supone que la gente crea ciegamente lo que le dice la televisión o el periódico. Hasta que el pueblo no comprenda que a los medios los manejan personas con intereses contrarios a él, seguiremos sometidos y seremos incapaces de localizar y luchar unidos contra nuestro verdadero enemigo de clase.




Antonio Velasco (@avelasgar)

sábado, 28 de diciembre de 2013

¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO EN UCRANIA?

Hace ya varias semanas que los medios de comunicación nos hablan de una situación de inestabilidad política y social y posible revolución popular en Ucrania. El pueblo ucraniano se ha echado a la calle para pedir un mayor acercamiento de su gobierno a la UE o que dimita, cuentan los medios, los cuales no dudan en culpar a Rusia y la Unión Aduanera de gran parte del conflicto que está sacudiendo a Ucrania.

Pero, ¿es la versión de estos medios de comunicación fiel a la realidad o nos están intentando manipular de nuevo, como ya sucedió con la Revolución Naranja en 2004? Para poder comprender lo que está sucediendo realmente en Ucrania debemos empezar por analizar la situación del país.

Lo primero que debemos entender es que Ucrania es un país dividido económica y socialmente. Se trata del país de Europa con la desigualdad entre regiones más elevada (en términos de PIB per cápita). Tenemos, por un lado, las regiones este y sur. Se trata de la zona más rica de Ucrania, donde los salarios son más altos (de media) y se concentran las grandes empresas del país (8 de 14; las demás se sitúan en la capital, Kiev).

Por otro lado tenemos la mitad central y oeste de Ucrania. Se trata de la región más pobre, con salarios más bajos y el paro más elevado. Es la zona agrícola del país. Se estima que 3 de las 4 provincias con una mayor población bajo el límite de la pobreza se encuentran en esta mitad del país.

Mapa 1. División regional usada por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev

Además de esta división económica existe otra social. Esta diferencia podemos verla primeramente si nos fijamos en la lengua que se habla en el país. El 50% de los ucranianos considera que su lengua materna es el ucraniano; el 30% considera que es el ruso y el 20% restante cree que lo son ambas. Si vemos cómo se distribuye la población observamos que en las regiones central y oeste (las más pobres) se aglutina un alto porcentaje de hablantes ucranianos y muy pocos hablantes rusos. En las regiones del este y el sur tenemos una proporciones de hablantes rusos y ucranianos más similares y zonas donde los hablantes ucranianos son minoría (Mapa 2).

Mapa 2. Porcentaje de hablantes ucranianos (izquierda) y rusos (derecha) por provincias (óblast)

Por lo tanto tenemos por un lado unas regiones más ricas e industrializadas cercanas a Rusia cuyos habitantes hablan el ruso y el ucraniano y otras regiones pobres y agrícolas más cercanas a Polonia y a Europa cuyos habitantes hablan el ucraniano casi exclusivamente.

Una vez analizada mínimamente la situación de Ucrania nos vemos obligados a contestar la siguiente pregunta: ¿Es cierto que la mayoría del pueblo ucraniano quiere un mayor acercamiento a la UE?

Esta pregunta puede contestarse con el simple hecho de que el presidente actual, Viktor Yanukóvitx, ganó las ultimas elecciones generales con un programa electoral que, entre otras cosas, decía que no quería ni iba a adentrarse en la Unión Europea. Cambiar de posición y firmar el Acuerdo de Asociación con la UE sería contradecir su programa electoral y traicionar a sus votantes. El presidente se convertiría en algo así como un Rajoy ucraniano.

Entonces ¿Quién quiere que Ucrania entre o se acerque comercialmente a la UE?

El Instituto Internacional de Sociología de Kiev realizó una encuesta con dos preguntas. La primera decía: “Si se realizara un referéndum para decidir si Ucrania se tiene que unir a la Unión Aduanera, votarías a favor o en contra?”. Ante esta pregunta, un 40,8% de los ucranianos encuestados votaría a favor y un 33,1% en contra.

Si dividimos estos resultados en las 4 regiones que hemos descrito anteriormente, obtenemos que votarían a favor de entrar en la Unión Aduanera el 64,5% de los entrevistados pertenecientes a la región este, el 54% del sur, el 29,6% del centro y el 16,4% del oeste.

Se hizo la misma pregunta pero esta vez referida a la Unión Europea. El 39,7% de los encuestados votaría a favor y el 35,1% en contra.

Esta vez, votarían a favor el 18,4% del este y del sur, el 43,4% del centro y el 66,4% del oeste.

Como vemos, en Ucrania existe una clara división tanto en lo cultural, económico y social como en lo político. La mayoría de la población que pertenece a la región más rica de Ucrania no quiere acercarse a la UE. No existe esa mayoría que quiere una Ucrania dentro de la UE que los medios nos venden. De hecho el porcentaje de entrevistados que votaría a favor de la Unión Aduanera es superior al que votaría a favor de la UE.

Pero entonces ¿Por qué nos hablan de una mayoría pro UE? ¿Quién está detrás de las protestas que hemos podido ver en televisión? (recordemos que incluso arrancaron una estatua de Lenin en Kiev)

Aquí entramos en un escenario si cabe más complejo. Ucrania, como república ex soviética, tiene un pasado ligado a la actual Rusia. Este pasado se materializa en minorías étnicas de habla rusa, regiones industrializadas por la URSS, costumbres, etc. Por otro lado, tenemos la situación de crisis que pasa el país, donde hay mucha gente descontenta con el actual gobierno y la corrupción. También hay grupos nacionalistas que creen que el gobierno ha de endurecer sus políticas y quieren aprovechar estos momentos de inestabilidad. Encontramos también intereses de EEUU y la UE por la situación geoestratégica de Ucrania así como sus grandes cantidades de materias primas baratas (hierro y acero, cereales, aceites vegetales y animales, etc). También Rusia quiere acercarse más a Ucrania con la Unión Aduanera. Ucrania se encuentra en una encrucijada: acercarse a Rusia o a la UE. Pero ¿qué acuerdo le sería más beneficioso?

Es importante subrayar que Ucrania goza actualmente de un trato de favor con Rusia, la cual le suministra gas barato. Además, el pasado 17 de diciembre ambos países firmaron un acuerdo por el que Rusia reduce más el precio del gas a Ucrania, con lo que este país ahorraría 20.000 millones de euros más y además recibirán 15.000 millones de dólares en bonos para evitar la bancarrota y el colapso económico del país, ocasionado por la crisis.

Los gobernantes y expertos ucranianos han creído que un acuerdo con la UE no sería provechoso para el país ya que sus empresas, más antiguas y con una menor productividad, no pueden competir con las de la UE y este hecho afectaría aún más a su balanza exterior (la cual ya es muy deficitaria, aunque gracias a la ayuda de Rusia va a poder reducirla notablemente). Ucrania pidió a la UE 20.000 millones de euros de ayuda financiera para modernizarse y así poder ser más competitiva pero la UE se negó. Además, si Ucrania entrara en la UE, probablemente la Troika impondría políticas de recortes y perdería sus privilegios con Rusia además de, como ya hemos dicho, contradecir su programa electoral el presidente actual. Todos estos elementos serían realmente perjudiciales para un país como Ucrania, ya en crisis.

Los 45 millones de habitantes de Ucrania y sus grandes reservas de materias primas son los elementos que la UE busca para expandir y abrir su mercado, con la esperanza de someter a más países y poder volver a crecer (aunque sea durante un tiempo limitado y con un coste altísimo para Ucrania).

Pero si entrar en la UE no es beneficioso para Ucrania, sino todo lo contrario, ¿porqué hay tantos miles de personas manifestándose para entrar?

Aquí entran en juego las falsas promesas de la UE y EEUU (recordemos que se pudo ver en las protestas de Kiev al senador Republicano a favor de la guerra en Siria John McCain), el descontento de parte de la ciudadanía por la situación de crisis que pasa el país y también radicales de ultraderecha. Sectores contrarios al gobierno quieren hacer creer al pueblo que entrar en la UE es la solución a todos sus problemas, cuando esto traería únicamente más pobreza.

John McCain junto al líder del partido UDAR (centro-derecha) Vitali Klitschko

La negativa a última hora del gobierno ucraniano a firmar el Acuerdo de Asociación con la UE ha sido la chispa que ha hecho saltar a la oposición para intentar cambiar el gobierno vigente. A pesar de esto, no todos los manifestantes que hemos visto en televisión son pro UE, aunque los medios quieran meterlos a todos en el mismo saco. Esta oposición quiere aprovechar las revueltas para llegar al poder y vender el país a la UE, aunque esto signifique generar una pobreza aún mayor para el pueblo. Otros, cuya ideología roza el fascismo, intentan presionar al gobierno manifestándose violentamente con el apoyo de EEUU y la UE.

Además, el gobierno ucraniano presidido por Yanukóvich ha firmado acuerdos con China que generarían 8.000 millones de dólares de inversión relacionados con la energía, infraestructuras y el sector aéreo. Este acuerdo supone un alejamiento con respecto a la UE y EEUU en favor del gigante asiático.

Podemos ver que lo que está sucediendo en Ucrania es algo más complejo que unas simples manifestaciones a favor de entrar en la UE por parte de la población. Las grandes potencias imperialistas mundiales tienen los ojos puestos en Ucrania, pieza geoestratégica clave que puede marcar el desarrollo de las potencias mundiales en los próximos años. Incluso EEUU ha amenazado con sanciones a Ucrania si esta no firma los Acuerdos de Asociación con la UE.

Es importante, a modo de conclusión, decir que los partidos opositores al gobierno actual se han negado a celebrar un referéndum sobre el tema. El único partido que está a favor es el Partido Comunista de Ucrania, el cual ha recogido ya más de 3,5 millones de firmas para que este referéndum se celebre. Es el único partido que quiere preguntarle al pueblo y dejarle decidir su futuro libremente. Eso sí, su líder, Piotr Simonenenko ha recalcado la importancia de que el pueblo vote su futuro pero con un gran conocimiento de lo que se está decidiendo actualmente en su país para evitar manipulaciones como las que se están llevando a cabo hasta la fecha por parte de la oposición.


Ucrania es un país contradictorio y dividido en dos que se encuentra sumido en una crisis de la cual le costará salir sin pagar un coste elevado. A pesar de esto, todo indica que si Ucrania se deja arrastrar por EEUU y opta por acercarse a la UE las cosas irán a peor para el pueblo, que, al final, es el que siempre acaba pagando la peor parte.



Toni Velasco