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domingo, 11 de mayo de 2014

LOS MAGNATES UCRANIANOS Y LA DEMOCRACIA


Son ya muchos meses de conflicto ucraniano y no parece que el desenlace final esté cerca. Mientras grupos fieles al gobierno golpista de Kiev (en muchos casos radicales nazi-fascistas) intentan liquidar cualquier atisbo de oposición en el este del país (que se ha cobrado ya decenas de vidas), el nuevo gobierno autoproclamado pide ayuda al FMI, lo que se traducirá en salvajes recortes y subidas de impuestos.

Tres batallas distintas se están dando en el país en la actualidad. La primera, en el este, brutal y descarnada, donde los grupos Sector Derecho y Svoboda, financiados por EEUU y la OTAN, son responsables de la matanza producida en Odessa y otras ciudades. Los medios afines, por su parte, contribuyen a esta masacre ocultando a los culpables. La segunda, más sutil y cuyos efectos se verán más a medio y largo plazo, es la batalla entre los oligarcas por el control de los recursos naturales e industrias ucranianas. Existe, sin embargo, una tercera batalla. Es la que se libra entre la OTAN y Rusia, donde Ucrania no es más que una pieza geoestratégica clave.

Los grandes medios españoles atribuyen la catástrofe de Odesa a un choque de fuerzas y se oculta a los culpables

Un punto de inflexión serán las próximas elecciones en Ucrania, que han de celebrarse el 25 de mayo. ¿Quién se presenta a dichas elecciones?

Los candidatos más importantes son Petro Poroshenko y Yulia Timoshenko.

Petro Poroshenko es un magnate ucraniano independiente que, según la revista Forbes, posee unos 1.300 millones de dólares. Entre 2007 y 2012 estuvo al frente del consejo del Banco Nacional de Ucrania. Es el favorito de las encuestas (roza la mayoría absoluta) y dice ser contrario a que Ucrania ingrese en la OTAN por ahora. Fue uno de los líderes visibles del Maidán, apoya al nuevo gobierno y exporta muchos de sus productos al mercado europeo.

Timoshenko es conocida actualmente por su odio a los rusos (a pesar de sus contactos con Moscú en el pasado, en relación a sus negocios privados). Gracias a su buena relación con el antiguo presidente Lazarenko (que, según se sospecha, robó unos 200 millones de dólares y fue detenido en EEUU y condenado por blanqueo de dinero, fraude y extorsión), se enriqueció enormemente mediante la empresa relacionada con el gas que tenía en propiedad junto a su marido. Posteriormente se pasaría a la política, siendo viceprimera ministra y encargada de la Energía en 1999. Fue destituida en 2001 por el presidente Kuchma, debido a asuntos relacionados con su empresa, tras la detención de su marido.

En 2004 estalla la Revolución Naranja y Timoshenko sería una de sus protagonistas. Esta “revolución” traería al poder a Víktor Yúshchenko, del partido “Nuestra Ucrania”, de toque liberal, proeuropeísta y de derechas. Timoshenko sería primera ministra pero ciertas medidas, como la de imponer por decreto la eliminación de las deudas de su empresa con el Estado, forzaron de nuevo su destitución.

Según The Independent, un bufete inglés reveló que Timoshenko y su marido habían tenido decenas de cuentas corrientes en bancos europeos. Además, en 2011, sería condenada a siete años de cárcel por abuso de autoridad. Una carrera brillante.

Tras la “revolución” del Maidán, el gobierno autoproclamado la sacó de la cárcel (estuvo 2 años y medio). Timoshenko fue recibida como una estrella en el Congreso del Partido Popular Europeo.

Cospedal saluda a Timoshenko en el Congreso del PPE

Para mostrar el talante democrático de esta señora basta con citarla brevemente. En una ocasión dijo: "Hay que tomar las armas y matar a los malditos rusos", en referencia a los rusohablantes que habitan el este del país. Una aberración, sin duda. No obstante, la segunda cita es de un nivel democrático similar. En una rueda de prensa, dijo: “Si el país elige a otro presidente, creo que tenemos que ir a la tercera ronda de la revolución”. Se trata, ya de entrada, de un sinsentido: ¿Cómo una de las personas más ricas del país y con su historial podría liderar una revolución que se dijese popular, justo después de unas elecciones?

El Partido de las Regiones (del depuesto Yanukóvich) también se presenta a las elecciones, a pesar de que cuenta con un apoyo escaso. Su candidato es Mijailo Dobkin. Este partido fue financiado por grandes magnates como Akhmetov (hombre más rico de Ucrania con intereses en la industria, banca y medios de comunicación). Se trata de un partido contrario a la OTAN que aglutina a diferentes grupos políticos con ideologías divergentes y defensor de la amistad con Rusia. Hay que decir que bajo el gobierno de Yanukóvich ya se impusieron medidas del FMI que desembocaron en una tasa de indigencia del 25% y a que 1 de cada 8 ucranianos viva en la extrema pobreza, entre otros escalofriantes resultados.

Los demás partidos que se presentan no tienen, según las encuestas, opciones para ganar. Podríamos destacar a los fascistas Svoboda y Sector Derecho, responsables de decenas de muertes en el este de Ucrania pero también en Kiev, donde se demostró que los francotiradores que asesinaron manifestantes en Maidán no fueron puestos por Yanukóvich, sino por ellos. Por si fuera poco, se agrede, amenaza y asesina a la oposición, como ya denunció la dirigente del Partido Socialista Progresista de Ucrania, Natalia Vitrenko, a la que nadie ha hecho el menor caso. Parece que no hay intención alguna de prohibir a estos grupos nazi-fascistas. Sin embargo, el Partido Comunista de Ucrania, que impulsó con 3,5 millones de firmas un referéndum ciudadano para votar acercarse o no a la UE, ha sido expulsado del Parlamento (y, a este paso, ya veremos si les dejan presentarse a las elecciones).

Oleh Tyahnybok (Svoboda) junto a McCain en Kiev y haciendo el saludo nazi.

¿Qué tienen en común estos partidos políticos? Pues que todos parecen responder a los intereses de los grandes empresarios ucranianos (proeuropeos o prorrusos). O bien han estado financiados por ellos o los encabezan directamente. Ninguno busca proteger los intereses de los trabajadores, que sufren una crisis brutal desde hace años.

El propio gobierno autoproclamado, que los medios venden como legítimo y surgido de una revolución popular, es un mísero títere de EEUU. Una conversación filtrada entre Victoria Nuland (responsable del Departamento de Estado para asuntos europeos de EEUU) y el embajador de EEUU en Ucrania que decía que había que poner en el poder a Arseny Yatseniuk (actual primer ministro de Ucrania, del partido conservador “Patria”) es una muestra de ello. Ni a EEUU ni a nadie le importan los trabajadores ucranianos, sólo quieren Ucrania para sus intereses: arrinconar a Rusia, obtener materias primas y un nuevo mercado donde llevar sus productos. Esta es la tercera batalla (geoestratégica e imperialista) que he nombrado anteriormente.

Arseny Yatseniuk haciendo el saludo nazi

¿Qué se juegan los ucranianos en las elecciones del 25 de mayo?

Tristemente, decidir a qué oligarca entregan el país en bandeja. Ya hemos visto a los candidatos con posibilidades de ser escogidos, todos grandes empresarios y, por consiguiente, con intereses de clase contrapuestos a los de la clase obrera. Estas elecciones son un fraude, donde ambos partidos responden a los intereses del capital. La comunidad internacional reconoce estas elecciones como legítimas, pero no los referéndums que se han celebrado en Donetsk o Lugansk, donde el ejército de Kiev ha disparado y asesinado a civiles. ¿Por qué se reconocen unas elecciones y otras no? Porque con las primeras salen beneficiados y con las segundas no.

Por otro lado está Rusia, que ha denunciado la ilegalidad del gobierno de Kiev. Aunque esta acción sea razonable, no hay que olvidar que Putin no es precisamente el mayor defensor de los DDHH y que, como ya he dicho, combate contra la OTAN, no por el bienestar de los ucranianos. Tiene sus intereses. No actúa por filantropía. Ucrania es de vital importancia. Si esta cae, la OTAN llegará hasta sus fronteras y no puede permitirlo. Los trabajadores ya sufrían una dura crisis cuando gobernaba Yanukóvich y no vimos a Putin preocupado por ellos en ningún momento (ni a él ni a nadie). A pesar de eso, no ha sido Rusia quien ha provocado este conflicto.

Los grandes medios venden a Rusia como el gran enemigo de Ucrania, ocultando la implicación de EEUU y la UE en la financiación de grupos nazis y el golpe de estado del actual gobierno (el cual ha suprimido, por ejemplo, la celebración del día de la Victoria sobre los nazis, acto que les describe a la perfección); así las políticas antidemocráticas del mismo (como la prohibición de programas de los canales rusos para impedir que la ciudadanía reciba información distinta a la gubernamental y obtener la hegemonía con la que controlar a la población).

El gobierno golpista ya ha pedido ayuda al FMI, cuyas políticas han fracasado desde Latinoamérica hasta África y Europa. ¿Qué legitimidad tiene este gobierno, al que nadie ha votado, para pedir ayuda al FMI, sabiendo lo que esto significa? Recordemos que los partidos que conforman este gobierno se opusieron a que los ciudadanos votasen sobre la UE en un referéndum. Ucrania podría recibir hasta 27.000 millones de dólares de “ayuda”, lo que provocará duros recortes como los que ya han fracasado en Grecia, España y Portugal, generando más y más desempleo. Se espera también una ayuda de 1.600 millones de euros de Europa, 1.000 millones de dólares de EEUU y 1.500 millones de dólares de Japón. Todo esto tendrán que devolverlo con creces los trabajadores. Ya se han tomado medidas como la subida del 50% del precio del gas a la población y, por otro lado, las instituciones públicas tendrán que despedir a 24.000 de sus 249.000 empleados y se suprimirán los complementos a las pensiones para funcionarios, jueces y militares. ¿A alguien le suena la historia?

En definitiva, Ucrania se hunde entre el fascismo, los magnates y el imperialismo (elementos siempre relacionados estrechamente) y no parece que haya una solución para aquellos que están sufriendo la crisis en sus carnes. Ojalá los ucranianos se den cuenta de lo que representan estas elecciones y encuentren una solución. Los obreros, maltratados por los grandes empresarios, ha de tomar conciencia, luchar como clase y divisar a los enemigos reales, que mediante engaños buscan únicamente enriquecerse. El fascismo ha resurgido en Ucrania y ni la UE ni la OTAN van a denunciarlo, ya que son ellos los que lo han financiado y animado para desestabilizar el país y poder crear un gobierno que les beneficie. Ojalá la clase obrera ucraniana sea capaz de echar al imperialismo y decidir libremente su futuro, no con unas elecciones en las que sólo podrá elegir entre magnates proeuropeos o prorrusos.

La excusa utilizada en varias ocasiones por el actual gobierno ucraniano y EEUU ha sido la de defender el país de la malvada Rusia. Vemos, sin embargo, que la patria no tiene nada que ver en esto, ya que el gobierno ilegítimo no ha dudado en vendérsela al FMI a la primera de cambio. No es la patria lo que buscan proteger, sino sus intereses, los de los grandes empresarios.




Toni Velasco (@avelasgar)

miércoles, 29 de enero de 2014

SI UCRANIA FUESE ESPAÑA

Las revueltas en Ucrania, que empezaron la noche del 21 de noviembre cuando el presidente Viktor Yanukóvich se negó a firmar el tratado de asociación y de libre comercio con la UE, continúan. Todos hemos podido ver imágenes y vídeos de esta supuesta revolución del pueblo en los medios de comunicación. Sin embargo, y como de costumbre, estos grandes medios nos están explicando dichos sucesos de una manera muy particular.

Basándonos en esta premisa, pretendo hacer aquí un ejercicio que consiste en trasladar el lenguaje utilizado por los medios en Ucrania a nuestro país. Al fin y al cabo, una protesta es una protesta aquí, en Ucrania, en Seúl o en cualquier otra parte del mundo ¿no? ¿Cambia el lenguaje utilizado por la prensa y la televisión dependiendo del lugar donde se suceda una revuelta “popular”? Si es así ¿A qué se debe?

Comenzamos comparando artículos y portadas de periódicos españoles en los cuales se habla, por un lado, de protestas sucedidas en España y por el otro, de las acaecidas en Ucrania. Se observa que el lenguaje es casi totalmente opuesto.


En la imagen de la izquierda hablan de la dura represión policial y de 5 muertos cuando estos ni siquiera habían sido confirmados. Por otra parte, en la imagen de la derecha (manifestación pacífica del 15M en la Puerta del Sol) se decía que los manifestantes estaban atentando contra “la integridad estatal”.

Parece que los malos en la portada de la derecha son los policías y el gobierno de Ucrania y en la de la izquierda el malo es el pueblo. Es necesario decir que el gobierno de Ucrania no es ningún santo, pero lo que demuestra esta simple comparativa de portadas es que parece que para el ABC ciertas movilizaciones están justificadas (la de Ucrania en este caso) y otras no (la del 15M).


El periódico El Mundo no se queda atrás. No se corta al tildar de “atentados” los sucesos de Gamonal y hablar de “violencia contra la democracia” mientras defiende que hay que esperar a las elecciones.

Por otro lado, su lenguaje es totalmente distinto al hablar de Kiev. Se refiere a los manifestantes como “población aterrorizada que no renuncia a luchar por sus derechos”.

Vuelve a parecer que hay ciertas revueltas que son aceptadas y otras que no lo son, en este caso para el periódico El Mundo. ¿Acaso no luchaban por sus derechos los vecinos de Gamonal? El lenguaje es totalmente distinto entre una y otra protesta.

Pero no acaba aquí la cosa, hay mucho más. Si hipotéticamente en España estuviese sucediendo lo mismo que en Ucrania, ¿Cómo serían descritas estas protestas? Sería algo así:

Si Ucrania fuese España, los medios no hablarían de “gobierno español” sino de “régimen”.

Si Ucrania fuese España, los ciudadanos que protestan no serían “radicales y violentos” sino que pasarían a ser “manifestantes y activistas”, conformando “movilizaciones ciudadanas”.


Si Ucrania fuese España, la Ley de seguridad ciudadana sería una “Ley dictatorial”.

Si Ucrania fuese España, tanto la UE como EEUU apoyarían las protestas, los manifestantes  tendrían legitimidad para pedir la dimisión de un gobierno escogido democráticamente y los medios jamás hablarían de “radicales”, “violencia” o de “extrema izquierda antidemocrática”.

Si Ucrania fuese España, los medios alabarían la intromisión de líderes de países extranjeros que portan comida a los manifestantes y les alientan a seguir resistiendo para derrocar al gobierno. ¿Os imagináis que durante el 15M hubiesen venido altos cargos de otros países a animar a los manifestantes a derrocar al gobierno español? ¿Qué hubiesen dicho los medios de comunicación?

Si Ucrania fuese España, los medios no se escandalizarían al ver a los manifestantes construir barricadas, montar una catapulta, incendiar vehículos y asaltar con armas edificios del gobierno.



Si Ucrania fuese España, la UE y EEUU condenarían la violencia policial, calificándola de “antidemocrática”.

Si Ucrania fuese España, el sector democrático sería la oposición y el sector antidemocrático el gobierno.

Si Ucrania fuese España, los medios no se escandalizarían ante el secuestro de policías por parte de manifestantes (incluso se habla de torturas).

Si Ucrania fuese España, los manifestantes estarían financiados por el Gobierno estadounidense.

Si Ucrania fuese España, los medios ocultarían que uno de los partidos que está detrás de las protestas es nazi (Svoboda).

Si Ucrania fuese España, los medios no encontrarían extraño que los manifestantes, tras haber tomado el Ayuntamiento de la capital, expusieran en él la fotografía de un colaboracionista nazi.

El Ayuntamiento de Kiev, con banderas del partido fascista Svoboda y el retrato del colaboracionista nazi Stepan Bandera.

Si Ucrania fuese España, los medios no tardarían en hablar de “Revolución”, obviando la violencia de radicales de ultraderecha e incluso ocultando la simbología nazi que puede verse en las protestas.


Parece que está claro que los grandes medios de comunicación españoles adoptan uno u otro lenguaje dependiendo de las protestas y de donde se sucedan. Para comprender la razón de este fenómeno es necesario tener claro que estos medios tienen dueños que, en el caso ucraniano, se verían favorecidos si el gobierno actual cayera. ¿Por qué sino iban a apoyar a los manifestantes, algunos de los cuales se declaran abiertamente nazis? ¿Por qué no apoyaron, sin embargo, al 15M o a los vecinos de Gamonal? El lector se dará cuenta de que dichas revueltas por el contrario, no beneficiaban a los dueños de los medios, ya que iban en contra del sistema establecido, ese sistema que beneficia a las élites económicas, que a su vez incluyen a los mencionados dueños de los medios (recordemos, a modo de ejemplo, que la empresa beneficiada de las obras que iban a realizarse en Gamonal era el dueño del periódico más leído de Burgos).


Algunos manifestantes portan simbología nazi.

Los dueños de los grandes medios de comunicación son grupos económicos que suelen realizar inversiones en otros sectores (incluso el bancario) y controlar a la opinión pública mediante dichos medios les favorece ampliamente a la hora de justificar y preservar sus negocios. Además, dichas empresas también se ven beneficiadas por las permisivas y poco rigurosas políticas fiscales de ciertos gobiernos (por ejemplo la amnistía fiscal para grandes defraudadores que realizó el PP). Por lo tanto, la gente que controla los medios tiene unos intereses específicos y luchará con todas sus fuerzas (que no son pocas) para defenderlos. De hecho, si estos grandes grupos adquieren medios de comunicación, no lo hacen por filantropía, sino para proteger sus propios negocios. Mediante la manipulación intentan convencer al pueblo de que sus intereses son los mejores para todos. ¿Cuántas veces hemos oído a Rajoy decir que “no tenía otra opción”, refiriéndose a los recortes que ha llevado a cabo a lo largo de su mandato? ¿Realmente no tenía otra salida? ¿O es que las demás iban en contra de sus intereses? Pasa exactamente lo mismo con los medios de comunicación.

Por otro lado, el bombardeo televisivo de un conflicto determinado influye notablemente en la población a la hora de crear una opinión en ella. Actualmente hay decenas de conflictos en todo el mundo, pero sin embargo parece que sólo existe el ucraniano. ¿Por qué esa necesidad de emitir día tras día lo que está sucediendo en Ucrania? Esto se debe a que las grandes potencias imperialistas (EEUU, UE, Rusia, China) tienen un especial interés en este determinado país y necesitan imponer su visión y sus intereses a la población utilizando los medios que controlan y así generar presión. De este modo tergiversan lo que allí está sucediendo, tildando de dictatorial al gobierno y de héroes a los manifestantes. No es poca la gente que se dice de izquierdas que está apoyando estas revueltas a ciegas, cuando es algo mucho más complejo de lo que nos muestran los medios.


Esto no significa, que quede claro, que el gobierno actual, aunque escogido democráticamente, no esté adoptando medidas neoliberales que van en contra de los intereses de la mayor parte de los ucranianos. De hecho, la mayoría de manifestantes han salido a la calle para mostrar su disconformidad con el gobierno y la corrupción. El problema es que EEUU y la UE están utilizando la protesta del pueblo ucraniano, el cual es cada vez más pobre debido a la crisis económica, para conseguir sus propósitos. Poco le importa a la UE o a EEUU la situación de miseria que viven los ucranianos, ellos quieren privatizar las minas de carbón del país, imponer el neoliberalismo en la zona y complicarle la vida a Rusia y a China.

Se estima que 1 de cada 8 ucranianos vive en la extrema pobreza y que más del 25% de los habitantes de Ucrania es indigente. Además, el precio de la luz ha subido notablemente estos últimos años y por si fuera poco se han privatizado sectores estratégicos en favor de grandes multinacionales extranjeras. La extrema derecha, a su vez, aunque es minoritaria, también se aprovecha de esta situación para desestabilizar al gobierno y ganar adeptos. No han dudado en achacar los males que pasa el país, entre otros, al comunismo, llegando a prohibir al Partido Comunista de Ucrania en 2 regiones (partido que recogió más de 3,5 millones de firmas para hacer un referéndum para que el pueblo decidiera acercarse o no a la UE).


Esta situación de crisis y pobreza creciente ha hecho reaccionar a la oposición, que junto a altos dirigentes de la UE prometen al pueblo que alejándose de Rusia y uniéndose a la comunidad europea su situación mejorará. En nuestro país, sin embargo, estamos viendo que la UE no tiene futuro si continúa tal y como la conocemos. No obstante, una parte de la población ucraniana se ha creído estos cantos de sirena y tiene fe en una UE llena de oportunidades que les hará salir de su situación de precariedad.

Como vemos, en Ucrania existen, desde hace ya muchos años, un cúmulo de intereses cruzados entre las diversas superpotencias imperialistas mundiales por controlar económica y geopolíticamente la zona. Ni al gobierno ucraniano ni a las potencias occidentales que se están entrometiendo en los conflictos internos del país les importa lo más mínimo la situación del pueblo. Nadie sabe si esto puede desencadenar una guerra civil en el país, si el gobierno actual dimitirá o Dios sabe qué.

Ucrania no es España, ha quedado claro. Ambos países, sin embargo, tienen cosas en común: ambos pueblos están siendo manipulados burdamente (por los medios el español y el ucraniano por la oposición, la UE, EEUU e incluso Rusia), se encuentran sometidos a un gobierno corrupto y, además, están sufriendo una severa crisis que no han provocado.

El caso de Ucrania es sólo uno de los muchos ejemplos de manipulación mediática que podríamos encontrar. Otro ejemplo lo encontramos en Venezuela. ¿Acaso es una coincidencia que los medios tachen de dictador ahora a Maduro y antes a Chávez cuando ambos han sido escogidos democráticamente y nunca hayan denunciado a países realmente dictatoriales (monarquías absolutas) como Catar o Arabia Saudí (los tres países petroleros)? ¿No será que los intereses de estos grupos económicos están asegurados en Catar y Arabia Saudí pero no en Venezuela? Los medios han conseguido poner a la opinión pública de su parte y en contra de un gobierno legítimo y que está mejorando la vida de los venezolanos (aunque, por supuesto, hay cosas mejorables). Ahora intentan hacer lo mismo en Ucrania.

Este ejemplo muestra el gran poder que tienen los medios (mucho más del que la gente suele pensar) y el peligro que supone que la gente crea ciegamente lo que le dice la televisión o el periódico. Hasta que el pueblo no comprenda que a los medios los manejan personas con intereses contrarios a él, seguiremos sometidos y seremos incapaces de localizar y luchar unidos contra nuestro verdadero enemigo de clase.




Antonio Velasco (@avelasgar)