domingo, 18 de mayo de 2014

PEPE MUJICA Y LA REVOLUCIÓN OLVIDADA


Hace ya mucho que vivimos en un mundo donde aquellos que acaparan el poder viven ostentosamente y muy alejados de los problemas reales de la población a la que dicen representar. Nuestro gobierno, así como las élites económicas situadas en la sombra, no sufren los recortes que aplican, sino todo lo contrario. Las empresas del Ibex 35 tienen cada vez mayores beneficios y los políticos siguen legislando a su favor. Los trabajadores, desengañados, empiezan a buscar ejemplos de que otro tipo de líder es posible. Ahí entra Pepe Mujica, un caso de escopeta. El presidente más pobre del mundo, le llaman. Se ha convertido en una figura emblemática para muchos, ya hartos de políticos que muestran un desapego exacerbado por los trabajadores, a los cuales sólo buscan durante la campaña electoral.
Pepe Mujica es un antiguo guerrillero perteneciente al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) que surgió en los años 60 y sería derrotado en 1972, un año antes de la dictadura militar. Mujica, al igual que muchos otros dirigentes tupamaros, pasó más de una década en prisión y, una vez recuperada la democracia, sería liberado por una ley de amnistía para presos políticos. El MLN-T se integraría, en 1989, a la coalición política de izquierdas Frente Amplio (FA), donde gestó la coalición llamada Movimiento de Participación Popular (MPP).
Mujica obtendría un puesto de Diputado con el FA en las elecciones de 1994, donde derrotarían al Partido Colorado (derecha), siendo Tabaré Vázquez el presidente resultante y Mujica el primer Tupamaro con un cargo público. Después de tantos años de dictadura y clandestinidad, la izquierda había llegado al poder. Las calles del país se desbordaron de trabajadores emocionados y cánticos revolucionarios por la hazaña lograda. La izquierda gobernaba y ahora empezarían las políticas destinadas a mejorar la vida de los trabajadores. O eso creían.
Mujica se hizo ya famoso en esa época por su austeridad, cuando acudía a las sesiones parlamentarias en una Vespa. En 2010 llegaría a Presidente de la República Oriental de Uruguay tras la reelección del FA y, una vez en el gobierno, no cambiaría su estilo de vida. No se mudó al palacio de gobierno sino que se mantuvo en su pequeña residencia junto a su esposa Lucía Topolansky (también antigua guerrillera del MLN-T) y dos escoltas. Tampoco acudió al coche oficial ni a ningún lujo en particular. Se trata de un presidente cercano que retomó la antigua práctica de pasear y conversar con los vecinos, como se hacía en los años 50 en Uruguay, antes de la llegada del FMI. Además, dona el 90% de su sueldo a proyectos y causas benéficas. Esta faceta austera es lo que le ha reportado fama internacional.
Su discurso se caracteriza por ser muy filosófico y rompedor de los estándares y costumbres usuales de los poderosos. Habla sin tapujos de la necesidad de proteger el medio ambiente, de lo malo y vacío del consumismo desmedido o de que el capitalismo no aporta realmente aquello que nos hace ser felices. Palabras atractivas pero que, por desgracia, no han ido acompañadas por hechos en la misma linea.
A pesar de que se han logrado cambios en el país (ayudas para los más pobres, el seguro nacional de sanidad, ley de matrimonio homosexual, aborto o legalización de la marihuana), realmente no se ha legislado en favor de los intereses de los trabajadores uruguayos. El modelo económico, salvo algunas excepciones, sigue siendo básicamente el mismo.
Mujica, con un discurso que aboga por la protección del medio ambiente, ha apostado por empresas transnacionales que están contaminado el país y que gozan, además, de exoneraciones y beneficios tributarios. Nunca en Uruguay ha habido tantas tierras en manos de las transnacionales. Algunos ejemplos son las empresas relacionadas con las papeleras, las cuales plantan eucaliptos para sus productos, destrozando la tierra; las empresas que cultivan soja transgénica con agrotóxico; o el proyecto Aratirí, relacionado con la megaminería a cielo abierto para la extracción de hierro, práctica con un alto impacto contaminante sobre el medio ambiente. Existe una contradicción flagrante entre el discurso del presidente y los hechos.
La pobreza ha sido reducida en el país, pero la tercera parte de los trabajadores uruguayos tienen ingresos inferiores a los 14.000 pesos al mes cuando se ha calculado que, para una familia media de 4 personas, se necesitarían unos 50.000 pesos al mes para cubrir las necesidades básicas. Los ricos, sin embargo, siguen enriqueciéndose. Es cierto que los sueldos han subido y que el porcentaje de desempleo es bajo, pero en su mayor parte se trata de empleo precario.
Uruguay es un país de 3 millones de habitantes con 12 millones de cabezas de ganado pero, sin embargo, la carne tiene unos precios desorbitados. En lugar de desarrollar industrias para generar valor agregado en este mercado (industrializar la materia prima), se exporta el producto primario y se enriquecen los productores. Uruguay no transforma los productos, los exporta y el mercado interior no ve beneficios.
El gobierno de Pepe Mujica se ha alejado del programa inicial del FA, que era anti-imperialista y anti-oligárquico. Se alineó con la rama más socialdemócrata de la coalición (representada por Danilo Astori, vicepresidente de Uruguay), reproduciendo el discurso de que hay que desarrollar el capitalismo, incluyendo traer a grandes transnacionales al país, para llegar al socialismo. Dice además ser partidario de un capitalismo bueno y humano. Este alejamiento del gobierno ha provocado la aparición de un sector crítico que reivindica el antiguo programa frenteamplista. Además, las políticas del gobierno de Mujica y del primer presidente del FA Tabaré Vázquez, han traído la resignación y la desafección por la política por parte de los uruguayos al verse traicionados por los políticos, tal y como sucede en España.
El sistema productivo de Uruguay no ha cambiado. Mujica obedece los dictados del FMI y el Banco Mundial, en detrimento de los trabajadores, que han visto, decepcionados, cómo la socialdemocracia ha tomado el control y ha dejado a Uruguay dependiente del capital extranjero. Después, Mujica sale al exterior con su imagen austera, su discurso grandilocuente y filosófico que a todos agrada y sorprende pero, a pesar de haberse conseguido cosas, el gobierno se vendió al capitalismo y a las grandes empresas, incumpliendo el viejo programa del FA.
El problema principal, del cual se deriva el resto, es que Mujica y su equipo han negado la lucha de clases. Suyas son frases como “Para que haya redistribución, los capitalistas han de ganar dinero”. Esto es un absurdo. No se puede redistribuir partiendo de la base de que las empresas gozan de grandes beneficios, exenciones fiscales y que no se les imponen apenas condiciones al instalarse en Uruguay. Mujica aboga por “sacar lo mejor del sistema” pero, ¿cómo sacar lo mejor de las transnacionales, que se instalan porque pagan escasos impuestos, tienen a los trabajadores en condiciones precarias y no respetan el medio ambiente? Se está actuando como si se pudiese gobernar para los ricos y para los pobres a la vez, cuando tienen intereses de clase contrapuestos. Como digo, el principal problema es la negación de la lucha de clases. ¿Existe redistribución posible sin tocar los privilegios del poder económico? ¿Se puede gobernar para el poder económico y para la gente de la calle por igual? Claramente, no. La prueba es que, a pesar del enorme crecimiento del PIB del país en los últimos años, no ha habido una redistribución eficiente que haya beneficiado a los trabajadores tanto como debiera y, sin embargo, los ricos se han enriquecido como nunca. Se trata de la clásica política socialdemócrata.
No es extraño que los grandes medios alaben a Mujica. Las políticas del presidente uruguayo benefician enormemente a los propietarios de los mismos. Si hubiese incorporado el antiguo programa del FA, cuyas propuestas giraban en torno a no pagar la deuda externa ilegítima, una reforma agraria que favoreciera a los trabajadores o nacionalizar la banca; ni Jordi Évole le habría entrevistado ni tendríamos la imagen que tenemos de él. Los medios se habrían encargado de mostrárnoslo como un dictador más y todo el mundo lo aceptaría a ciegas, como aceptan ahora que es el mejor presidente del mundo, sin saber qué políticas ha llevado a cabo y cómo estas han repercutido en la clase obrera uruguaya. Si se legisla en favor de los intereses del capital, los medios controlados por el mismo te presentan favorecido, si lo haces en favor de los trabajadores (y, por consiguiente, en contra del capital), esos medios te muestran al mundo como un político antidemocrático. Ejemplos hay de sobras.

En definitiva, por muy buenas intenciones que tuviese Mujica tanto en sus años de tupamaro como en la actualidad, que no las pongo en duda, un país no se cambia sobre la base de la actitud de una persona (aunque sea el presidente), sino sobre la organización y la construcción de un tejido social fuerte y crítico y unas políticas concretas dirigidas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. No podemos creer a ciegas, como se hace en España, que Uruguay va perfectamente sólo fijándonos en el estilo de vida de su presidente (aunque este sea admirable, como en su caso). Es necesario averiguar y adentrarse en las políticas que repercuten en la vida cotidiana de las personas para conocer su realidad. Sólo entonces podremos sacar conclusiones. Pero si únicamente nos quedamos con la filosofía y la fachada de su presidente, estaremos cayendo en la trampa de la clase dominante una vez más.

Mujica reunido con el multimillonario Rockefeller

domingo, 11 de mayo de 2014

LOS MAGNATES UCRANIANOS Y LA DEMOCRACIA


Son ya muchos meses de conflicto ucraniano y no parece que el desenlace final esté cerca. Mientras grupos fieles al gobierno golpista de Kiev (en muchos casos radicales nazi-fascistas) intentan liquidar cualquier atisbo de oposición en el este del país (que se ha cobrado ya decenas de vidas), el nuevo gobierno autoproclamado pide ayuda al FMI, lo que se traducirá en salvajes recortes y subidas de impuestos.

Tres batallas distintas se están dando en el país en la actualidad. La primera, en el este, brutal y descarnada, donde los grupos Sector Derecho y Svoboda, financiados por EEUU y la OTAN, son responsables de la matanza producida en Odessa y otras ciudades. Los medios afines, por su parte, contribuyen a esta masacre ocultando a los culpables. La segunda, más sutil y cuyos efectos se verán más a medio y largo plazo, es la batalla entre los oligarcas por el control de los recursos naturales e industrias ucranianas. Existe, sin embargo, una tercera batalla. Es la que se libra entre la OTAN y Rusia, donde Ucrania no es más que una pieza geoestratégica clave.

Los grandes medios españoles atribuyen la catástrofe de Odesa a un choque de fuerzas y se oculta a los culpables

Un punto de inflexión serán las próximas elecciones en Ucrania, que han de celebrarse el 25 de mayo. ¿Quién se presenta a dichas elecciones?

Los candidatos más importantes son Petro Poroshenko y Yulia Timoshenko.

Petro Poroshenko es un magnate ucraniano independiente que, según la revista Forbes, posee unos 1.300 millones de dólares. Entre 2007 y 2012 estuvo al frente del consejo del Banco Nacional de Ucrania. Es el favorito de las encuestas (roza la mayoría absoluta) y dice ser contrario a que Ucrania ingrese en la OTAN por ahora. Fue uno de los líderes visibles del Maidán, apoya al nuevo gobierno y exporta muchos de sus productos al mercado europeo.

Timoshenko es conocida actualmente por su odio a los rusos (a pesar de sus contactos con Moscú en el pasado, en relación a sus negocios privados). Gracias a su buena relación con el antiguo presidente Lazarenko (que, según se sospecha, robó unos 200 millones de dólares y fue detenido en EEUU y condenado por blanqueo de dinero, fraude y extorsión), se enriqueció enormemente mediante la empresa relacionada con el gas que tenía en propiedad junto a su marido. Posteriormente se pasaría a la política, siendo viceprimera ministra y encargada de la Energía en 1999. Fue destituida en 2001 por el presidente Kuchma, debido a asuntos relacionados con su empresa, tras la detención de su marido.

En 2004 estalla la Revolución Naranja y Timoshenko sería una de sus protagonistas. Esta “revolución” traería al poder a Víktor Yúshchenko, del partido “Nuestra Ucrania”, de toque liberal, proeuropeísta y de derechas. Timoshenko sería primera ministra pero ciertas medidas, como la de imponer por decreto la eliminación de las deudas de su empresa con el Estado, forzaron de nuevo su destitución.

Según The Independent, un bufete inglés reveló que Timoshenko y su marido habían tenido decenas de cuentas corrientes en bancos europeos. Además, en 2011, sería condenada a siete años de cárcel por abuso de autoridad. Una carrera brillante.

Tras la “revolución” del Maidán, el gobierno autoproclamado la sacó de la cárcel (estuvo 2 años y medio). Timoshenko fue recibida como una estrella en el Congreso del Partido Popular Europeo.

Cospedal saluda a Timoshenko en el Congreso del PPE

Para mostrar el talante democrático de esta señora basta con citarla brevemente. En una ocasión dijo: "Hay que tomar las armas y matar a los malditos rusos", en referencia a los rusohablantes que habitan el este del país. Una aberración, sin duda. No obstante, la segunda cita es de un nivel democrático similar. En una rueda de prensa, dijo: “Si el país elige a otro presidente, creo que tenemos que ir a la tercera ronda de la revolución”. Se trata, ya de entrada, de un sinsentido: ¿Cómo una de las personas más ricas del país y con su historial podría liderar una revolución que se dijese popular, justo después de unas elecciones?

El Partido de las Regiones (del depuesto Yanukóvich) también se presenta a las elecciones, a pesar de que cuenta con un apoyo escaso. Su candidato es Mijailo Dobkin. Este partido fue financiado por grandes magnates como Akhmetov (hombre más rico de Ucrania con intereses en la industria, banca y medios de comunicación). Se trata de un partido contrario a la OTAN que aglutina a diferentes grupos políticos con ideologías divergentes y defensor de la amistad con Rusia. Hay que decir que bajo el gobierno de Yanukóvich ya se impusieron medidas del FMI que desembocaron en una tasa de indigencia del 25% y a que 1 de cada 8 ucranianos viva en la extrema pobreza, entre otros escalofriantes resultados.

Los demás partidos que se presentan no tienen, según las encuestas, opciones para ganar. Podríamos destacar a los fascistas Svoboda y Sector Derecho, responsables de decenas de muertes en el este de Ucrania pero también en Kiev, donde se demostró que los francotiradores que asesinaron manifestantes en Maidán no fueron puestos por Yanukóvich, sino por ellos. Por si fuera poco, se agrede, amenaza y asesina a la oposición, como ya denunció la dirigente del Partido Socialista Progresista de Ucrania, Natalia Vitrenko, a la que nadie ha hecho el menor caso. Parece que no hay intención alguna de prohibir a estos grupos nazi-fascistas. Sin embargo, el Partido Comunista de Ucrania, que impulsó con 3,5 millones de firmas un referéndum ciudadano para votar acercarse o no a la UE, ha sido expulsado del Parlamento (y, a este paso, ya veremos si les dejan presentarse a las elecciones).

Oleh Tyahnybok (Svoboda) junto a McCain en Kiev y haciendo el saludo nazi.

¿Qué tienen en común estos partidos políticos? Pues que todos parecen responder a los intereses de los grandes empresarios ucranianos (proeuropeos o prorrusos). O bien han estado financiados por ellos o los encabezan directamente. Ninguno busca proteger los intereses de los trabajadores, que sufren una crisis brutal desde hace años.

El propio gobierno autoproclamado, que los medios venden como legítimo y surgido de una revolución popular, es un mísero títere de EEUU. Una conversación filtrada entre Victoria Nuland (responsable del Departamento de Estado para asuntos europeos de EEUU) y el embajador de EEUU en Ucrania que decía que había que poner en el poder a Arseny Yatseniuk (actual primer ministro de Ucrania, del partido conservador “Patria”) es una muestra de ello. Ni a EEUU ni a nadie le importan los trabajadores ucranianos, sólo quieren Ucrania para sus intereses: arrinconar a Rusia, obtener materias primas y un nuevo mercado donde llevar sus productos. Esta es la tercera batalla (geoestratégica e imperialista) que he nombrado anteriormente.

Arseny Yatseniuk haciendo el saludo nazi

¿Qué se juegan los ucranianos en las elecciones del 25 de mayo?

Tristemente, decidir a qué oligarca entregan el país en bandeja. Ya hemos visto a los candidatos con posibilidades de ser escogidos, todos grandes empresarios y, por consiguiente, con intereses de clase contrapuestos a los de la clase obrera. Estas elecciones son un fraude, donde ambos partidos responden a los intereses del capital. La comunidad internacional reconoce estas elecciones como legítimas, pero no los referéndums que se han celebrado en Donetsk o Lugansk, donde el ejército de Kiev ha disparado y asesinado a civiles. ¿Por qué se reconocen unas elecciones y otras no? Porque con las primeras salen beneficiados y con las segundas no.

Por otro lado está Rusia, que ha denunciado la ilegalidad del gobierno de Kiev. Aunque esta acción sea razonable, no hay que olvidar que Putin no es precisamente el mayor defensor de los DDHH y que, como ya he dicho, combate contra la OTAN, no por el bienestar de los ucranianos. Tiene sus intereses. No actúa por filantropía. Ucrania es de vital importancia. Si esta cae, la OTAN llegará hasta sus fronteras y no puede permitirlo. Los trabajadores ya sufrían una dura crisis cuando gobernaba Yanukóvich y no vimos a Putin preocupado por ellos en ningún momento (ni a él ni a nadie). A pesar de eso, no ha sido Rusia quien ha provocado este conflicto.

Los grandes medios venden a Rusia como el gran enemigo de Ucrania, ocultando la implicación de EEUU y la UE en la financiación de grupos nazis y el golpe de estado del actual gobierno (el cual ha suprimido, por ejemplo, la celebración del día de la Victoria sobre los nazis, acto que les describe a la perfección); así las políticas antidemocráticas del mismo (como la prohibición de programas de los canales rusos para impedir que la ciudadanía reciba información distinta a la gubernamental y obtener la hegemonía con la que controlar a la población).

El gobierno golpista ya ha pedido ayuda al FMI, cuyas políticas han fracasado desde Latinoamérica hasta África y Europa. ¿Qué legitimidad tiene este gobierno, al que nadie ha votado, para pedir ayuda al FMI, sabiendo lo que esto significa? Recordemos que los partidos que conforman este gobierno se opusieron a que los ciudadanos votasen sobre la UE en un referéndum. Ucrania podría recibir hasta 27.000 millones de dólares de “ayuda”, lo que provocará duros recortes como los que ya han fracasado en Grecia, España y Portugal, generando más y más desempleo. Se espera también una ayuda de 1.600 millones de euros de Europa, 1.000 millones de dólares de EEUU y 1.500 millones de dólares de Japón. Todo esto tendrán que devolverlo con creces los trabajadores. Ya se han tomado medidas como la subida del 50% del precio del gas a la población y, por otro lado, las instituciones públicas tendrán que despedir a 24.000 de sus 249.000 empleados y se suprimirán los complementos a las pensiones para funcionarios, jueces y militares. ¿A alguien le suena la historia?

En definitiva, Ucrania se hunde entre el fascismo, los magnates y el imperialismo (elementos siempre relacionados estrechamente) y no parece que haya una solución para aquellos que están sufriendo la crisis en sus carnes. Ojalá los ucranianos se den cuenta de lo que representan estas elecciones y encuentren una solución. Los obreros, maltratados por los grandes empresarios, ha de tomar conciencia, luchar como clase y divisar a los enemigos reales, que mediante engaños buscan únicamente enriquecerse. El fascismo ha resurgido en Ucrania y ni la UE ni la OTAN van a denunciarlo, ya que son ellos los que lo han financiado y animado para desestabilizar el país y poder crear un gobierno que les beneficie. Ojalá la clase obrera ucraniana sea capaz de echar al imperialismo y decidir libremente su futuro, no con unas elecciones en las que sólo podrá elegir entre magnates proeuropeos o prorrusos.

La excusa utilizada en varias ocasiones por el actual gobierno ucraniano y EEUU ha sido la de defender el país de la malvada Rusia. Vemos, sin embargo, que la patria no tiene nada que ver en esto, ya que el gobierno ilegítimo no ha dudado en vendérsela al FMI a la primera de cambio. No es la patria lo que buscan proteger, sino sus intereses, los de los grandes empresarios.




Toni Velasco (@avelasgar)

domingo, 27 de abril de 2014

LOS EMPRESARIOS ESPAÑOLES Y LA VIGENCIA DE LA LUCHA DE CLASES.



Las redes sociales se han incendiado estos días por las declaraciones de Mónica de Oriol (presidenta del Círculo de Empresarios), en las que decía que los trabajadores sin formación deberían cobrar por debajo del SMI porque no sirven para nada, que se debería reducir el coste del despido hasta los 18 días por año y que los trabajadores que cobran subsidios por desempleo acaban siendo unos “parásitos” del sistema.

A pesar de la dureza de las declaraciones, éstas no son, ni mucho menos, aisladas. Hace pocas semanas pudimos oír al presidente del Círculo Empresarial Leonés, Ángel Crego, decir que no entendía “por qué el trabajador no paga 45 días por cada año que la empresa le ha estado pagando un sueldo y le ha dado trabajo”, en lugar de hacerlo la empresa.

Estos son sólo dos ejemplos de los muchos que al lector le habrán pasado por la mente. Otros casos sonados fueron el de Joan Rosell (Presidente de la CEOE) justificando los paraísos fiscales y defendiendo que los empresarios españoles los utilizasen, “aunque sea malo para España” (¿dónde queda aquí la Marca España?); el de José de Cavada (responsable de relaciones laborales de la CEOE) criticando los 4 días de permiso por defunción de un familiar o Díaz Ferran y su famoso “Hay que trabajar más y cobrar menos”.

¿Tan mala gente son para decir cosas como esas? No es eso. Simplemente defienden sus intereses de clase. Marx ya descubrió la composición de la sociedad en clases en el siglo XIX. Declaraciones como las anteriores y la mayoría de las políticas de nuestro gobierno, entre otras cosas, confirman la teoría del filósofo alemán.

Marx llegó a diferenciar un elevado número de clases sociales pero, para simplificar, se suele hablar de dos principales: la explotadora (la burguesa, que posee los medios de producción, o sea la que es dueña de las fábricas, máquinas, etc) y la explotada (la proletaria, que vende su fuerza de trabajo para poder vivir, o sea la que trabaja para la clase explotadora y recibe un sueldo a cambio). Estas clases están necesariamente relacionadas entre sí tanto en el sistema capitalista como en los sistemas anteriores (feudal, esclavista, etc). Estas relaciones son las denominadas relaciones de producción, derivadas del sistema económico en el que nos encontremos (éstas son distintas en el sistema capitalista, en el esclavista, comunista, etc). A partir de estas relaciones históricas entre las clases sociales y otros elementos, Marx desarrolló la teoría del materialismo histórico.

A partir de todos estos elementos, Marx identificó lo que denominó “lucha de clases”, que no es otra cosa que los conflictos sociales derivados de la confrontación entre las clases sociales existentes en la sociedad, ya que éstas poseen intereses de clase totalmente contrapuestos (por lo tanto jamás podrán ponerse de acuerdo al 100%). Marx explicó que siempre hay una clase social que somete a la otra. En la rusia zarista o la sociedad francesa de Luís XVI, la aristocracia tenía sometida a la clase burguesa hasta que esta se rebeló y tomó el poder violentamente. En la actualidad, la clase burguesa (minoritaria en cuanto al número de personas que la conforman) explota a la clase trabajadora (mayoritaria).

Un simple ejemplo de lo que son los intereses de clase contrapuestos de trabajadores y burgueses sería, por ejemplo, que el trabajador quiera tener un sueldo más elevado o que quiera trabajar menos horas. Si el jefe accede a las peticiones del trabajador, perderá parte de su ganancia. Por eso jamás puede haber consenso entre ellos.

¿Qué tiene que ver esto con Mónica de Oriol? ¿Por qué digo que ella tiene conciencia de clase?

Al hacer esas declaraciones, Mónica de Oriol está defendiendo los intereses de su clase (la burguesa) frente a la clase trabajadora. Si el gobierno aceptase sus peticiones, ella y los de su clase obtendrían mayores beneficios. Por eso Rosell defiende los paraísos fiscales o Ángel Crego pide que sean los trabajadores los que paguen a la empresa cuando se les despide. Todas esas declaraciones tienen en común que benefician a la clase burguesa. Eso es tener conciencia de clase: saber que se pertenece a una clase social concreta con unos intereses determinados y opuestos a los de la otra clase y, por consiguiente, luchar por ellos. No son necesariamente malas personas, pero sus intereses de clase les empujan a decir esas cosas y actuar de una manera determinada. Ellos saben que si el gobierno aceptase sus propuestas las condiciones de vida de los trabajadores empeorarían; pero ahí radica la lucha de clases, en los intereses contrapuestos de éstas. Por eso ambas clases jamás podrán ponerse de acuerdo.

El problema de todo esto no es que Mónica de Oriol o Ángel Crego hagan esas declaraciones (las cuales encajan perfectamente dentro de los intereses de la clase a la que pertenecen), lo malo es que ellos tienen conciencia de clase y los trabajadores no. ¿Cuántos grandes empresarios votan a IU o la CUP y pactan los sueldos libremente con los trabajadores? Ninguno. Sin embargo, ¿cuántos trabajadores votan a partidos que defienden los intereses de la clase burguesa como el PP, PSOE o CiU entre otros? Millones. Ahí está el verdadero problema.

Recordemos a modo de ejemplo, que PP y PSOE pactaron cambiar el artículo 135 de la Constitución (esa que, sin embargo, es intocable para otras cosas), el cual pone el pago de una deuda generada, en última instancia, por grandes bancos, como prioridad máxima, dejando en un segundo lugar la educación, la sanidad o las ayudas a la dependencia. ¿Acaso no es esto un salvaje ejemplo de lo que es la lucha de clases en la actualidad? Bancos de grandes empresarios (clase burguesa), debido a la especulación que hicieron durante años (la cual les hizo ganar muchísimo dinero), generaron una deuda que está pagando la clase trabajadora (miles de millones de dinero público, o sea de los impuestos que pagan los trabajadores, se destinaron a salvar de la quiebra a esos bancos privados) y, por si fuera poco, se está recortando a la clase trabajadora en sanidad, educación, dependencia, etc, para poder pagar esa deuda. La clase burguesa no necesita la sanidad o la educación pública, ellos acuden a la privada. Pueden pagarla. Ya pueden recortar lo que quieran de la pública. Es más, si fuese por ellos, no existiría ni la educación ni la sanidad pública, ya que son negocios que podrían darles más beneficios si se privatizasen y los controlasen (seguro que recordaréis la que se montó cuando quisieron privatizar los hospitales madrileños, eso también es lucha de clases).

¿Por qué digo que la clase trabajadora está pagando esa deuda? ¿Acaso los grandes empresarios no pagan impuestos también? Estas preguntas se pueden responder con esta imagen:


Si se está pagando esa deuda mediante recortes en servicios públicos y con dinero público recaudado con los impuestos, pero por otro lado vemos que los grandes empresarios no utilizan los servicios públicos y evaden impuestos, creo que queda claro quien está pagando esa deuda (generada, lo digo una vez más, por la clase burguesa).

Este es tan sólo uno de los muchos ejemplos de que PP y PSOE legislan en favor de la clase burguesa. Pondré otro pero no me extenderé más. Es el siguiente.


Las grandes empresas, beneficiadas por la reforma laboral del gobierno, han echado a miles de trabajadores y, por otro lado, han obtenido enormes beneficios. Lucha de clases pura y dura. Creo que queda claro para qué clase social legisla nuestro gobierno.

Pero ¿por qué los trabajadores no tienen conciencia de clase y votan a partidos que obedecen a los intereses de la clase opuesta a la suya?

Marx y otros estudiosos marxistas tienen, de nuevo, la solución. Hay varios conceptos que permiten responder esa pregunta: Hegemonía, falsa conciencia, alienación y superestructura.

Hay quienes creían que, por el mero hecho de pertenecer a la clase trabajadora, ya se desarrollaba conciencia de clase obrera. Más tarde se vio que no era así. Marx y otros estudiosos como Lukács hablaron entonces de la “falsa conciencia”, que implica que no existe una relación entre pertenecer a una clase social y desarrollar conciencia de esa clase. Esta falsa conciencia es un producto de la “alienación”, la cual significa que se puede pertenecer a la clase trabajadora y no tener la sensación de estar explotado o incluso defender los intereses de la clase explotadora. El sistema capitalista en el que nos encontramos hace que la sociedad burguesa generalice unas relaciones determinadas que reproducen la dominación sin que los trabajadores se den cuenta.

Pero ¿cómo hacen eso? ¿Cómo logran que el trabajador vote a un partido que va en contra de sus intereses?

Aquí entran los dos conceptos restantes. Gramsci definió el término “hegemonía” como: hacer que una clase sea la dominante mediante la reproducción de los valores de su ideología y haciendo que los explotados (en este caso los trabajadores) compartan los valores, ideología y cultura de la clase que les domina. Esto significa hacer que la clase a la que explotas piense como tú y crea que tus intereses son los mismos que los suyos. Es lo que sucede en España.

¿Y cómo lo logra? Pues mediante la superestructura. El marxismo dice que una sociedad está compuesta, básicamente, por 2 elementos: la estructura económica (o infraestructura, en nuestro caso el capitalismo) y la superestructura que evita que la primera se derrumbe. La superestructura se compone de todos los elementos culturales, políticos, jurídicos, religiosos, etc, de una sociedad. Ésta representa a la clase dominante y se utiliza para someter a la clase explotada (los medios de comunicación son una de sus mejores armas).

Pongo un ejemplo para aclarar esto. ¿Por qué se han criminalizado la PAH o las protestas del 22M y, sin embargo, se apoya a la oposición venezolana, que ha incendiado 15 universidades, 11 centros de salud y ha matado a decenas de personas? ¿Por qué se acepta según qué violencia?

Simplemente porque la PAH, las marchas del 22M y el gobierno venezolano defienden los intereses de la clase trabajadora (en mayor o menor medida) y, por lo tanto, están perjudicando a la clase dominante. Ésta ha de contraatacar y lo hace con las armas que tiene a su alcance. Gracias a los medios de comunicación, que están al servicio de los grandes empresarios (clase burguesa), muchos trabajadores españoles están en contra del gobierno de Nicolás Maduro. La clase trabajadora española se ha posicionado en contra de un gobierno democrático que defiende los intereses de los trabajadores venezolanos. Ojalá tuviésemos aquí un gobierno que ha entregado 500.000 viviendas a los trabajadores, en lugar de echarlos de sus casas y dejarlos con deudas impagables de por vida; o que ofrece estudios universitarios gratuitos, en lugar de echar a los estudiantes que no pueden pagarse la matrícula. Sin embargo, relacionamos al gobierno venezolano con una dictadura y con la represión y violación de los DDHH, mientras España acumula 77 condenas internacionales por sus reiterados incumplimientos de la legalidad internacional y los DDHH, pero eso no se cuenta en los medios de comunicación. También hay trabajadores que están en contra de las acciones de la PAH. Eso es no tener conciencia de clase porque se asume el discurso de los medios (o sea el de la clase dominante) como el único válido. La clase dominante ha logrado la llamada hegemonía. Lo mismo sucede con los trabajadores que votan al PP o al PSOE, entre otros. Han olvidado que los medios tiene propietarios cuyos intereses son contrarios a los suyos, pero asumen su discurso como el suyo propio.

Portada del último número de la revista Cafè amb llet. ¿Quién controla los medios?

Recapitulando. Las declaraciones de los grandes empresarios no son casuales. De hecho, son lógicas si tenemos en cuenta quiénes son y qué intereses defienden. Habrá muchas más. La lucha de clases está ahí. El verdadero problema es que los trabajadores han olvidado que son una clase social que tiene unos intereses determinados y no pueden luchar por ellos, ya que están dispersos y alienados por el discurso hipnotizante de la burguesía. No pueden responder con fuerza ante los grandes empresarios ni las políticas del gobierno. Si los trabajadores tuviesen la mitad de la conciencia de clase que tienen los grandes empresarios, estos no osarían hacer semejantes declaraciones, ya que, al día siguiente, tendrían una revolución obrera en las calles que les echaría del poder. Sin embargo, mientras la clase obrera (en su mayoría) siga dispersa y dormida en los laureles, pueden decir cuanto se les antoje.

Ya dijo José Luis Sampedro que “la gente no está loca, está manipulada”. Ejemplos de esta manipulación no faltan.





Toni Velasco


@avelasgar

domingo, 6 de abril de 2014

LA SEXTA NOCHE, ALFONSO ROJO Y EL CIRCO MEDIÁTICO DE LA POLÍTICA.


La Sexta Noche se ha convertido en un popular programa de tertulia política. Ada Colau, portavoz de la PAH, fue invitada ayer al susodicho programa, donde se vio las caras con algunos de los representantes de la fauna típica del mismo: los periodistas Paco Marhuenda, Eduardo Inda y Alfonso Rojo.

Creo que es fundamental comentar y no dejar pasar intervenciones como una de las realizadas la noche del sábado 5 de este mes por Alfonso Rojo, la cual es sólo una muestra de lo que vemos todos los días en los programas de tertulia y debate político que tan de moda se han puesto últimamente. Es cada vez más evidente en este tipo de programas la primacía de la audiencia sobre la búsqueda de la verdad o algo tan básico como es el respeto. Esta clase de tertulias se han convertido en una especie de circo, donde la humillación y la falacia están a la orden del día. No hay limites. Todo vale cuando el fin ultimo es crear polémica y aumentar la audiencia.

Vídeo de la trifulca entre Ada Colau y los tertulianos de la derecha. Alfonso Rojo interviene en el minuto 15.

La falta de argumentos sólidos deriva en la necesidad de desacreditar al contrincante por la vía de la descalificación personal (falacia ad hominem), dejando en un segundo plano el problema originario al cual se pretendía, en principio, encontrar una solución (lo que es la finalidad de un debate). Situaciones como la sucedida ayer entre Alfonso Rojo y Ada Colau son una clara muestra de este fenómeno, donde el tertuliano, incapaz de responder con coherencia, opta primero por la falacia y segundo por el insulto.

Una de las cosas que hizo Alfonso Rojo fue comparar el gasto en lotería o comidas de noche buena en España con la renta per cápita y el gasto en sanidad o en alimentación en los países africanos más pobres del mundo. ¿Quiere decirnos el periodista que, como en España se gasta más dinero en cosas “superfluas” que en Burundi o la República del Congo en productos de primera necesidad, debemos resignarnos y aceptar que nos recorten derechos o nos echen de nuestras viviendas? No es casual que sean siempre los que no sufren los recortes los que saquen estos temas. Para ellos España va bien cuando baja la prima de riesgo, aunque crezca la pobreza o la brecha entre ricos y pobres. Va bien porque no es la pobreza de los suyos la que aumenta. Va bien porque son sus riquezas las que aumentan, en detrimento, por supuesto, de los derechos de los trabajadores.

Si se produce esta desigualdad en el consumo entre países es por la expansión mundial del modo de producción capitalista que defiende el propio Rojo. En este modelo, cada país ocupa un lugar determinado (unos aportan las materias primas, otros la mano de obra barata, otros el consumo, etc) y son arrastrados por las exigencias del mismo. En los países africanos, el salario de los obreros sólo cubre lo necesario para la subsistencia (consumo productivo) ya que el mercado interno es inexistente. Todo se exporta a Europa o EEUU, entre otros lugares. Es ahí donde los salarios se destinan también al consumo y no únicamente a la subsistencia. Los trabajadores mantienen el sistema con parte de su salario. Por lo tanto, si en Occidente se consumiera únicamente lo necesario para la subsistencia, el modelo capitalista mundial se colapsaría (aunque eso pueda y vaya a suceder por otros elementos de este sistema contradictorio). Rojo no hace otra cosa que exponer las enormes y evidentes desigualdades que ha producido el sistema capitalista que a él tanto le gusta y se lo echa en cara a Ada Colau como argumento para defender su teoría de que España realmente “va bien”.

Parece que Alfonso Rojo no supiera que el hecho de comprar un billete de lotería o comer gambas en navidad no quiere decir que los españoles tengan un alto nivel adquisitivo. Esto lo puede deducir cualquier persona sin mayores explicaciones.

Tras el habitual repertorio de Rojo de falacias, comparaciones absurdas y declaraciones sin fundamento, el periodista pasó a hacer uso de la descalificación personal (utilizada habitualmente también por sus colegas Inda y Marhuenda ante la falta de argumentos sólidos). Las palabras exactas que el periodista emitió durante la acalorada discusión que mantenía con Ada Colau sobre la realidad económica de los españoles fueron: "Estás muy gordita para el hambre que se pasa". Con estas “desafortunadas” palabras, Rojo dejó en evidencia su falta de respeto y su profundo machismo, refiriéndose de forma despectiva al aspecto físico de su contrincante al verse incapaz de ofrecer una respuesta coherente. En un intento de humillar a Ada Colau se retrató a si mismo y a su absoluta carencia argumental.

No es la primera vez que un tertuliano de este programa o similares descalifica con total impunidad. El circo mediático ha alcanzado niveles insospechados con tal de aumentar la audiencia. Estamos asistiendo a la configuración de un nuevo formato televisivo en el cual el modelo “Salvame” se transporta al ámbito de la política. La finalidad es la misma: crear conflicto y polémica, trivializar los problemas o la realidad socio-política del país y mantener entretenida a la población.

Es importante que los ciudadanos que ven este tipo de programas se den cuenta de que los intereses que defiende Alfonso Rojo, Inda o Marhuenda entre otros, son los de la clase dominante, la que no está sufriendo los recortes pero que no se corta a la hora de quitar derechos a los que menos tienen. Esta élite utiliza todo lo que está a su alcance para que sus intereses no peligren y estos tertulianos son una de las muchas armas que tienen para mantener confundida a la población, evitando así que las cosas puedan llegar a cambiar.

Hay que recordar que Ada Colau y muchas otras personas de la PAH llevan 5 años luchando contra una ley hipotecaria totalmente desalmada que sólo existe en nuestro país. Una ley que permite que la deuda hipotecaria se adquiera con la persona y no con el inmueble. Una ley que, en el caso de perder la casa (como si no fuese suficiente drama), mantiene una deuda impagable de por vida. Si más españoles fuésemos como las personas que conforman la PAH y luchásemos contra las injusticias que se cometen cada día en nuestro país, a diferencia de muchos de los inmorales "cagatinta" portavoces del poder que aparecen en La Sexta Noche, los cuales se dedican a ir de plató en plató soltando barbaridades, recibiendo dinero público para sus periódicos privados y criticando toda acción ciudadana legítima, quizás entonces podríamos construir un país más justo para todos.


¡Ánimos Ada Colau! La lucha está en las calles y no en un plató de tele-basura.




Silvia Perelló (@silvia_perrello) y Toni Velasco (@avelasgar)

sábado, 22 de febrero de 2014

PILAR RAHOLA, "KÍEV, 2014". ¿DESINFORMACIÓN O MANIPULACIÓN?

En el periódico “La Vanguardia” del día 20 de febrero aparece, en la sección de opinión, una columna de la periodista Pilar Rahola, titulada “Kíev, 2014” en la cual realiza una serie de declaraciones acerca de lo que está sucediendo en Ucrania. En este artículo intentaremos hacer ver que el lenguaje utilizado por la periodista, así como la descripción (u omisión) de los hechos acaecidos en ese país, responde a los intereses de la clase dominante (aunque ella como tantos otros que hacen uso de su mismo discurso, se empeñen en afirmar que no están haciendo otra cosa que defender la soberanía del pueblo).

Primeramente os facilitamo el susodicho artículo. Podéis leerlo aquí:

A continuación paso a citar varios fragmentos del artículo y discutirlos.

"Una de las fotos muestra a una chica blandiendo una bandera, y más que una ucraniana del siglo XXI, parece una revolucionaria francesa del XVIII.”

Comparar la revolución francesa con los sucesos ucranianos es casi una aberración histórica. La revolución francesa buscaba derrocar la monarquía absoluta de Luís XVI (esa que todavía existe en países como Arabia Saudita y que parece no disgustar a nadie) y plantar las bases de una sociedad igualitaria y democrática. En cambio, en Ucrania hay unas revueltas ciudadanas legítimas aunque violentadas por la intromisión de EEUU y la falsa promesa de prosperidad de una UE imperialista que busca establecer un vínculo estratégico con Ucrania para preservar sus intereses. Tampoco debemos olvidar que estas revueltas están amparadas por grupos violentos de extrema derecha fascista que tienen como único objetivo desestabilizar al gobierno y ganar adeptos (a Pilar Rahola se le olvidó mencionar este detalle).

“...con Rusia proyectando su sombra amenazadora”

“En la geopolítica, se están reproduciendo tics de la guerra fría, con Rusia que intenta recomponer el viejo imperio y planta sus garras en los territorios que considera suyos.”

“Y así ha pasado, con la presión de Putin de boicot energético, para impedir que Ucrania viajara hacia la Unión Europea, y no hacia el camino exigido de la Unión Aduanera, la alianza que Rusia tiene con Bielorrusia y Kazajistán.”

Parece que este conflicto tiene un único enemigo de fondo: Rusia. Ojalá fuese tan sencillo. A la periodista se le olvida hablar del financiamiento de EEUU a los extremistas o de la intromisión de la UE, entre otras muchas cosas. Por supuesto tampoco habla de la derecha fascista minoritaria que ha robado armas, asesinado a varias personas, asaltado edificios gubernamentales o que pide cosas totalmente antidemocráticas como la disolución del gobierno escogido democráticamente. Eso no interesa decirlo. Los únicos malos aquí son los rusos.

En este vídeo podemos ver cómo miles de ucranianos protestan ante la embajada de EEUU para pedir que deje de financiar los disturbios en Ucrania.
http://actualidad.rt.com/video/actualidad/view/117777-ucrania-eeuu-financia-disturbios-protesta

¿Qué ocurriría si llegase a España un senador extranjero y animara al pueblo a derrocar al gobierno? ¿Sería eso intromisión? Me atrevo a decir que los medios así lo entenderían. Sin embargo, estos medios aplaudieron a John McCain cuando fue a Kiev a pedir a los manifestantes precisamente que siguieran allí hasta derrocar al gobierno.

Rusia ejerce presión para preservar sus intereses, por supuesto. Es su misión como potencia imperialista que es. Pero lo mismo hacen la UE y EEUU, aunque a Pilar sólo le interesa hablar del primero. ¿Acaso animar a los ucranianos a ser violentos y desestabilizar el país mientras, por otro lado, piden al gobierno que no reprima y manipulan sus medios para poner a la opinión pública en contra del gobierno no es ejercer presión?

“...dos futuros diferentes. Por una parte, el gobierno y una minoría de la población, convencida de que hay que estar a buenas con el vecino, tener buenos precios en energías y, sobre todo, no vivir bajo el miedo del grifo energético cerrado. De la otra, la mayoría de la población, convencida de que el modelo europeo permitiría tener un mayor control de la corrupción generalizada, una eficacia económica más segura y una democracia más creíble.”

Esta parte es una de mis favoritas. ¿Una minoría de la población sustenta el gobierno? ¿Acaso no ganó las elecciones de manera democrática? No solamente eso sino que las ganó diciendo que no se acercaría a la UE. Eso tampoco interesa decirlo.

Un estudio del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (realizado entre el 9 y el 20 de noviembre de 2013) formuló dos preguntas: la primera, acerca de si Ucrania debería unirse a la Unión Duanera de Rusia, concluyó con que el 40,8% votaría a favor y el 33,1% en contra. Los resultados de la segunda pregunta, referida a la adhesión a la UE, fueron del 39,7% a favor y el 35,1% en contra (Fuente: http://ukraineanalysis.wordpress.com/2013/11/28/what-do-ukrainians-want-2/).

¿Dónde está esa mayoría que apoya la entrada a la UE y la minoría que sustenta al gobierno, Pilar? A mí, personalmente, me cuesta divisarla. Pero bueno, inventar es gratis, aunque con ello caiga un gobierno escogido por los ciudadanos y se imponga la UE, controlada por Alemania.

De ningún modo estoy defendiendo las políticas neoliberales del gobierno que representa a la oligarquía industrial y financiera, pero resulta que las políticas que han llevado a la pobreza al pueblo ucraniano son las que el FMI ha pedido que se apliquen. Sí, igual que en España. ¿Acaso el pueblo va a salir de la pobreza generalizada que vive (25% de indigencia) por unirse a la UE? ¿Desde cuando la UE, que nos está exigiendo recortes cada vez más salvajes a los españoles y que incluso hizo que PP y PSOE cambiaran la Constitución para pagar los intereses de la deuda antes que sanidad o educación, le preocupa la democracia o el bienestar de las personas? Un ingreso en la UE significaría recortes, troika y otras cosas que, por desgracia, ya conocemos en España. Si eso es una “democracia más creíble” apaga y vámonos.

Lo de la “eficacia económica” también es genial. Como condición para ingresar en la UE, Ucrania le pidió 20.000 millones de euros para poder modernizar su industria y así ser competitiva pero esta se negó. La UE no quiere competir con Ucrania ni elevar el nivel de vida de los ucranianos. Sólo quiere sus minas de carbón, introducir sus productos en un nuevo mercado y pararle los pies a Rusia y a China. El pueblo no tiene ni voz ni voto en este conflicto. A Pilar Rahola tampoco le interesa contar esto.

“...el orgullo patrio de muchos ucranianos pasa por emanciparse completamente del dominante papá ruso...”


Antes que nada, es necesario mostrar un mapa de la división que sufre (y ha sufrido históricamente) Ucrania:

Porcentaje de hablantes ucranianos (izquierda) y rusos (derecha) por provincias (óblast)

Es posible, como dice Pilar, que haya un porcentaje de ucranianos que no quieran saber nada de Rusia. Están en su derecho, por supuesto. Pero es también cierto que en Ucrania vive gente originaria de Rusia. Obviar a una parte tan importante de la población me parece poco riguroso.

“Después ha venido el resto ya conocido: blindaje del presidente Yanukóvich, con la retórica al uso contra "los violentos" y "los fascistas" -en gramática parecida a la usada por Maduro en Venezuela-, represión policial, heridos, muertos, un gobierno que se niega a encontrar una salida, una Rusia que mantiene la presión amenazadora, unos Estados Unidos que todavía no saben qué decir y una Europa que se lo mira, refunfuña, habla y no hace nada, as usual.”

Parece que Pilar no cree que haya manifestantes violentos y fascistas (a pesar de la presencia del partido Svoboda). Habrá que mostrárselo entonces, para que en el próximo artículo que escriba sobre el tema no se le olvide.






Las dos últimas imágenes muestran el retrato de un hombre. Es ni más ni menos que Stepan Bandera, líder fascista ucraniano.

Las banderas azules con la mano amarilla en el centro que se observan en la última fotografía son el símbolo del partido Svoboda. Se trata de un partido político abiertamente fascista. Os presento a su líder, Oleh Tyahnybok:


Como vemos en la segunda imagen, John McCain no tuvo reparos en ponerse al lado de este personaje cuando se fue a Kiev (incluso cenó con él y los demás líderes de la oposición).

Dejo aquí un artículo que habla con bastante detenimiento de los símbolos fascistas que se pueden ver en las protestas ucranianas. No tiene desperdicio:
http://hablandorepublica.blogspot.com.es/2014/01/un-par-de-apuntes-sobre-las-protestas.html

En el siguiente enlace hay una buena colección de imágenes:
canarias-semanal.org/not/11960/ucrania__el_rostro_del_fascismo_del_siglo_xxi/

También añado un par de vídeos, por si queda alguna duda del carácter violento de algunos manifestantes:


En este segundo vídeo podemos ver un enfrentamiento entre manifestantes pacíficos que pedían el cese de la violencia y un grupo de neonazis.


Parece claro, pues, que evidentemente hay nazis en las protestas, aunque la periodista lo oculte. Estos son los que están violentando las revueltas, con el financiamiento de EEUU y la UE. Vemos que, aunque hay represión policial y evidentemente ha habido muertos, la violencia no procede de un único bando.

Pilar aprovecha para criticar a Maduro de refilón. De paso diré que, al igual que EEUU se mete en los asuntos de Ucrania, hace lo mismo en Venezuela, financiando a la oposición para derribar al gobierno escogido por el pueblo y quedarse con el petróleo, como hacía antes de que Chávez ganara las elecciones. Utilizan una estrategia calcada en ambos países, y gente como Pilar Rahola ponen a la opinión pública de parte de los grandes empresarios y en contra del pueblo (ya conocéis la famosa frase de Malcolm X a cerca de los medios de comunicación).

Pilar parece que pide a gritos una intervención de EEUU y la UE en Ucrania. Es interesante ver cómo el artículo plasma una visión del mundo que está arraigada a la opinión pública, fruto del bombardeo mediático que responde a un discurso único: la UE es un organismo benévolo que reparte democracia alegremente y EEUU es el juez y el verdugo del mundo entero sin que nadie ose cuestionarlo. Por lo tanto, es necesario que intervengan en cualquier conflicto que se precie y, por supuesto, cualquier gobierno que se posicione en contra de ellos, ha de ser necesariamente dictatorial o nostálgico del comunismo.

¿Qué tiene que decir EEUU de lo que pasa en Ucrania? ¿Alguien le ha preguntado? ¿Y a la UE? ¿Por qué no le preguntamos a cualquier otro país si tiene algo que decir? ¿Qué pensará Taiwan a cerca de lo que sucede? ¿Y Uruguay? ¿Y Nigeria? ¿No tienen el mismo derecho a decir u opinar nada? Pilar da a entender que EEUU tiene carta blanca para intervenir en cualquier país y hacer lo que le venga en gana. Tristemente ese discurso está tan introducido en nuestra mente que damos por hechas barbaridades como estas.

“Por eso la foto de los manifestantes de Kíev es una foto eterna. Porque luchan por causas concretas, pero en realidad las protestas incluyen las causas universales: libertad, justicia social, soberanía y un futuro mejor. Todo muy viejo. Tan viejo como los aprendices de dictador que quieren impedirlo.”

Llegados a este punto vemos que las palabras finales de la periodista ya casi carecen de sentido alguno. Claro que los manifestantes luchan por la libertad, la justicia social, la soberanía y un futuro mejor; pero, ¿acaso la UE va a proporcionarles alguna de esas cuatro cosas? Sólo hay que ver la situación en la que se encuentra Grecia, Italia o España para descubrir que no, que todo es una farsa y que hay algo más que no nos cuentan.

La guinda final es llamar “aprendiz de dictador” al presidente escogido por la vía democrática. Todo acaba cuadrando. ¡Qué bonito es llamar dictador cuando interesa! Si llaman “aprendiz de dictador” a Yanukóvich deberían describir a Rajoy con las mismas palabras. Ambos han llevado a cabo políticas de privatizaciones dictadas por el FMI sin escuchar al pueblo, ambos dirigen gobiernos profundamente corruptos, ambos han empobrecido a la clase trabajadora de sus respectivos países y ambos se niegan a tener en cuenta las voces de auxilio del pueblo, ahogado por la crisis, que ya no puede más. La diferencia entre Rajoy y Yanukóvich es que el primero está a las órdenes de Merkel y EEUU y el segundo no.

Por desgracia, este artículo y su visión distorsionada de la realidad no es un caso aislado. Columnas y escritos de este tipo son bastante habituales tanto en este como en otros medios de "información". A esto hay que añadir que algunos de estos periódicos son gratuitos (cada día hay decenas de ejemplares de La Vanguardia en los trenes de la provincia de Barcelona). ¿Cómo no va a estar manipulada la opinión pública, visto lo visto?

La salida más digna para el pueblo ucraniano pasa, como ya he dicho en otros textos, por darse cuenta de que son mayoría y de que deben luchar conjuntamente por sus derechos. Han de echar al imperialismo y al fascismo y decidir por ellos mismos, celebrando un referéndum para decidir si deben entrar o no a la UE o lo que crean más oportuno. Si hicieran eso, sin embargo, es probable que periodistas como Pilar Rahola no estuviesen de acuerdo, porque ni la UE ni EEUU tampoco lo estarían.



Toni Velasco (@avelasgar)

sábado, 15 de febrero de 2014

DEMOCRACIA MODERNA: ¿PROGRESO O RETROCESO?

Son muchas las voces que proclaman la superación del autoritarismo en el mundo occidental actual y se jactan de haber instaurado la mejor de las democracias posibles, pero si nos planteáramos simplemente comparar ésto que algunos siguen empecinados en llamar “democracia” con aquel sistema al cual, en sus orígenes, hacia referencia ésta palabra (con sus defectos y virtudes) podremos llegar a hacernos una idea de hasta que punto hemos involucionado.

Lo que hoy en día es considerado “democracia” en la mayoría de los países occidentales, es de carácter representativo. Este modelo ha dado lugar a la perdida progresiva por parte de los ciudadanos de incidencia en el terreno político, para acabar reduciendo su intervención a la elección de un partido político (cada cuatro años), el cual de esta manera queda habilitado para tomar decisiones de cualquier índole durante el transcurso de su mandato, sin estar obligado bajo ningún concepto a consultar la opinión ciudadana.

Si decidimos realizar esta comparación, debemos remontarnos primeramente a la procedencia etimológica de la susodicha palabra: “democracia” es un término que proviene del griego y significa “poder del pueblo”. El ejemplo clásico de la democracia antigua es el de la democracia ateniense, por ser de las más poderosas y mejor organizadas de la época. Fue fundada por Clístenes en el año 510 a.C. y llegó a consolidarse bajo el gobierno de Perícles.

La democracia ateniense era directa, es decir que el pueblo era el que tomaba las decisiones políticas por medio de las asambleas. Cualquier ciudadano ateniense podía participar en las asambleas y la participación política era considerada como un deber ciudadano.

La mayoría de los funcionarios del gobierno eran elegidos por medio de sorteos, dicho procedimiento era considerado el más democrático para elegir cargos públicos, ya que de este modo no se veían favorecidos los ricos o famosos, sino que cualquier ciudadano ateniense tenía las mismas posibilidades de acceder a los cargos. Además, de esta manera se evitaba la posibilidad de que se comprasen votos. El voto, por otro lado era reservado para escoger los cargos más importantes y minoritarios. Los funcionarios sólo podían ejercer su cargo una vez en toda su vida, así evitaban la profesionalización y hacían primar la implicación de los ciudadanos.

La democracia actual a diferencia de la clásica, es representativa, es decir que los ciudadanos en lugar de tomar nuestras propias decisiones políticas de forma directa por medio de consensos, elegimos a un determinado partido político para que éste tome las decisiones por nosotros. Dichos partidos -en el caso de nuestro país- se presentan a las elecciones con una lista cerrada de candidatos, esto quiere decir que tenemos que votar al partido en su conjunto y tampoco tenemos la posibilidad de influir en el orden de dichos candidatos.

Fortuitamente, gracias a las múltiples luchas sociales que se han sucedido a lo largo de la historia, el derecho al sufragio se ha vuelto universal, ya no esta restringido a ninguna raza, sexo o condición social determinada, como sucedía en la antigua Grecia.

La democracia actual, aunque no es directa como la ateniense, ampara ciertos procesos en los cuales los ciudadanos pueden ejercer una mayor participación, como los plebiscitos -mediante los cuales los ciudadanos podemos aprobar o rechazar ciertas leyes- y por otro lado, las iniciativas legislativas populares. El problema en nuestro caso es que ni los plebiscitos ni las iniciativas legislativas son vinculantes, esto quiere decir que aunque los ciudadanos tomemos una decisión mayoritaria, el gobierno de turno se reserva la decisión de obedecer o no cualquier iniciativa o plebiscito.

Por otro lado, en nuestro sistema de gobierno aunque mayoritariamente los cargos públicos son elegidos por sufragio, existen ciertos cargos llamados “de confianza” que no son elegidos por votación popular, sino “a dedo”. Este hecho y el de la no vinculación, ponen en entredicho nuestro verdadero papel en el proceso democrático y el significado mismo de la palabra democracia como poder del pueblo. A su vez, los partidos políticos que se presentan a las elecciones, lo hacen con un determinado programa político confeccionado, dicho programa tampoco es vinculante una vez que un partido llega al poder. Esto provoca el hecho de que ciertos partidos alcancen el poder con programas que más tarde no llevan adelante -ya que tampoco están obligados a cumplirlos- y que en muchos casos, puedan hacer exactamente lo contrario de lo que proponían en sus campañas electorales sin ningún tipo de sanción y mucho menos una destitución. Esto contrasta con la democracia ateniense, en la cual los funcionarios que no cumplían sus funciones correctamente eran castigados con severidad, ya que eran considerados empleados y no representantes.

La democracia ateniense era un modelo de vida basado en la libertad, la igualdad y la justicia, modelo que a su vez protegía los intereses de la mayoría por sobre las minorías. Dicho aspecto contrasta ligeramente con la democracia actual que, aunque en sus bases pueda constar dicha obligación, a menudo parece ser que ciertas minorías poderosas tuviesen mayor influencia en las decisiones políticas. Ambos modelos de democracia -clásica y actual- afirman en sus bases la autonomía de sus gobiernos, y su capacidad de actuar de manera independiente sin ninguna clase de restricción externa. Este es otro aspecto que a mi parecer esta en entredicho en el caso de la democracia actual y más concretamente en nuestro país, ya que aunque en la teoría el gobierno goce de autonomía, frecuentemente parece estar condicionado por ciertas “recomendaciones” o imposiciones provenientes de países poderosos.

Ha habido avances muy importantes y beneficiosos desde el modelo clásico de democracia hasta el actual, pero también muchos retrocesos y queda mucho por hacer hasta llegar a un modelo que pueda ser llamado realmente democrático en todos sus aspectos. Cosas como las listas abiertas, los plebiscitos e iniciativas legislativas; así como los programas electorales -al menos en sus aspectos fundamentales- con carácter vinculante; la instauración de ciertas medidas que eviten la profesionalización de la clase política; la destitución de los cargos elegidos “a dedo” o la implementación de más vías de participación ciudadana son algunas de las cosas que creo fundamentales para gozar de una democracia que otorgue realmente el poder al pueblo.


Silvia Perelló (@silvia_perello)