lunes, 7 de julio de 2014

OTRO NEOLIBERAL APESTANDO A THATCHER




Daniel Lacalle es un Broker medio Navarro, medio Inglés. Últimamente ha salido en la televisión dando cuenta de la ideología Neoliberal en su faceta más depredadora. Y como en la naturaleza, el depredador más temido es aquél que no se ve, aquél que penetra en el interior de un cuerpo y empieza a parasitar los órganos que hacen las funciones vitales para su correcto funcionamiento. Y así, entre chascarrillos sobre la graciosa (graciosísima) ignorancia de la gente a pie de calle va soltando un discurso que penetra en la mente. Y puesto que aquellos que lo escuchamos no nos vemos reflejados en esas caricaturas, corremos el riesgo de sentirnos identificados con su discurso.

Lo que aquí el amigo está exponiendo es cómo la deuda soberana ha aumentado brutalmente en la última década a la vez que desprestigia las gestiones de los que gobernaban el Estado. Y de ahí deduce que las políticas adecuadas son las de desregulación estatal. Las típicas; fuera impuestos, fuera trabas a la inversión, fuera gasto público, etc. Es gracioso como compara sus bonitas propuestas con unas antitéticas que teóricamente son las que oye cuando va por la calle. Simpático sin duda. 

Ahora bien, no hace tanta gracia que hable de la "memoria" histórica, recordándonos cómo nuestros políticos despilfarraron todo el dinero recaudado durante la burbuja inmobiliaria, endeudándonos hasta la médula. ¿Endeudándonos? Cuidado con esto. La deuda soberana es un elemento de inestabilidad brutal que no pasa por mecanismos verdaderamente democráticos a la vez que sus implicaciones afectan directamente a las condiciones materiales de los ciudadanos. La deuda soberana es la capacidad del Estado de endeudarse, pero esto tiene truco. Si los Estados no pueden devolver el dinero y se prioriza el pago de la deuda antes que los servicios públicos, estaremos dejando en manos de los acreedores la democratización de la calidad de vida, la justicia social y el cuidado del planeta. Y esto no mola una mierda.

Cierro paréntesis y sigo; decía que Lacalle hablaba de la facilidad de "olvidar" ésta mala y "democrática" gestión de nuestros políticos. Pero... ¿Qué pasa con el FMI el Banco Mundial y todas esas instituciones antidemocráticas que están pululando como virus por nuestros estados? Ahora, casualmente, olvidamos cómo en 1982 James Baker (secretario del Tesoro durante la legislatura de Reagan) utilizó esas instituciones para salvar a los bancos estadounidenses ante la posible quiebra de México. Me explico, en un tono así más de "la calle": ¿me estás diciendo que tenemos que asumir la ausencia total de libertad política, servicios, derechos y seguridad estatal por respeto a la memoria de una mala gestión que dos partidos incumplidores sistemáticos de sus programas electorales, y financiados por grandes grupos económicos nos han impuesto, mientras tu te olvidas de cómo el FMI dictaba la receta política a México para que le salvase el culo a tus amigos inversores que tenían miedo de perder sus "ahorrillos" en México, a costa del empobrecimiento de ese país, con todas sus consecuencias?

Sí, eso es lo que nos está diciendo.





La contradicción es obvia y denota la enorme opacidad entre las relaciones Gubernamentales y las entidades financieras, usando patrañas intermediarias disfrazadas de instituciones estatales.

¿Qué tiene de ético salvar tus malas inversiones, como inversor, en otros países usando a los políticos e instituciones no democráticas? Nada. Así que las deudas no siempre se pagan. ¿Dónde está la deuda contraída por Alemania después de la Segunda Guerra Mundial? Condonada. Y hay muchos ejemplos a nivel Macro. Pero es que a nivel micro, invertir tiene un riesgo incomparable, debido justamente a la ausencia de relaciones y contactos con castas, élites y mafias.

En fin. Está claro que Lacalle es un lacayo de sus clientes, tan sólo es eso. Un tipo que se pasea por los platós defendiendo la ideología de aquellos que le pagan. Nada más. Pero un tipo que sabe usar el lenguaje como una prestidigitador, haciendo que relacionemos la Magia como la causa del efecto. Y por eso voy a insistir en lo que creo que es la clave de este momento histórico. Hagamos nuestro el lenguaje. Hagamos nuestros los conceptos clave. Inventemos palabras. Creemos conceptos. Luchemos por el diálogo ciudadano contra la palabrería de esta escoria neoliberal. 



                     VÍDEO  Lacalle con sus amigüis de intereconomía en el Cascabel


Ivonis F.López

miércoles, 18 de junio de 2014

LA MONARQUÍA COMO EXPRESIÓN DE LA LUCHA DE CLASES EN ESPAÑA


España se encuentra ante un momento histórico: la abdicación del Rey Juan Carlos. Rápidamente hemos visto dos respuestas por parte de los partidos políticos: unos pactaron una reforma constitucional que permitiese la inmediata sucesión por parte de su hijo Felipe; otros manifestaron la necesidad de convocar un referéndum para que sea el pueblo quien escoja entre monarquía o república.

Los argumentos por parte de los que abogan por la sucesión son, a mi juicio, insostenibles dentro de una democracia seria. “La consulta no cabe en la Constitución y los españoles ya la votamos en el 78.”, dicen.

Se tardaron 48 horas en reformar la Constitución cuando Merkel ordenó modificar el artículo 135 de la misma para dar prioridad a una deuda provocada por los bancos, lo que se ha traducido en un empobrecimiento brutal de los trabajadores. Es falso que no se pueda consultar a los ciudadanos, falta voluntad política para hacerlo. Por otro lado, la Constitución del 78 se votó bajo la amenaza de volver a la dictadura. Era o esto o los tanques. ¿Es esa la calidad democrática de los que se aferran a este pueril argumento? Lo que sí prevé nuestra Constitución, sin embargo, es convocar referéndums en casos excepcionales. ¿Qué momento puede ser más excepcional que el presente?

Hay otros países europeos que son monarquías”, añaden. Parecen olvidar un pequeñísimo detalle, citando a Vicenç Navarro: “Se olvida que la Monarquía española está basada en un golpe militar apoyado por el nazismo y el fascismo internacional, en contra de un Estado republicano con un gobierno democráticamente elegido. Sin ese golpe militar, hoy España no sería una monarquía: sería una república. “

Otro argumento a favor de la continuidad de la monarquía ha sido que PP y PSOE lo han pactado y que estos cuentan con el respaldo de la amplia mayoría de la población. “Si no os gusta, ganad las elecciones y cambiadlo todo”, proclamaban fervorosamente varios tertulianos.

Parémonos a pensar. ¿Alguien de verdad cree que en las elecciones de 2011 alguien pensaba en una posible abdicación del Rey y en cómo iban a actuar los partidos? ¿Acaso todos los votantes del PP y especialmente los del PSOE (que se declara republicano en su Constitución) les votaron pensando en que pactarían para que continuase la monarquía? Rotundamente no.

Es antidemocrático creer que se puede concentrar la ideología de una persona en la acción de echar un voto en una urna una vez cada cuatro años, porque no se prevén situaciones como estas. Prueba de ello es que, mientras el 87% de parlamentarios ha aprobado la reforma que permite la automática subida al trono de Felipe VI, el 63% de los ciudadanos quiere la celebración de un referéndum. Estas cifras muestran una total desconexión entre el parlamento y la calle.

Asimismo, los medios elogian el papel del Rey en la historia reciente de España y las cualidades de su hijo para sustituirlo, se manipulan encuestas o se buscan “expertos” poco objetivos que suelen acabar defendiendo y alabando la monarquía. Da la sensación de que intentan convencernos de que la continuidad de la monarquía es el mejor camino, a pesar de ser una institución poco transparente e implicada en casos de corrupción. Como dijo Noam Chomsky: “Los medios masivos no buscan informar y reportar lo que sucede, sino dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder dominante”.

Pero, ¿por qué intentan convencernos? La lucha de clases es, en última instancia, la respuesta.

Algo que debemos preguntarnos es: ¿la Monarquía protege los intereses de todos los españoles o sólo de algunos?

Los primeros que salieron a agradecer al Rey su labor en estos últimos 39 años fueron los empresarios. El vicepresidente de la CEOE y presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández (imputado por el caso Bankia y acusado de pagar a empleados en negro), se derritió en elogios hacia el monarca.

Al mismo tiempo, la CEOE pedía más reformas como despido libre tras un año de prueba para los indefinidos, menos indemnizaciones para los trabajadores indefinidos o pasar a un trabajador fijo a temporal sin causa, entre muchas otras. Recordemos que la anterior reforma laboral, aplaudida por la patronal, facilitó el despido de 1,5 millones de trabajadores. Sin embargo, no parece que los empresarios lo estén pasando tan mal como los trabajadores, ya que las grandes empresas repartieron 8.000 millones de beneficios entre sus accionistas tras echar a 120.000 trabajadores en 2013.

Hasta ahora tenemos unas declaraciones cualquieras y una muestra de que el poder económico va ganando la lucha de clases. Nada relaciona al monarca. Pero sigamos analizando.

Hace pocos días, el Rey se encontraba en el Golfo Pérsico visitando países dictatoriales (lo cual, decir de paso, no parece importar a nadie) como Omán o Arabia Saudita con varios ministros y empresarios. Según los medios buscaban negocios para España.

Debido a la inviolabilidad del Rey, no se puede saber qué empresarios le acompañaron ni cuánto se gastó en estos viajes aunque se paguen con dinero público. No obstante, hay fotografías que muestran numerosos empresarios del Ibex 35 en este tipo de viajes.

Varios informes han puesto de manifiesto que el 94% de las empresas del Ibex (33 de las 35) elude impuestos en paraísos fiscales. No solo eso, sino que desde 2009 han duplicado su presencia en ellos. Esto significa que el Estado español deja de recaudar miles de millones de euros al año y que ha de cogerlos de otro sitio. ¿De donde? De la clase obrera (recordemos que el gobierno recortó en servicios públicos y subió el IVA y el IRPF, impuestos que repercuten en el bolsillo de los trabajadores). Además, los millonarios españoles han incrementado su riqueza un 40% desde que llegó la crisis y entre 2011 y 2013, empresas del Ibex pasaron de un capital conjunto de 35.000 millones a 60.000 millones de euros. En definitiva: los ricos son cada vez más ricos y, por si fuera poco, pagan pocos impuestos.

Tenemos pues: 1) los grandes empresarios proponen reformas laborales durísimas para los trabajadores, favoreciendo sus intereses; 2) sus empresas han generado enormes beneficios durante la crisis y evaden impuestos masivamente; 3) acompañan al Rey a hacer negocios al extranjero. Con todo esto sobre la mesa, ¿alguien cree que realmente van a buscar negocios para mejorar la vida de los trabajadores? ¿Cómo mejoran nada exactamente, exceptuando su propio bienestar, si después tributan en paraísos fiscales? ¿Quieren mejorar la vida del trabajador pero luego proponen sangrantes reformas laborales para la clase obrera?

La revista Cafè amb Llet ha publicado, a raíz de la censura que sufrió El Jueves, una genial edición sobre la “porquería” que rodea la corona que no tiene desperdicio. Los empresarios, cosa extraña, se encuentran salpicados por esta porquería:
http://www.cafeambllet.com/no-querian-esto-en-la-portada-pues-portada-y-contraportada/

Es fácil adivinar por qué los medios nos bombardean constantemente con mensajes aduladores respecto a la monarquía. La clase dominante, beneficiaria de esta política, utiliza sus armas para convencer a los trabajadores (en la portada de Cafè amb Llet podemos ver quién controla los medios de comunicación). Marx ya habló de este fenómeno y lo denominó superestructura. Son todos aquellos elementos culturales, políticos, jurídicos, religiosos, etc, de una sociedad que representan a la clase dominante y se utilizan para someter a la clase explotada haciéndola creer que todos tienen los mismos intereses.

El Rey representa, como muy bien dice Alberto Garzón, la política del amiguismo, del enchufismo, del clientelismo y la corrupción. La política que nos ha llevado a esta crisis y la que permite que la brecha entre ricos y pobres siga aumentando. La que cierra escuelas y hospitales, niega ayudas a las personas dependientes, baja salarios, despide a trabajadores y echa a estudiantes de las escuelas mientras protege a los corruptos, cede la soberanía del país a Alemania y rescata las empresas de los amiguetes con dinero público. Se trata de una monarquía al servicio del poder económico y no al de los trabajadores. Una monarquía que favorece a la clase burguesa y, por consiguiente, perjudica a la trabajadora. Por eso no han querido hacer un referéndum, porque no pueden permitir que los trabajadores decidan un modelo de Estado en el que los empresarios no puedan beneficiarse. No pueden perder una institución como la monarquía, la cual les ha facilitado tanto los negocios estas últimas décadas (como antes lo hizo Franco) y ha decantado la lucha de clases a su favor.

¿Cómo cambiar esta política? Con más democracia. Dejando a los españoles votar y decidir su futuro libremente. Esto no significa, cuidado, que escoger al jefe de gobierno de manera democrática vaya a solucionar nada. Los mismos empresarios, llegado el momento, reclamarán una república, pero será una que les beneficiará a ellos. Para acabar con el paro o los recortes hemos de hacer una política radicalmente distinta a la actual, y eso pasa, en primera instancia, por abandonar la monarquía y proclamar nuestra propia república. Una república que beneficie a la clase trabajadora y haga pagar a los ricos lo que no pagan ahora. Que socialice los medios de producción y garantice sanidad, educación y servicios sociales a todos los ciudadanos. Que pare los desahucios y deje de financiar a la iglesia. Que denuncie las condiciones laborales a las que empresas como las de Amancio Ortega tienen sometidas a miles de personas en Bangladesh, Marruecos o la India. Que castigue el fraude fiscal y cree mecanismos para cazar a los corruptos. Que no negocie con dictaduras como la Saudita. Que plante cara a la Europa de los mercados y se niegue a pagar esta deuda ilegítima. Que ponga a la policía y cuerpos de seguridad de parte del obrero y no que lo reprima indiscriminadamente mientras defiende al poder económico. Que recupere la soberanía nacional. Que comprenda la pluralidad territorial de la que goza nuestro país y no oprima a los pueblos. Que proteja el medio ambiente y busque energías alternativas. Que no permita a empresas privadas tomar el control de las Universidades. Que nos consulte para los temas importantes y no una vez cada cuatro años. Que no permita ni las mentiras en el programa electoral ni las puertas giratorias.


Eso y mucho más es lo que debemos reivindicar para la república de los trabajadores. Si nos quedamos únicamente con la manera de escoger la jefatura del estado y no cambiamos la base económica y productiva, la lucha de clases la seguirán ganando los mismos y continuaremos en una democracia coja como en la que llevamos durante décadas.





Toni Velasco (@avelasgar)

domingo, 18 de mayo de 2014

PEPE MUJICA Y LA REVOLUCIÓN OLVIDADA


Hace ya mucho que vivimos en un mundo donde aquellos que acaparan el poder viven ostentosamente y muy alejados de los problemas reales de la población a la que dicen representar. Nuestro gobierno, así como las élites económicas situadas en la sombra, no sufren los recortes que aplican, sino todo lo contrario. Las empresas del Ibex 35 tienen cada vez mayores beneficios y los políticos siguen legislando a su favor. Los trabajadores, desengañados, empiezan a buscar ejemplos de que otro tipo de líder es posible. Ahí entra Pepe Mujica, un caso de escopeta. El presidente más pobre del mundo, le llaman. Se ha convertido en una figura emblemática para muchos, ya hartos de políticos que muestran un desapego exacerbado por los trabajadores, a los cuales sólo buscan durante la campaña electoral.
Pepe Mujica es un antiguo guerrillero perteneciente al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) que surgió en los años 60 y sería derrotado en 1972, un año antes de la dictadura militar. Mujica, al igual que muchos otros dirigentes tupamaros, pasó más de una década en prisión y, una vez recuperada la democracia, sería liberado por una ley de amnistía para presos políticos. El MLN-T se integraría, en 1989, a la coalición política de izquierdas Frente Amplio (FA), donde gestó la coalición llamada Movimiento de Participación Popular (MPP).
Mujica obtendría un puesto de Diputado con el FA en las elecciones de 1994, donde derrotarían al Partido Colorado (derecha), siendo Tabaré Vázquez el presidente resultante y Mujica el primer Tupamaro con un cargo público. Después de tantos años de dictadura y clandestinidad, la izquierda había llegado al poder. Las calles del país se desbordaron de trabajadores emocionados y cánticos revolucionarios por la hazaña lograda. La izquierda gobernaba y ahora empezarían las políticas destinadas a mejorar la vida de los trabajadores. O eso creían.
Mujica se hizo ya famoso en esa época por su austeridad, cuando acudía a las sesiones parlamentarias en una Vespa. En 2010 llegaría a Presidente de la República Oriental de Uruguay tras la reelección del FA y, una vez en el gobierno, no cambiaría su estilo de vida. No se mudó al palacio de gobierno sino que se mantuvo en su pequeña residencia junto a su esposa Lucía Topolansky (también antigua guerrillera del MLN-T) y dos escoltas. Tampoco acudió al coche oficial ni a ningún lujo en particular. Se trata de un presidente cercano que retomó la antigua práctica de pasear y conversar con los vecinos, como se hacía en los años 50 en Uruguay, antes de la llegada del FMI. Además, dona el 90% de su sueldo a proyectos y causas benéficas. Esta faceta austera es lo que le ha reportado fama internacional.
Su discurso se caracteriza por ser muy filosófico y rompedor de los estándares y costumbres usuales de los poderosos. Habla sin tapujos de la necesidad de proteger el medio ambiente, de lo malo y vacío del consumismo desmedido o de que el capitalismo no aporta realmente aquello que nos hace ser felices. Palabras atractivas pero que, por desgracia, no han ido acompañadas por hechos en la misma linea.
A pesar de que se han logrado cambios en el país (ayudas para los más pobres, el seguro nacional de sanidad, ley de matrimonio homosexual, aborto o legalización de la marihuana), realmente no se ha legislado en favor de los intereses de los trabajadores uruguayos. El modelo económico, salvo algunas excepciones, sigue siendo básicamente el mismo.
Mujica, con un discurso que aboga por la protección del medio ambiente, ha apostado por empresas transnacionales que están contaminado el país y que gozan, además, de exoneraciones y beneficios tributarios. Nunca en Uruguay ha habido tantas tierras en manos de las transnacionales. Algunos ejemplos son las empresas relacionadas con las papeleras, las cuales plantan eucaliptos para sus productos, destrozando la tierra; las empresas que cultivan soja transgénica con agrotóxico; o el proyecto Aratirí, relacionado con la megaminería a cielo abierto para la extracción de hierro, práctica con un alto impacto contaminante sobre el medio ambiente. Existe una contradicción flagrante entre el discurso del presidente y los hechos.
La pobreza ha sido reducida en el país, pero la tercera parte de los trabajadores uruguayos tienen ingresos inferiores a los 14.000 pesos al mes cuando se ha calculado que, para una familia media de 4 personas, se necesitarían unos 50.000 pesos al mes para cubrir las necesidades básicas. Los ricos, sin embargo, siguen enriqueciéndose. Es cierto que los sueldos han subido y que el porcentaje de desempleo es bajo, pero en su mayor parte se trata de empleo precario.
Uruguay es un país de 3 millones de habitantes con 12 millones de cabezas de ganado pero, sin embargo, la carne tiene unos precios desorbitados. En lugar de desarrollar industrias para generar valor agregado en este mercado (industrializar la materia prima), se exporta el producto primario y se enriquecen los productores. Uruguay no transforma los productos, los exporta y el mercado interior no ve beneficios.
El gobierno de Pepe Mujica se ha alejado del programa inicial del FA, que era anti-imperialista y anti-oligárquico. Se alineó con la rama más socialdemócrata de la coalición (representada por Danilo Astori, vicepresidente de Uruguay), reproduciendo el discurso de que hay que desarrollar el capitalismo, incluyendo traer a grandes transnacionales al país, para llegar al socialismo. Dice además ser partidario de un capitalismo bueno y humano. Este alejamiento del gobierno ha provocado la aparición de un sector crítico que reivindica el antiguo programa frenteamplista. Además, las políticas del gobierno de Mujica y del primer presidente del FA Tabaré Vázquez, han traído la resignación y la desafección por la política por parte de los uruguayos al verse traicionados por los políticos, tal y como sucede en España.
El sistema productivo de Uruguay no ha cambiado. Mujica obedece los dictados del FMI y el Banco Mundial, en detrimento de los trabajadores, que han visto, decepcionados, cómo la socialdemocracia ha tomado el control y ha dejado a Uruguay dependiente del capital extranjero. Después, Mujica sale al exterior con su imagen austera, su discurso grandilocuente y filosófico que a todos agrada y sorprende pero, a pesar de haberse conseguido cosas, el gobierno se vendió al capitalismo y a las grandes empresas, incumpliendo el viejo programa del FA.
El problema principal, del cual se deriva el resto, es que Mujica y su equipo han negado la lucha de clases. Suyas son frases como “Para que haya redistribución, los capitalistas han de ganar dinero”. Esto es un absurdo. No se puede redistribuir partiendo de la base de que las empresas gozan de grandes beneficios, exenciones fiscales y que no se les imponen apenas condiciones al instalarse en Uruguay. Mujica aboga por “sacar lo mejor del sistema” pero, ¿cómo sacar lo mejor de las transnacionales, que se instalan porque pagan escasos impuestos, tienen a los trabajadores en condiciones precarias y no respetan el medio ambiente? Se está actuando como si se pudiese gobernar para los ricos y para los pobres a la vez, cuando tienen intereses de clase contrapuestos. Como digo, el principal problema es la negación de la lucha de clases. ¿Existe redistribución posible sin tocar los privilegios del poder económico? ¿Se puede gobernar para el poder económico y para la gente de la calle por igual? Claramente, no. La prueba es que, a pesar del enorme crecimiento del PIB del país en los últimos años, no ha habido una redistribución eficiente que haya beneficiado a los trabajadores tanto como debiera y, sin embargo, los ricos se han enriquecido como nunca. Se trata de la clásica política socialdemócrata.
No es extraño que los grandes medios alaben a Mujica. Las políticas del presidente uruguayo benefician enormemente a los propietarios de los mismos. Si hubiese incorporado el antiguo programa del FA, cuyas propuestas giraban en torno a no pagar la deuda externa ilegítima, una reforma agraria que favoreciera a los trabajadores o nacionalizar la banca; ni Jordi Évole le habría entrevistado ni tendríamos la imagen que tenemos de él. Los medios se habrían encargado de mostrárnoslo como un dictador más y todo el mundo lo aceptaría a ciegas, como aceptan ahora que es el mejor presidente del mundo, sin saber qué políticas ha llevado a cabo y cómo estas han repercutido en la clase obrera uruguaya. Si se legisla en favor de los intereses del capital, los medios controlados por el mismo te presentan favorecido, si lo haces en favor de los trabajadores (y, por consiguiente, en contra del capital), esos medios te muestran al mundo como un político antidemocrático. Ejemplos hay de sobras.

En definitiva, por muy buenas intenciones que tuviese Mujica tanto en sus años de tupamaro como en la actualidad, que no las pongo en duda, un país no se cambia sobre la base de la actitud de una persona (aunque sea el presidente), sino sobre la organización y la construcción de un tejido social fuerte y crítico y unas políticas concretas dirigidas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. No podemos creer a ciegas, como se hace en España, que Uruguay va perfectamente sólo fijándonos en el estilo de vida de su presidente (aunque este sea admirable, como en su caso). Es necesario averiguar y adentrarse en las políticas que repercuten en la vida cotidiana de las personas para conocer su realidad. Sólo entonces podremos sacar conclusiones. Pero si únicamente nos quedamos con la filosofía y la fachada de su presidente, estaremos cayendo en la trampa de la clase dominante una vez más.

Mujica reunido con el multimillonario Rockefeller

domingo, 11 de mayo de 2014

LOS MAGNATES UCRANIANOS Y LA DEMOCRACIA


Son ya muchos meses de conflicto ucraniano y no parece que el desenlace final esté cerca. Mientras grupos fieles al gobierno golpista de Kiev (en muchos casos radicales nazi-fascistas) intentan liquidar cualquier atisbo de oposición en el este del país (que se ha cobrado ya decenas de vidas), el nuevo gobierno autoproclamado pide ayuda al FMI, lo que se traducirá en salvajes recortes y subidas de impuestos.

Tres batallas distintas se están dando en el país en la actualidad. La primera, en el este, brutal y descarnada, donde los grupos Sector Derecho y Svoboda, financiados por EEUU y la OTAN, son responsables de la matanza producida en Odessa y otras ciudades. Los medios afines, por su parte, contribuyen a esta masacre ocultando a los culpables. La segunda, más sutil y cuyos efectos se verán más a medio y largo plazo, es la batalla entre los oligarcas por el control de los recursos naturales e industrias ucranianas. Existe, sin embargo, una tercera batalla. Es la que se libra entre la OTAN y Rusia, donde Ucrania no es más que una pieza geoestratégica clave.

Los grandes medios españoles atribuyen la catástrofe de Odesa a un choque de fuerzas y se oculta a los culpables

Un punto de inflexión serán las próximas elecciones en Ucrania, que han de celebrarse el 25 de mayo. ¿Quién se presenta a dichas elecciones?

Los candidatos más importantes son Petro Poroshenko y Yulia Timoshenko.

Petro Poroshenko es un magnate ucraniano independiente que, según la revista Forbes, posee unos 1.300 millones de dólares. Entre 2007 y 2012 estuvo al frente del consejo del Banco Nacional de Ucrania. Es el favorito de las encuestas (roza la mayoría absoluta) y dice ser contrario a que Ucrania ingrese en la OTAN por ahora. Fue uno de los líderes visibles del Maidán, apoya al nuevo gobierno y exporta muchos de sus productos al mercado europeo.

Timoshenko es conocida actualmente por su odio a los rusos (a pesar de sus contactos con Moscú en el pasado, en relación a sus negocios privados). Gracias a su buena relación con el antiguo presidente Lazarenko (que, según se sospecha, robó unos 200 millones de dólares y fue detenido en EEUU y condenado por blanqueo de dinero, fraude y extorsión), se enriqueció enormemente mediante la empresa relacionada con el gas que tenía en propiedad junto a su marido. Posteriormente se pasaría a la política, siendo viceprimera ministra y encargada de la Energía en 1999. Fue destituida en 2001 por el presidente Kuchma, debido a asuntos relacionados con su empresa, tras la detención de su marido.

En 2004 estalla la Revolución Naranja y Timoshenko sería una de sus protagonistas. Esta “revolución” traería al poder a Víktor Yúshchenko, del partido “Nuestra Ucrania”, de toque liberal, proeuropeísta y de derechas. Timoshenko sería primera ministra pero ciertas medidas, como la de imponer por decreto la eliminación de las deudas de su empresa con el Estado, forzaron de nuevo su destitución.

Según The Independent, un bufete inglés reveló que Timoshenko y su marido habían tenido decenas de cuentas corrientes en bancos europeos. Además, en 2011, sería condenada a siete años de cárcel por abuso de autoridad. Una carrera brillante.

Tras la “revolución” del Maidán, el gobierno autoproclamado la sacó de la cárcel (estuvo 2 años y medio). Timoshenko fue recibida como una estrella en el Congreso del Partido Popular Europeo.

Cospedal saluda a Timoshenko en el Congreso del PPE

Para mostrar el talante democrático de esta señora basta con citarla brevemente. En una ocasión dijo: "Hay que tomar las armas y matar a los malditos rusos", en referencia a los rusohablantes que habitan el este del país. Una aberración, sin duda. No obstante, la segunda cita es de un nivel democrático similar. En una rueda de prensa, dijo: “Si el país elige a otro presidente, creo que tenemos que ir a la tercera ronda de la revolución”. Se trata, ya de entrada, de un sinsentido: ¿Cómo una de las personas más ricas del país y con su historial podría liderar una revolución que se dijese popular, justo después de unas elecciones?

El Partido de las Regiones (del depuesto Yanukóvich) también se presenta a las elecciones, a pesar de que cuenta con un apoyo escaso. Su candidato es Mijailo Dobkin. Este partido fue financiado por grandes magnates como Akhmetov (hombre más rico de Ucrania con intereses en la industria, banca y medios de comunicación). Se trata de un partido contrario a la OTAN que aglutina a diferentes grupos políticos con ideologías divergentes y defensor de la amistad con Rusia. Hay que decir que bajo el gobierno de Yanukóvich ya se impusieron medidas del FMI que desembocaron en una tasa de indigencia del 25% y a que 1 de cada 8 ucranianos viva en la extrema pobreza, entre otros escalofriantes resultados.

Los demás partidos que se presentan no tienen, según las encuestas, opciones para ganar. Podríamos destacar a los fascistas Svoboda y Sector Derecho, responsables de decenas de muertes en el este de Ucrania pero también en Kiev, donde se demostró que los francotiradores que asesinaron manifestantes en Maidán no fueron puestos por Yanukóvich, sino por ellos. Por si fuera poco, se agrede, amenaza y asesina a la oposición, como ya denunció la dirigente del Partido Socialista Progresista de Ucrania, Natalia Vitrenko, a la que nadie ha hecho el menor caso. Parece que no hay intención alguna de prohibir a estos grupos nazi-fascistas. Sin embargo, el Partido Comunista de Ucrania, que impulsó con 3,5 millones de firmas un referéndum ciudadano para votar acercarse o no a la UE, ha sido expulsado del Parlamento (y, a este paso, ya veremos si les dejan presentarse a las elecciones).

Oleh Tyahnybok (Svoboda) junto a McCain en Kiev y haciendo el saludo nazi.

¿Qué tienen en común estos partidos políticos? Pues que todos parecen responder a los intereses de los grandes empresarios ucranianos (proeuropeos o prorrusos). O bien han estado financiados por ellos o los encabezan directamente. Ninguno busca proteger los intereses de los trabajadores, que sufren una crisis brutal desde hace años.

El propio gobierno autoproclamado, que los medios venden como legítimo y surgido de una revolución popular, es un mísero títere de EEUU. Una conversación filtrada entre Victoria Nuland (responsable del Departamento de Estado para asuntos europeos de EEUU) y el embajador de EEUU en Ucrania que decía que había que poner en el poder a Arseny Yatseniuk (actual primer ministro de Ucrania, del partido conservador “Patria”) es una muestra de ello. Ni a EEUU ni a nadie le importan los trabajadores ucranianos, sólo quieren Ucrania para sus intereses: arrinconar a Rusia, obtener materias primas y un nuevo mercado donde llevar sus productos. Esta es la tercera batalla (geoestratégica e imperialista) que he nombrado anteriormente.

Arseny Yatseniuk haciendo el saludo nazi

¿Qué se juegan los ucranianos en las elecciones del 25 de mayo?

Tristemente, decidir a qué oligarca entregan el país en bandeja. Ya hemos visto a los candidatos con posibilidades de ser escogidos, todos grandes empresarios y, por consiguiente, con intereses de clase contrapuestos a los de la clase obrera. Estas elecciones son un fraude, donde ambos partidos responden a los intereses del capital. La comunidad internacional reconoce estas elecciones como legítimas, pero no los referéndums que se han celebrado en Donetsk o Lugansk, donde el ejército de Kiev ha disparado y asesinado a civiles. ¿Por qué se reconocen unas elecciones y otras no? Porque con las primeras salen beneficiados y con las segundas no.

Por otro lado está Rusia, que ha denunciado la ilegalidad del gobierno de Kiev. Aunque esta acción sea razonable, no hay que olvidar que Putin no es precisamente el mayor defensor de los DDHH y que, como ya he dicho, combate contra la OTAN, no por el bienestar de los ucranianos. Tiene sus intereses. No actúa por filantropía. Ucrania es de vital importancia. Si esta cae, la OTAN llegará hasta sus fronteras y no puede permitirlo. Los trabajadores ya sufrían una dura crisis cuando gobernaba Yanukóvich y no vimos a Putin preocupado por ellos en ningún momento (ni a él ni a nadie). A pesar de eso, no ha sido Rusia quien ha provocado este conflicto.

Los grandes medios venden a Rusia como el gran enemigo de Ucrania, ocultando la implicación de EEUU y la UE en la financiación de grupos nazis y el golpe de estado del actual gobierno (el cual ha suprimido, por ejemplo, la celebración del día de la Victoria sobre los nazis, acto que les describe a la perfección); así las políticas antidemocráticas del mismo (como la prohibición de programas de los canales rusos para impedir que la ciudadanía reciba información distinta a la gubernamental y obtener la hegemonía con la que controlar a la población).

El gobierno golpista ya ha pedido ayuda al FMI, cuyas políticas han fracasado desde Latinoamérica hasta África y Europa. ¿Qué legitimidad tiene este gobierno, al que nadie ha votado, para pedir ayuda al FMI, sabiendo lo que esto significa? Recordemos que los partidos que conforman este gobierno se opusieron a que los ciudadanos votasen sobre la UE en un referéndum. Ucrania podría recibir hasta 27.000 millones de dólares de “ayuda”, lo que provocará duros recortes como los que ya han fracasado en Grecia, España y Portugal, generando más y más desempleo. Se espera también una ayuda de 1.600 millones de euros de Europa, 1.000 millones de dólares de EEUU y 1.500 millones de dólares de Japón. Todo esto tendrán que devolverlo con creces los trabajadores. Ya se han tomado medidas como la subida del 50% del precio del gas a la población y, por otro lado, las instituciones públicas tendrán que despedir a 24.000 de sus 249.000 empleados y se suprimirán los complementos a las pensiones para funcionarios, jueces y militares. ¿A alguien le suena la historia?

En definitiva, Ucrania se hunde entre el fascismo, los magnates y el imperialismo (elementos siempre relacionados estrechamente) y no parece que haya una solución para aquellos que están sufriendo la crisis en sus carnes. Ojalá los ucranianos se den cuenta de lo que representan estas elecciones y encuentren una solución. Los obreros, maltratados por los grandes empresarios, ha de tomar conciencia, luchar como clase y divisar a los enemigos reales, que mediante engaños buscan únicamente enriquecerse. El fascismo ha resurgido en Ucrania y ni la UE ni la OTAN van a denunciarlo, ya que son ellos los que lo han financiado y animado para desestabilizar el país y poder crear un gobierno que les beneficie. Ojalá la clase obrera ucraniana sea capaz de echar al imperialismo y decidir libremente su futuro, no con unas elecciones en las que sólo podrá elegir entre magnates proeuropeos o prorrusos.

La excusa utilizada en varias ocasiones por el actual gobierno ucraniano y EEUU ha sido la de defender el país de la malvada Rusia. Vemos, sin embargo, que la patria no tiene nada que ver en esto, ya que el gobierno ilegítimo no ha dudado en vendérsela al FMI a la primera de cambio. No es la patria lo que buscan proteger, sino sus intereses, los de los grandes empresarios.




Toni Velasco (@avelasgar)

domingo, 27 de abril de 2014

LOS EMPRESARIOS ESPAÑOLES Y LA VIGENCIA DE LA LUCHA DE CLASES.



Las redes sociales se han incendiado estos días por las declaraciones de Mónica de Oriol (presidenta del Círculo de Empresarios), en las que decía que los trabajadores sin formación deberían cobrar por debajo del SMI porque no sirven para nada, que se debería reducir el coste del despido hasta los 18 días por año y que los trabajadores que cobran subsidios por desempleo acaban siendo unos “parásitos” del sistema.

A pesar de la dureza de las declaraciones, éstas no son, ni mucho menos, aisladas. Hace pocas semanas pudimos oír al presidente del Círculo Empresarial Leonés, Ángel Crego, decir que no entendía “por qué el trabajador no paga 45 días por cada año que la empresa le ha estado pagando un sueldo y le ha dado trabajo”, en lugar de hacerlo la empresa.

Estos son sólo dos ejemplos de los muchos que al lector le habrán pasado por la mente. Otros casos sonados fueron el de Joan Rosell (Presidente de la CEOE) justificando los paraísos fiscales y defendiendo que los empresarios españoles los utilizasen, “aunque sea malo para España” (¿dónde queda aquí la Marca España?); el de José de Cavada (responsable de relaciones laborales de la CEOE) criticando los 4 días de permiso por defunción de un familiar o Díaz Ferran y su famoso “Hay que trabajar más y cobrar menos”.

¿Tan mala gente son para decir cosas como esas? No es eso. Simplemente defienden sus intereses de clase. Marx ya descubrió la composición de la sociedad en clases en el siglo XIX. Declaraciones como las anteriores y la mayoría de las políticas de nuestro gobierno, entre otras cosas, confirman la teoría del filósofo alemán.

Marx llegó a diferenciar un elevado número de clases sociales pero, para simplificar, se suele hablar de dos principales: la explotadora (la burguesa, que posee los medios de producción, o sea la que es dueña de las fábricas, máquinas, etc) y la explotada (la proletaria, que vende su fuerza de trabajo para poder vivir, o sea la que trabaja para la clase explotadora y recibe un sueldo a cambio). Estas clases están necesariamente relacionadas entre sí tanto en el sistema capitalista como en los sistemas anteriores (feudal, esclavista, etc). Estas relaciones son las denominadas relaciones de producción, derivadas del sistema económico en el que nos encontremos (éstas son distintas en el sistema capitalista, en el esclavista, comunista, etc). A partir de estas relaciones históricas entre las clases sociales y otros elementos, Marx desarrolló la teoría del materialismo histórico.

A partir de todos estos elementos, Marx identificó lo que denominó “lucha de clases”, que no es otra cosa que los conflictos sociales derivados de la confrontación entre las clases sociales existentes en la sociedad, ya que éstas poseen intereses de clase totalmente contrapuestos (por lo tanto jamás podrán ponerse de acuerdo al 100%). Marx explicó que siempre hay una clase social que somete a la otra. En la rusia zarista o la sociedad francesa de Luís XVI, la aristocracia tenía sometida a la clase burguesa hasta que esta se rebeló y tomó el poder violentamente. En la actualidad, la clase burguesa (minoritaria en cuanto al número de personas que la conforman) explota a la clase trabajadora (mayoritaria).

Un simple ejemplo de lo que son los intereses de clase contrapuestos de trabajadores y burgueses sería, por ejemplo, que el trabajador quiera tener un sueldo más elevado o que quiera trabajar menos horas. Si el jefe accede a las peticiones del trabajador, perderá parte de su ganancia. Por eso jamás puede haber consenso entre ellos.

¿Qué tiene que ver esto con Mónica de Oriol? ¿Por qué digo que ella tiene conciencia de clase?

Al hacer esas declaraciones, Mónica de Oriol está defendiendo los intereses de su clase (la burguesa) frente a la clase trabajadora. Si el gobierno aceptase sus peticiones, ella y los de su clase obtendrían mayores beneficios. Por eso Rosell defiende los paraísos fiscales o Ángel Crego pide que sean los trabajadores los que paguen a la empresa cuando se les despide. Todas esas declaraciones tienen en común que benefician a la clase burguesa. Eso es tener conciencia de clase: saber que se pertenece a una clase social concreta con unos intereses determinados y opuestos a los de la otra clase y, por consiguiente, luchar por ellos. No son necesariamente malas personas, pero sus intereses de clase les empujan a decir esas cosas y actuar de una manera determinada. Ellos saben que si el gobierno aceptase sus propuestas las condiciones de vida de los trabajadores empeorarían; pero ahí radica la lucha de clases, en los intereses contrapuestos de éstas. Por eso ambas clases jamás podrán ponerse de acuerdo.

El problema de todo esto no es que Mónica de Oriol o Ángel Crego hagan esas declaraciones (las cuales encajan perfectamente dentro de los intereses de la clase a la que pertenecen), lo malo es que ellos tienen conciencia de clase y los trabajadores no. ¿Cuántos grandes empresarios votan a IU o la CUP y pactan los sueldos libremente con los trabajadores? Ninguno. Sin embargo, ¿cuántos trabajadores votan a partidos que defienden los intereses de la clase burguesa como el PP, PSOE o CiU entre otros? Millones. Ahí está el verdadero problema.

Recordemos a modo de ejemplo, que PP y PSOE pactaron cambiar el artículo 135 de la Constitución (esa que, sin embargo, es intocable para otras cosas), el cual pone el pago de una deuda generada, en última instancia, por grandes bancos, como prioridad máxima, dejando en un segundo lugar la educación, la sanidad o las ayudas a la dependencia. ¿Acaso no es esto un salvaje ejemplo de lo que es la lucha de clases en la actualidad? Bancos de grandes empresarios (clase burguesa), debido a la especulación que hicieron durante años (la cual les hizo ganar muchísimo dinero), generaron una deuda que está pagando la clase trabajadora (miles de millones de dinero público, o sea de los impuestos que pagan los trabajadores, se destinaron a salvar de la quiebra a esos bancos privados) y, por si fuera poco, se está recortando a la clase trabajadora en sanidad, educación, dependencia, etc, para poder pagar esa deuda. La clase burguesa no necesita la sanidad o la educación pública, ellos acuden a la privada. Pueden pagarla. Ya pueden recortar lo que quieran de la pública. Es más, si fuese por ellos, no existiría ni la educación ni la sanidad pública, ya que son negocios que podrían darles más beneficios si se privatizasen y los controlasen (seguro que recordaréis la que se montó cuando quisieron privatizar los hospitales madrileños, eso también es lucha de clases).

¿Por qué digo que la clase trabajadora está pagando esa deuda? ¿Acaso los grandes empresarios no pagan impuestos también? Estas preguntas se pueden responder con esta imagen:


Si se está pagando esa deuda mediante recortes en servicios públicos y con dinero público recaudado con los impuestos, pero por otro lado vemos que los grandes empresarios no utilizan los servicios públicos y evaden impuestos, creo que queda claro quien está pagando esa deuda (generada, lo digo una vez más, por la clase burguesa).

Este es tan sólo uno de los muchos ejemplos de que PP y PSOE legislan en favor de la clase burguesa. Pondré otro pero no me extenderé más. Es el siguiente.


Las grandes empresas, beneficiadas por la reforma laboral del gobierno, han echado a miles de trabajadores y, por otro lado, han obtenido enormes beneficios. Lucha de clases pura y dura. Creo que queda claro para qué clase social legisla nuestro gobierno.

Pero ¿por qué los trabajadores no tienen conciencia de clase y votan a partidos que obedecen a los intereses de la clase opuesta a la suya?

Marx y otros estudiosos marxistas tienen, de nuevo, la solución. Hay varios conceptos que permiten responder esa pregunta: Hegemonía, falsa conciencia, alienación y superestructura.

Hay quienes creían que, por el mero hecho de pertenecer a la clase trabajadora, ya se desarrollaba conciencia de clase obrera. Más tarde se vio que no era así. Marx y otros estudiosos como Lukács hablaron entonces de la “falsa conciencia”, que implica que no existe una relación entre pertenecer a una clase social y desarrollar conciencia de esa clase. Esta falsa conciencia es un producto de la “alienación”, la cual significa que se puede pertenecer a la clase trabajadora y no tener la sensación de estar explotado o incluso defender los intereses de la clase explotadora. El sistema capitalista en el que nos encontramos hace que la sociedad burguesa generalice unas relaciones determinadas que reproducen la dominación sin que los trabajadores se den cuenta.

Pero ¿cómo hacen eso? ¿Cómo logran que el trabajador vote a un partido que va en contra de sus intereses?

Aquí entran los dos conceptos restantes. Gramsci definió el término “hegemonía” como: hacer que una clase sea la dominante mediante la reproducción de los valores de su ideología y haciendo que los explotados (en este caso los trabajadores) compartan los valores, ideología y cultura de la clase que les domina. Esto significa hacer que la clase a la que explotas piense como tú y crea que tus intereses son los mismos que los suyos. Es lo que sucede en España.

¿Y cómo lo logra? Pues mediante la superestructura. El marxismo dice que una sociedad está compuesta, básicamente, por 2 elementos: la estructura económica (o infraestructura, en nuestro caso el capitalismo) y la superestructura que evita que la primera se derrumbe. La superestructura se compone de todos los elementos culturales, políticos, jurídicos, religiosos, etc, de una sociedad. Ésta representa a la clase dominante y se utiliza para someter a la clase explotada (los medios de comunicación son una de sus mejores armas).

Pongo un ejemplo para aclarar esto. ¿Por qué se han criminalizado la PAH o las protestas del 22M y, sin embargo, se apoya a la oposición venezolana, que ha incendiado 15 universidades, 11 centros de salud y ha matado a decenas de personas? ¿Por qué se acepta según qué violencia?

Simplemente porque la PAH, las marchas del 22M y el gobierno venezolano defienden los intereses de la clase trabajadora (en mayor o menor medida) y, por lo tanto, están perjudicando a la clase dominante. Ésta ha de contraatacar y lo hace con las armas que tiene a su alcance. Gracias a los medios de comunicación, que están al servicio de los grandes empresarios (clase burguesa), muchos trabajadores españoles están en contra del gobierno de Nicolás Maduro. La clase trabajadora española se ha posicionado en contra de un gobierno democrático que defiende los intereses de los trabajadores venezolanos. Ojalá tuviésemos aquí un gobierno que ha entregado 500.000 viviendas a los trabajadores, en lugar de echarlos de sus casas y dejarlos con deudas impagables de por vida; o que ofrece estudios universitarios gratuitos, en lugar de echar a los estudiantes que no pueden pagarse la matrícula. Sin embargo, relacionamos al gobierno venezolano con una dictadura y con la represión y violación de los DDHH, mientras España acumula 77 condenas internacionales por sus reiterados incumplimientos de la legalidad internacional y los DDHH, pero eso no se cuenta en los medios de comunicación. También hay trabajadores que están en contra de las acciones de la PAH. Eso es no tener conciencia de clase porque se asume el discurso de los medios (o sea el de la clase dominante) como el único válido. La clase dominante ha logrado la llamada hegemonía. Lo mismo sucede con los trabajadores que votan al PP o al PSOE, entre otros. Han olvidado que los medios tiene propietarios cuyos intereses son contrarios a los suyos, pero asumen su discurso como el suyo propio.

Portada del último número de la revista Cafè amb llet. ¿Quién controla los medios?

Recapitulando. Las declaraciones de los grandes empresarios no son casuales. De hecho, son lógicas si tenemos en cuenta quiénes son y qué intereses defienden. Habrá muchas más. La lucha de clases está ahí. El verdadero problema es que los trabajadores han olvidado que son una clase social que tiene unos intereses determinados y no pueden luchar por ellos, ya que están dispersos y alienados por el discurso hipnotizante de la burguesía. No pueden responder con fuerza ante los grandes empresarios ni las políticas del gobierno. Si los trabajadores tuviesen la mitad de la conciencia de clase que tienen los grandes empresarios, estos no osarían hacer semejantes declaraciones, ya que, al día siguiente, tendrían una revolución obrera en las calles que les echaría del poder. Sin embargo, mientras la clase obrera (en su mayoría) siga dispersa y dormida en los laureles, pueden decir cuanto se les antoje.

Ya dijo José Luis Sampedro que “la gente no está loca, está manipulada”. Ejemplos de esta manipulación no faltan.





Toni Velasco


@avelasgar

domingo, 6 de abril de 2014

LA SEXTA NOCHE, ALFONSO ROJO Y EL CIRCO MEDIÁTICO DE LA POLÍTICA.


La Sexta Noche se ha convertido en un popular programa de tertulia política. Ada Colau, portavoz de la PAH, fue invitada ayer al susodicho programa, donde se vio las caras con algunos de los representantes de la fauna típica del mismo: los periodistas Paco Marhuenda, Eduardo Inda y Alfonso Rojo.

Creo que es fundamental comentar y no dejar pasar intervenciones como una de las realizadas la noche del sábado 5 de este mes por Alfonso Rojo, la cual es sólo una muestra de lo que vemos todos los días en los programas de tertulia y debate político que tan de moda se han puesto últimamente. Es cada vez más evidente en este tipo de programas la primacía de la audiencia sobre la búsqueda de la verdad o algo tan básico como es el respeto. Esta clase de tertulias se han convertido en una especie de circo, donde la humillación y la falacia están a la orden del día. No hay limites. Todo vale cuando el fin ultimo es crear polémica y aumentar la audiencia.

Vídeo de la trifulca entre Ada Colau y los tertulianos de la derecha. Alfonso Rojo interviene en el minuto 15.

La falta de argumentos sólidos deriva en la necesidad de desacreditar al contrincante por la vía de la descalificación personal (falacia ad hominem), dejando en un segundo plano el problema originario al cual se pretendía, en principio, encontrar una solución (lo que es la finalidad de un debate). Situaciones como la sucedida ayer entre Alfonso Rojo y Ada Colau son una clara muestra de este fenómeno, donde el tertuliano, incapaz de responder con coherencia, opta primero por la falacia y segundo por el insulto.

Una de las cosas que hizo Alfonso Rojo fue comparar el gasto en lotería o comidas de noche buena en España con la renta per cápita y el gasto en sanidad o en alimentación en los países africanos más pobres del mundo. ¿Quiere decirnos el periodista que, como en España se gasta más dinero en cosas “superfluas” que en Burundi o la República del Congo en productos de primera necesidad, debemos resignarnos y aceptar que nos recorten derechos o nos echen de nuestras viviendas? No es casual que sean siempre los que no sufren los recortes los que saquen estos temas. Para ellos España va bien cuando baja la prima de riesgo, aunque crezca la pobreza o la brecha entre ricos y pobres. Va bien porque no es la pobreza de los suyos la que aumenta. Va bien porque son sus riquezas las que aumentan, en detrimento, por supuesto, de los derechos de los trabajadores.

Si se produce esta desigualdad en el consumo entre países es por la expansión mundial del modo de producción capitalista que defiende el propio Rojo. En este modelo, cada país ocupa un lugar determinado (unos aportan las materias primas, otros la mano de obra barata, otros el consumo, etc) y son arrastrados por las exigencias del mismo. En los países africanos, el salario de los obreros sólo cubre lo necesario para la subsistencia (consumo productivo) ya que el mercado interno es inexistente. Todo se exporta a Europa o EEUU, entre otros lugares. Es ahí donde los salarios se destinan también al consumo y no únicamente a la subsistencia. Los trabajadores mantienen el sistema con parte de su salario. Por lo tanto, si en Occidente se consumiera únicamente lo necesario para la subsistencia, el modelo capitalista mundial se colapsaría (aunque eso pueda y vaya a suceder por otros elementos de este sistema contradictorio). Rojo no hace otra cosa que exponer las enormes y evidentes desigualdades que ha producido el sistema capitalista que a él tanto le gusta y se lo echa en cara a Ada Colau como argumento para defender su teoría de que España realmente “va bien”.

Parece que Alfonso Rojo no supiera que el hecho de comprar un billete de lotería o comer gambas en navidad no quiere decir que los españoles tengan un alto nivel adquisitivo. Esto lo puede deducir cualquier persona sin mayores explicaciones.

Tras el habitual repertorio de Rojo de falacias, comparaciones absurdas y declaraciones sin fundamento, el periodista pasó a hacer uso de la descalificación personal (utilizada habitualmente también por sus colegas Inda y Marhuenda ante la falta de argumentos sólidos). Las palabras exactas que el periodista emitió durante la acalorada discusión que mantenía con Ada Colau sobre la realidad económica de los españoles fueron: "Estás muy gordita para el hambre que se pasa". Con estas “desafortunadas” palabras, Rojo dejó en evidencia su falta de respeto y su profundo machismo, refiriéndose de forma despectiva al aspecto físico de su contrincante al verse incapaz de ofrecer una respuesta coherente. En un intento de humillar a Ada Colau se retrató a si mismo y a su absoluta carencia argumental.

No es la primera vez que un tertuliano de este programa o similares descalifica con total impunidad. El circo mediático ha alcanzado niveles insospechados con tal de aumentar la audiencia. Estamos asistiendo a la configuración de un nuevo formato televisivo en el cual el modelo “Salvame” se transporta al ámbito de la política. La finalidad es la misma: crear conflicto y polémica, trivializar los problemas o la realidad socio-política del país y mantener entretenida a la población.

Es importante que los ciudadanos que ven este tipo de programas se den cuenta de que los intereses que defiende Alfonso Rojo, Inda o Marhuenda entre otros, son los de la clase dominante, la que no está sufriendo los recortes pero que no se corta a la hora de quitar derechos a los que menos tienen. Esta élite utiliza todo lo que está a su alcance para que sus intereses no peligren y estos tertulianos son una de las muchas armas que tienen para mantener confundida a la población, evitando así que las cosas puedan llegar a cambiar.

Hay que recordar que Ada Colau y muchas otras personas de la PAH llevan 5 años luchando contra una ley hipotecaria totalmente desalmada que sólo existe en nuestro país. Una ley que permite que la deuda hipotecaria se adquiera con la persona y no con el inmueble. Una ley que, en el caso de perder la casa (como si no fuese suficiente drama), mantiene una deuda impagable de por vida. Si más españoles fuésemos como las personas que conforman la PAH y luchásemos contra las injusticias que se cometen cada día en nuestro país, a diferencia de muchos de los inmorales "cagatinta" portavoces del poder que aparecen en La Sexta Noche, los cuales se dedican a ir de plató en plató soltando barbaridades, recibiendo dinero público para sus periódicos privados y criticando toda acción ciudadana legítima, quizás entonces podríamos construir un país más justo para todos.


¡Ánimos Ada Colau! La lucha está en las calles y no en un plató de tele-basura.




Silvia Perelló (@silvia_perrello) y Toni Velasco (@avelasgar)