miércoles, 29 de enero de 2014

SI UCRANIA FUESE ESPAÑA

Las revueltas en Ucrania, que empezaron la noche del 21 de noviembre cuando el presidente Viktor Yanukóvich se negó a firmar el tratado de asociación y de libre comercio con la UE, continúan. Todos hemos podido ver imágenes y vídeos de esta supuesta revolución del pueblo en los medios de comunicación. Sin embargo, y como de costumbre, estos grandes medios nos están explicando dichos sucesos de una manera muy particular.

Basándonos en esta premisa, pretendo hacer aquí un ejercicio que consiste en trasladar el lenguaje utilizado por los medios en Ucrania a nuestro país. Al fin y al cabo, una protesta es una protesta aquí, en Ucrania, en Seúl o en cualquier otra parte del mundo ¿no? ¿Cambia el lenguaje utilizado por la prensa y la televisión dependiendo del lugar donde se suceda una revuelta “popular”? Si es así ¿A qué se debe?

Comenzamos comparando artículos y portadas de periódicos españoles en los cuales se habla, por un lado, de protestas sucedidas en España y por el otro, de las acaecidas en Ucrania. Se observa que el lenguaje es casi totalmente opuesto.


En la imagen de la izquierda hablan de la dura represión policial y de 5 muertos cuando estos ni siquiera habían sido confirmados. Por otra parte, en la imagen de la derecha (manifestación pacífica del 15M en la Puerta del Sol) se decía que los manifestantes estaban atentando contra “la integridad estatal”.

Parece que los malos en la portada de la derecha son los policías y el gobierno de Ucrania y en la de la izquierda el malo es el pueblo. Es necesario decir que el gobierno de Ucrania no es ningún santo, pero lo que demuestra esta simple comparativa de portadas es que parece que para el ABC ciertas movilizaciones están justificadas (la de Ucrania en este caso) y otras no (la del 15M).


El periódico El Mundo no se queda atrás. No se corta al tildar de “atentados” los sucesos de Gamonal y hablar de “violencia contra la democracia” mientras defiende que hay que esperar a las elecciones.

Por otro lado, su lenguaje es totalmente distinto al hablar de Kiev. Se refiere a los manifestantes como “población aterrorizada que no renuncia a luchar por sus derechos”.

Vuelve a parecer que hay ciertas revueltas que son aceptadas y otras que no lo son, en este caso para el periódico El Mundo. ¿Acaso no luchaban por sus derechos los vecinos de Gamonal? El lenguaje es totalmente distinto entre una y otra protesta.

Pero no acaba aquí la cosa, hay mucho más. Si hipotéticamente en España estuviese sucediendo lo mismo que en Ucrania, ¿Cómo serían descritas estas protestas? Sería algo así:

Si Ucrania fuese España, los medios no hablarían de “gobierno español” sino de “régimen”.

Si Ucrania fuese España, los ciudadanos que protestan no serían “radicales y violentos” sino que pasarían a ser “manifestantes y activistas”, conformando “movilizaciones ciudadanas”.


Si Ucrania fuese España, la Ley de seguridad ciudadana sería una “Ley dictatorial”.

Si Ucrania fuese España, tanto la UE como EEUU apoyarían las protestas, los manifestantes  tendrían legitimidad para pedir la dimisión de un gobierno escogido democráticamente y los medios jamás hablarían de “radicales”, “violencia” o de “extrema izquierda antidemocrática”.

Si Ucrania fuese España, los medios alabarían la intromisión de líderes de países extranjeros que portan comida a los manifestantes y les alientan a seguir resistiendo para derrocar al gobierno. ¿Os imagináis que durante el 15M hubiesen venido altos cargos de otros países a animar a los manifestantes a derrocar al gobierno español? ¿Qué hubiesen dicho los medios de comunicación?

Si Ucrania fuese España, los medios no se escandalizarían al ver a los manifestantes construir barricadas, montar una catapulta, incendiar vehículos y asaltar con armas edificios del gobierno.



Si Ucrania fuese España, la UE y EEUU condenarían la violencia policial, calificándola de “antidemocrática”.

Si Ucrania fuese España, el sector democrático sería la oposición y el sector antidemocrático el gobierno.

Si Ucrania fuese España, los medios no se escandalizarían ante el secuestro de policías por parte de manifestantes (incluso se habla de torturas).

Si Ucrania fuese España, los manifestantes estarían financiados por el Gobierno estadounidense.

Si Ucrania fuese España, los medios ocultarían que uno de los partidos que está detrás de las protestas es nazi (Svoboda).

Si Ucrania fuese España, los medios no encontrarían extraño que los manifestantes, tras haber tomado el Ayuntamiento de la capital, expusieran en él la fotografía de un colaboracionista nazi.

El Ayuntamiento de Kiev, con banderas del partido fascista Svoboda y el retrato del colaboracionista nazi Stepan Bandera.

Si Ucrania fuese España, los medios no tardarían en hablar de “Revolución”, obviando la violencia de radicales de ultraderecha e incluso ocultando la simbología nazi que puede verse en las protestas.


Parece que está claro que los grandes medios de comunicación españoles adoptan uno u otro lenguaje dependiendo de las protestas y de donde se sucedan. Para comprender la razón de este fenómeno es necesario tener claro que estos medios tienen dueños que, en el caso ucraniano, se verían favorecidos si el gobierno actual cayera. ¿Por qué sino iban a apoyar a los manifestantes, algunos de los cuales se declaran abiertamente nazis? ¿Por qué no apoyaron, sin embargo, al 15M o a los vecinos de Gamonal? El lector se dará cuenta de que dichas revueltas por el contrario, no beneficiaban a los dueños de los medios, ya que iban en contra del sistema establecido, ese sistema que beneficia a las élites económicas, que a su vez incluyen a los mencionados dueños de los medios (recordemos, a modo de ejemplo, que la empresa beneficiada de las obras que iban a realizarse en Gamonal era el dueño del periódico más leído de Burgos).


Algunos manifestantes portan simbología nazi.

Los dueños de los grandes medios de comunicación son grupos económicos que suelen realizar inversiones en otros sectores (incluso el bancario) y controlar a la opinión pública mediante dichos medios les favorece ampliamente a la hora de justificar y preservar sus negocios. Además, dichas empresas también se ven beneficiadas por las permisivas y poco rigurosas políticas fiscales de ciertos gobiernos (por ejemplo la amnistía fiscal para grandes defraudadores que realizó el PP). Por lo tanto, la gente que controla los medios tiene unos intereses específicos y luchará con todas sus fuerzas (que no son pocas) para defenderlos. De hecho, si estos grandes grupos adquieren medios de comunicación, no lo hacen por filantropía, sino para proteger sus propios negocios. Mediante la manipulación intentan convencer al pueblo de que sus intereses son los mejores para todos. ¿Cuántas veces hemos oído a Rajoy decir que “no tenía otra opción”, refiriéndose a los recortes que ha llevado a cabo a lo largo de su mandato? ¿Realmente no tenía otra salida? ¿O es que las demás iban en contra de sus intereses? Pasa exactamente lo mismo con los medios de comunicación.

Por otro lado, el bombardeo televisivo de un conflicto determinado influye notablemente en la población a la hora de crear una opinión en ella. Actualmente hay decenas de conflictos en todo el mundo, pero sin embargo parece que sólo existe el ucraniano. ¿Por qué esa necesidad de emitir día tras día lo que está sucediendo en Ucrania? Esto se debe a que las grandes potencias imperialistas (EEUU, UE, Rusia, China) tienen un especial interés en este determinado país y necesitan imponer su visión y sus intereses a la población utilizando los medios que controlan y así generar presión. De este modo tergiversan lo que allí está sucediendo, tildando de dictatorial al gobierno y de héroes a los manifestantes. No es poca la gente que se dice de izquierdas que está apoyando estas revueltas a ciegas, cuando es algo mucho más complejo de lo que nos muestran los medios.


Esto no significa, que quede claro, que el gobierno actual, aunque escogido democráticamente, no esté adoptando medidas neoliberales que van en contra de los intereses de la mayor parte de los ucranianos. De hecho, la mayoría de manifestantes han salido a la calle para mostrar su disconformidad con el gobierno y la corrupción. El problema es que EEUU y la UE están utilizando la protesta del pueblo ucraniano, el cual es cada vez más pobre debido a la crisis económica, para conseguir sus propósitos. Poco le importa a la UE o a EEUU la situación de miseria que viven los ucranianos, ellos quieren privatizar las minas de carbón del país, imponer el neoliberalismo en la zona y complicarle la vida a Rusia y a China.

Se estima que 1 de cada 8 ucranianos vive en la extrema pobreza y que más del 25% de los habitantes de Ucrania es indigente. Además, el precio de la luz ha subido notablemente estos últimos años y por si fuera poco se han privatizado sectores estratégicos en favor de grandes multinacionales extranjeras. La extrema derecha, a su vez, aunque es minoritaria, también se aprovecha de esta situación para desestabilizar al gobierno y ganar adeptos. No han dudado en achacar los males que pasa el país, entre otros, al comunismo, llegando a prohibir al Partido Comunista de Ucrania en 2 regiones (partido que recogió más de 3,5 millones de firmas para hacer un referéndum para que el pueblo decidiera acercarse o no a la UE).


Esta situación de crisis y pobreza creciente ha hecho reaccionar a la oposición, que junto a altos dirigentes de la UE prometen al pueblo que alejándose de Rusia y uniéndose a la comunidad europea su situación mejorará. En nuestro país, sin embargo, estamos viendo que la UE no tiene futuro si continúa tal y como la conocemos. No obstante, una parte de la población ucraniana se ha creído estos cantos de sirena y tiene fe en una UE llena de oportunidades que les hará salir de su situación de precariedad.

Como vemos, en Ucrania existen, desde hace ya muchos años, un cúmulo de intereses cruzados entre las diversas superpotencias imperialistas mundiales por controlar económica y geopolíticamente la zona. Ni al gobierno ucraniano ni a las potencias occidentales que se están entrometiendo en los conflictos internos del país les importa lo más mínimo la situación del pueblo. Nadie sabe si esto puede desencadenar una guerra civil en el país, si el gobierno actual dimitirá o Dios sabe qué.

Ucrania no es España, ha quedado claro. Ambos países, sin embargo, tienen cosas en común: ambos pueblos están siendo manipulados burdamente (por los medios el español y el ucraniano por la oposición, la UE, EEUU e incluso Rusia), se encuentran sometidos a un gobierno corrupto y, además, están sufriendo una severa crisis que no han provocado.

El caso de Ucrania es sólo uno de los muchos ejemplos de manipulación mediática que podríamos encontrar. Otro ejemplo lo encontramos en Venezuela. ¿Acaso es una coincidencia que los medios tachen de dictador ahora a Maduro y antes a Chávez cuando ambos han sido escogidos democráticamente y nunca hayan denunciado a países realmente dictatoriales (monarquías absolutas) como Catar o Arabia Saudí (los tres países petroleros)? ¿No será que los intereses de estos grupos económicos están asegurados en Catar y Arabia Saudí pero no en Venezuela? Los medios han conseguido poner a la opinión pública de su parte y en contra de un gobierno legítimo y que está mejorando la vida de los venezolanos (aunque, por supuesto, hay cosas mejorables). Ahora intentan hacer lo mismo en Ucrania.

Este ejemplo muestra el gran poder que tienen los medios (mucho más del que la gente suele pensar) y el peligro que supone que la gente crea ciegamente lo que le dice la televisión o el periódico. Hasta que el pueblo no comprenda que a los medios los manejan personas con intereses contrarios a él, seguiremos sometidos y seremos incapaces de localizar y luchar unidos contra nuestro verdadero enemigo de clase.




Antonio Velasco (@avelasgar)

domingo, 19 de enero de 2014

Gamonal, de la resignación a la acción.

Hace ya varios días que los vecinos del barrio burgalés de Gamonal decidieron tomar partido y comenzar una movilización para detener la ejecución de unas obras de costes desorbitados que pretendía llevar a cabo el gobierno municipal del PP. Lo que empezó siendo una reivindicación local ha acabado trascendiendo en todo el Estado español, convirtiéndose en un modelo de lucha popular, a pesar de los intentos de desprestigio por parte del gobierno y los medios.

El proyecto que ha suscitado este conflicto consiste en la remodelación de la calle Vitoria para convertirla en un bulevar de 800 metros y un parking subterráneo. La obra, cuyo presupuesto asciende a la escandalosa cifra de ocho millones de euros y cinco millones más para la construcción del parking, fue adjudicada por el gobierno del PP (presidido por Javier Lacalle) a un grupo de empresas cuyo beneficiario es Antonio Miguel Méndez Pozo (una de las cuales a su vez debe varias nóminas a gran parte de sus empleados). Dicho individuo es también el propietario del periódico más leído de la provincia (Diario de Burgos) y el presidente de la Cámara de Comercio de Burgos. Si indagamos en el pasado de Méndez Pozo, encontramos que, sorprendentemente, en 1992 fue condenado a varios años de prisión por delitos de corrupción. Pero lo que es aún más sorprendente es que el empresario únicamente cumplió 9 meses de dicha condena.

El Diario de Burgos no duda en tildar de violentas las protestas vecinales


Sin embargo, la brillante carrera de Méndez Pozo no acaba ahí. Es socio de la Radiotelevisión de Castilla y León junto con uno de los empresarios imputados en la trama Gürtel, José Luis Ulibarri. Es también intimo amigo de José María Aznar, el cual indultó al entonces alcalde de Burgos, José María Peña, que fue condenado por el mismo caso de corrupción que el empresario.

El historial recitado anteriormente, de sobras conocido por los vecinos de Gamonal, ha sido detonante del enfrentamiento, pero no el único. Resulta poco adecuado que una obra de semejante magnitud pretenda ser llevada a cabo en el barrio con las cifras más altas de paro y pobreza de Burgos, donde la mitad de los parados no cobra subsidio alguno. Además, el Ayuntamiento está profundamente endeudado (643 millones según el Partido Castellano) y ha llevado adelante fuertes políticas de recortes (por ejemplo el apagado de parte del alumbrado público) y subidas de impuestos (como el IBI, entre otros).

Por si esto no fuera poco, el gobierno se tomó la libertad de cerrar dos centros de educación infantil imprescindibles por una supuesta falta de presupuesto, cuando el coste necesario para mantener al menos uno de ellos abierto era de 187.000 euros, lo que representa menos del 2,5% de lo que costarían las obras de la discordia. Ni la recogida de 13.000 firmas por parte de los vecinos de Burgos pudo evitar el cierre del centro.

Es importante comprender que la revuelta generada por el proyecto del bulevar y el parking simplemente ha sido el último de varios casos de corrupción urbanística. Prueba de ello es que Burgos era la cuarta ciudad de España con los precios más altos en la vivienda, a pesar de no ser una ciudad de grandes dimensiones o importancia.

En 2005 el Gamonal vivió una situación similar a la actual, cuando los vecinos tuvieron que manifestarse para evitar lo que fue el primer intento por parte del gobierno de construir este parking subterráneo. Eventos como el descrito ponen de manifiesto que la lucha vecinal de Gamonal por defender sus derechos ha sido constante y necesaria a lo largo de los últimos años.

El gobierno, por su parte, se ha escudado en su programa electoral y justificó así la obra. Puede que el PP gobierne la ciudad pero el hecho de haber ganado en la urnas no le da derecho a tomar decisiones pasando por encima de los vecinos, cuando se trata de una obra que va a afectarles directamente. El barrio ha expresado su descontento y el alcalde está obligado a escucharles, porque en eso consiste la democracia (el gobierno dice haber hablado con las asociaciones de vecinos para aprobar el proyecto pero se demostró que esto era falso).

El resultado del atrevimiento del gobierno burgalés es de sobras conocido. Los vecinos han salido en tromba a defender su postura en contra del proyecto y a pedir que se les escuche. Miles de personas se han manifestado, día tras día, para paralizar las obras, llegándose incluso a construir barricadas, destruir sucursales bancarias o quemar casetas de obra. Dicha situación suscitó la intervención de la policía y violentas cargas por parte de los antidisturbios, además de la detención de varios vecinos y la instauración de un toque de queda.


La manipulación mediática no se ha hecho esperar. El alcalde de Burgos declaraba que “No se puede permitir que una minoría de violentos doblegue la voluntad democrática”, en un intento por desprestigiar las protestas vecinales. Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad, tampoco le tembló el pulso al afirmar que las protestas burgalesas estaban alentadas por grupos de radicales “antisistema”, a pesar de que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León aclarase que la mayoría de detenidos eran vecinos de Burgos sin antecedente alguno. Tampoco podía faltar la ilustre Ana Botella, quien no dudó en calificar las protestas de Gamonal como “atentados” y quedarse tan ancha.


Por otra parte, medios tan importantes como La Sexta o Televisión Española se sumaron también a las manipulaciones, poniendo de manifiesto a qué autoridades responden.


En el video vemos que la manipulación es evidente. ¿Dónde está la “muchísima violencia” y tensión que describe la periodista? ¿Y las vallas por los aires? ¿Poner una pancarta durante un segundo delante de la cámara es impedir trabajar a un periodista? ¿Y los grupos que golpean el mobiliario urbano, dónde están?


En el segundo video, los periodistas de RTVE, desde el plató, afirman que haber corregido al corresponsal en Gamonal es “poner en peligro su integridad”. ¿”Dejar trabajar a los periodistas” significa entonces permitir que se manipulen los hechos sin intervenir? ¿El malo es el vecino por corregir al periodista y decir la verdad o el periodista que miente y tergiversa para poner a la opinión pública en contra de unos vecinos que están luchando para que no se les pisotee?

La linea de sucesos que se han vivido en Gamonal son un retrato perfecto de lo que tantos años lleva sucediendo en España: especulación y corrupción urbanística (políticos que adjudican proyectos financiados con dinero público a sus amigos empresarios para que puedan forrarse) que genera deudas impagables, provocando de este modo recortes sociales y precariedad.

Estos hechos han trascendido en todo el país porque reflejan un modelo que lleva repitiéndose demasiado tiempo y del que el pueblo empieza a hartarse. La posibilidad de que el pueblo español pueda sentirse identificado con este proceso y llegue a tomarlo como modelo de lucha, asusta al gobierno y a las élites económicas, que intentan manipular lo sucedido (mediante los medios de comunicación a su servicio) con el objetivo de enfrentar al mismo pueblo español y la gente del barrio de Gamonal y generar división.

Pero a pesar de los intentos de desprestigio, las protestas del barrio han despertado en otros puntos del país la convicción de que manifestarse y luchar por aquello que se considera justo funciona. Gamonal ha de ser un ejemplo de que no hay que resignarse ante las injusticias y que realmente se pueden cambiar las cosas si se actúa en colectivo.

¿Qué es más violento, unos contenedores quemados o un barrio abocado a la precariedad, los recortes y el desprecio de los que se dicen representantes del pueblo? Es importante no quedarse con la anécdota de la caseta o el contenedor quemado, sino intentar averiguar sus causas. Hemos visto que Gamonal, tras pasarlo mal durante mucho tiempo, ha decidido responder. No se puede tener a un barrio sumido en la precariedad y pretender que sus vecinos nunca lleguen a rebelarse, quizás a veces de forma violenta. Toda resignación tiene un límite, el cual se ha superado en Gamonal. El gobierno y los medios se escandalizan y condenan dicha violencia, pero sus autores han sido detenidos y sobre ellos ha caído todo el peso de la ley, mientras los banqueros, empresarios y políticos que se han dedicado a arruinar el país (y en última instancia han sido los causantes de dichas protestas) siguen en la calle.

La muestra de que la lucha colectiva surte efecto es que Lacalle ha anunciado la paralización definitiva de las obras de la calle Vitoria. Los vecinos de Gamonal han demostrado que podemos hacer que el miedo cambie de bando, realmente se han convertido en un referente a nivel nacional y prueba de ello son las manifestaciones de apoyo acontecidas en diversas ciudades del país.

Como dijo un manifestante en Barcelona durante la concentración de apoyo: “Para llenar las calles de ciudadanía primero hay que llenar las cabezas de sabiduría”. Esa sabiduría pasa, necesariamente, por entender que somos mayoría, que compartimos los mismos intereses y necesidades pero que nos encontramos sometidos a las exigencias de una minoría que, utilizando todos sus medios, intenta enfrentarnos unos con otros para que no podamos identificar y enfrentar al verdadero enemigo.




Silvia Perelló (@silvia_perello) y Antonio Velasco (@avelasgar)

lunes, 30 de diciembre de 2013

COREA DEL SUR Y EL SILENCIO MEDIÁTICO

Todos hemos oído hablar en la mayoría de nuestros “objetivos” y “plurales” medios de comunicación de la terrible dictadura instaurada en Corea del Norte y sus múltiples y constantes violaciones a los derechos humanos.

Fuentes surcoreanas anónimas de dudable fiabilidad nos han ido informando acerca de los terribles actos de barbarie llevados a cabo por parte del susodicho régimen, que van desde la existencia de inhumanos campos de trabajo para los disidentes, hasta absurdas limitaciones de cortes de pelo o incluso la prohibición a las mujeres norcoreanas a circular en bicicleta. ¿Cómo podríamos dudar de la veracidad de los medios surcoreanos cuando el Secretario General de la ONU es, casualmente, ciudadano de dicho país?


Sin embargo, a veces nos inquietan noticias que casi son un insulto a nuestra inteligencia. El pasado 26 de diciembre apareció una noticia donde se nos decía que Corea del Norte estaba reforzando los controles en sus fronteras. En ella se nos muestra la imagen siguiente:


Pero, ¿Qué hay de extraño en esta fotografía? Bueno, si Corea del Norte está reforzando sus fronteras, ¿Por qué en la imagen aparecen agentes surcoreanos y un militar estadounidense? Vemos que la manipulación es evidente y la fuente de la noticia no tiene rigurosidad alguna.

Dejando de lado la situación de Corea del Norte (al cual llaman el país más hermético del mundo, pero del que cada semana tenemos nuevas noticias), en este artículo hablaremos de una serie de acontecimientos sucedidos en Corea del Sur que los medios españoles y mundiales no han querido mostrar.

Se trata de la que ya es la huelga más larga de la historia de Corea del Sur. Todo comenzó cuando los trabajadores de la Corporación Ferroviaria de Corea del Sur (KORAIL), empresa estatal profundamente endeudada, se percataron de que el gobierno quería introducir una filial de dicha empresa para gestionar una nueva línea de trenes de alta velocidad del país e intentar así, según el gobierno, minimizar los gastos de este servicio. Los sindicatos, sin embargo, creyeron que dicha medida acabaría derivando en la privatización del servicio, despidos masivos y la subida del precio de este transporte.

Miles de trabajadores sindicalizados de esta empresa acudieron a la huelga que dura ya unas tres semanas. Todos sabemos que el derecho a huelga es fundamental en la Constitución de cualquier país que se diga democrático. Sin embargo, la empresa ha despedido a más de 7.600 trabajadores por su adhesión a la huelga y ha negado que la filial tenga nada que ver con la privatización del sector.

Pero no acaba ahí la cosa, sino que además se han emitido órdenes de detención contra líderes sindicales por instigar a lo que el Gobierno llama una “huelga ilegal”, por lo que actualmente estos sindicalistas se ven obligados a actuar en la clandestinidad. La policía de Corea del Sur allanó las oficinas del sindicato de KORAIL, incautando documentación diversa. Además, el Gobierno ha prometido medidas contra los trabajadores que secunden la huelga.

Por otra parte, el Sindicato de Trabajadores de Carga de Corea del Sur (sindicato de camioneros) se solidarizó con los trabajadores y sindicalistas de KORAIL, negándose a transportar las cargas de los trenes a modo de protesta contra el Gobierno. Los trabajadores del metro de Seúl también se pusieron del bando de los huelguistas de KORAIL. La Federación General de los Sindicatos de Corea (sindicato de Corea del Norte) también mostró su apoyo a los trabajadores surcoreanos en esta huelga.

Esta huelga continúa. El pasado 28 de diciembre, decenas de miles de personas participaron en una manifestación en Seúl para evitar que el Gobierno crease la filial de la empresa KORAIL, que pretende controlar la nueva línea ferroviaria. Lamentablemente, pocos (o ningún) medios de comunicación se hicieron eco de la noticia.

Manifestación convocada en Seúl el 28 de diciembre

En esta huelga, además, el Gobierno no dudó en movilizar a la policía y reprimir a los manifestantes utilizando gases lacrimógenos. Toda una lección de democracia.

Nos sorprende que tras esta cadena de graves acontecimientos ocurridos en la democrática Corea del Sur, los medios españoles e internacionales apenas hayan informado, cuando, por el contrario, no parecen tener problemas para generar noticias y polémica a partir de fuentes que, diciéndolo de modo amable, podrían no ser demasiado fidedignas.

Episodios como el descrito en este artículo, dejan en evidencia que los grandes medios de comunicación no son objetivos ni plurales, sino que pertenecen a una élite con intereses concretos y contrapuestos a los del pueblo. Esta élite, haciendo uso de los medios que ellos controlan, tergiversan y manipulan los hechos de tal manera que sus intereses no se vean afectados o cuestionados. Como dice el Presidente de Ecuador Rafael Correa: “Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta”.

En este artículo hemos mostrado un caso, pero existen decenas de ejemplos que explicitan la desvergonzada manipulación mediática existente, la cual es utilizada para atacar y desprestigiar cierta clase de sistemas o ideologías que van en contra del sistema capitalista impuesto en la mayor parte del mundo.

Parece que aún no se divisa una solución para este conflicto. Pase lo que pase, lo que sabemos con toda seguridad es que los medios de comunicación mostrarán lo que más convenga a sus dueños y que en ningún caso será la información objetiva de los hechos sucedidos.

No lo decimos nosotros, Malcolm X fue quien dijo aquello de “Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”.




Silvia Perelló (@silvia_perello) y Toni Velasco (@avelasgar)

sábado, 28 de diciembre de 2013

¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO EN UCRANIA?

Hace ya varias semanas que los medios de comunicación nos hablan de una situación de inestabilidad política y social y posible revolución popular en Ucrania. El pueblo ucraniano se ha echado a la calle para pedir un mayor acercamiento de su gobierno a la UE o que dimita, cuentan los medios, los cuales no dudan en culpar a Rusia y la Unión Aduanera de gran parte del conflicto que está sacudiendo a Ucrania.

Pero, ¿es la versión de estos medios de comunicación fiel a la realidad o nos están intentando manipular de nuevo, como ya sucedió con la Revolución Naranja en 2004? Para poder comprender lo que está sucediendo realmente en Ucrania debemos empezar por analizar la situación del país.

Lo primero que debemos entender es que Ucrania es un país dividido económica y socialmente. Se trata del país de Europa con la desigualdad entre regiones más elevada (en términos de PIB per cápita). Tenemos, por un lado, las regiones este y sur. Se trata de la zona más rica de Ucrania, donde los salarios son más altos (de media) y se concentran las grandes empresas del país (8 de 14; las demás se sitúan en la capital, Kiev).

Por otro lado tenemos la mitad central y oeste de Ucrania. Se trata de la región más pobre, con salarios más bajos y el paro más elevado. Es la zona agrícola del país. Se estima que 3 de las 4 provincias con una mayor población bajo el límite de la pobreza se encuentran en esta mitad del país.

Mapa 1. División regional usada por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev

Además de esta división económica existe otra social. Esta diferencia podemos verla primeramente si nos fijamos en la lengua que se habla en el país. El 50% de los ucranianos considera que su lengua materna es el ucraniano; el 30% considera que es el ruso y el 20% restante cree que lo son ambas. Si vemos cómo se distribuye la población observamos que en las regiones central y oeste (las más pobres) se aglutina un alto porcentaje de hablantes ucranianos y muy pocos hablantes rusos. En las regiones del este y el sur tenemos una proporciones de hablantes rusos y ucranianos más similares y zonas donde los hablantes ucranianos son minoría (Mapa 2).

Mapa 2. Porcentaje de hablantes ucranianos (izquierda) y rusos (derecha) por provincias (óblast)

Por lo tanto tenemos por un lado unas regiones más ricas e industrializadas cercanas a Rusia cuyos habitantes hablan el ruso y el ucraniano y otras regiones pobres y agrícolas más cercanas a Polonia y a Europa cuyos habitantes hablan el ucraniano casi exclusivamente.

Una vez analizada mínimamente la situación de Ucrania nos vemos obligados a contestar la siguiente pregunta: ¿Es cierto que la mayoría del pueblo ucraniano quiere un mayor acercamiento a la UE?

Esta pregunta puede contestarse con el simple hecho de que el presidente actual, Viktor Yanukóvitx, ganó las ultimas elecciones generales con un programa electoral que, entre otras cosas, decía que no quería ni iba a adentrarse en la Unión Europea. Cambiar de posición y firmar el Acuerdo de Asociación con la UE sería contradecir su programa electoral y traicionar a sus votantes. El presidente se convertiría en algo así como un Rajoy ucraniano.

Entonces ¿Quién quiere que Ucrania entre o se acerque comercialmente a la UE?

El Instituto Internacional de Sociología de Kiev realizó una encuesta con dos preguntas. La primera decía: “Si se realizara un referéndum para decidir si Ucrania se tiene que unir a la Unión Aduanera, votarías a favor o en contra?”. Ante esta pregunta, un 40,8% de los ucranianos encuestados votaría a favor y un 33,1% en contra.

Si dividimos estos resultados en las 4 regiones que hemos descrito anteriormente, obtenemos que votarían a favor de entrar en la Unión Aduanera el 64,5% de los entrevistados pertenecientes a la región este, el 54% del sur, el 29,6% del centro y el 16,4% del oeste.

Se hizo la misma pregunta pero esta vez referida a la Unión Europea. El 39,7% de los encuestados votaría a favor y el 35,1% en contra.

Esta vez, votarían a favor el 18,4% del este y del sur, el 43,4% del centro y el 66,4% del oeste.

Como vemos, en Ucrania existe una clara división tanto en lo cultural, económico y social como en lo político. La mayoría de la población que pertenece a la región más rica de Ucrania no quiere acercarse a la UE. No existe esa mayoría que quiere una Ucrania dentro de la UE que los medios nos venden. De hecho el porcentaje de entrevistados que votaría a favor de la Unión Aduanera es superior al que votaría a favor de la UE.

Pero entonces ¿Por qué nos hablan de una mayoría pro UE? ¿Quién está detrás de las protestas que hemos podido ver en televisión? (recordemos que incluso arrancaron una estatua de Lenin en Kiev)

Aquí entramos en un escenario si cabe más complejo. Ucrania, como república ex soviética, tiene un pasado ligado a la actual Rusia. Este pasado se materializa en minorías étnicas de habla rusa, regiones industrializadas por la URSS, costumbres, etc. Por otro lado, tenemos la situación de crisis que pasa el país, donde hay mucha gente descontenta con el actual gobierno y la corrupción. También hay grupos nacionalistas que creen que el gobierno ha de endurecer sus políticas y quieren aprovechar estos momentos de inestabilidad. Encontramos también intereses de EEUU y la UE por la situación geoestratégica de Ucrania así como sus grandes cantidades de materias primas baratas (hierro y acero, cereales, aceites vegetales y animales, etc). También Rusia quiere acercarse más a Ucrania con la Unión Aduanera. Ucrania se encuentra en una encrucijada: acercarse a Rusia o a la UE. Pero ¿qué acuerdo le sería más beneficioso?

Es importante subrayar que Ucrania goza actualmente de un trato de favor con Rusia, la cual le suministra gas barato. Además, el pasado 17 de diciembre ambos países firmaron un acuerdo por el que Rusia reduce más el precio del gas a Ucrania, con lo que este país ahorraría 20.000 millones de euros más y además recibirán 15.000 millones de dólares en bonos para evitar la bancarrota y el colapso económico del país, ocasionado por la crisis.

Los gobernantes y expertos ucranianos han creído que un acuerdo con la UE no sería provechoso para el país ya que sus empresas, más antiguas y con una menor productividad, no pueden competir con las de la UE y este hecho afectaría aún más a su balanza exterior (la cual ya es muy deficitaria, aunque gracias a la ayuda de Rusia va a poder reducirla notablemente). Ucrania pidió a la UE 20.000 millones de euros de ayuda financiera para modernizarse y así poder ser más competitiva pero la UE se negó. Además, si Ucrania entrara en la UE, probablemente la Troika impondría políticas de recortes y perdería sus privilegios con Rusia además de, como ya hemos dicho, contradecir su programa electoral el presidente actual. Todos estos elementos serían realmente perjudiciales para un país como Ucrania, ya en crisis.

Los 45 millones de habitantes de Ucrania y sus grandes reservas de materias primas son los elementos que la UE busca para expandir y abrir su mercado, con la esperanza de someter a más países y poder volver a crecer (aunque sea durante un tiempo limitado y con un coste altísimo para Ucrania).

Pero si entrar en la UE no es beneficioso para Ucrania, sino todo lo contrario, ¿porqué hay tantos miles de personas manifestándose para entrar?

Aquí entran en juego las falsas promesas de la UE y EEUU (recordemos que se pudo ver en las protestas de Kiev al senador Republicano a favor de la guerra en Siria John McCain), el descontento de parte de la ciudadanía por la situación de crisis que pasa el país y también radicales de ultraderecha. Sectores contrarios al gobierno quieren hacer creer al pueblo que entrar en la UE es la solución a todos sus problemas, cuando esto traería únicamente más pobreza.

John McCain junto al líder del partido UDAR (centro-derecha) Vitali Klitschko

La negativa a última hora del gobierno ucraniano a firmar el Acuerdo de Asociación con la UE ha sido la chispa que ha hecho saltar a la oposición para intentar cambiar el gobierno vigente. A pesar de esto, no todos los manifestantes que hemos visto en televisión son pro UE, aunque los medios quieran meterlos a todos en el mismo saco. Esta oposición quiere aprovechar las revueltas para llegar al poder y vender el país a la UE, aunque esto signifique generar una pobreza aún mayor para el pueblo. Otros, cuya ideología roza el fascismo, intentan presionar al gobierno manifestándose violentamente con el apoyo de EEUU y la UE.

Además, el gobierno ucraniano presidido por Yanukóvich ha firmado acuerdos con China que generarían 8.000 millones de dólares de inversión relacionados con la energía, infraestructuras y el sector aéreo. Este acuerdo supone un alejamiento con respecto a la UE y EEUU en favor del gigante asiático.

Podemos ver que lo que está sucediendo en Ucrania es algo más complejo que unas simples manifestaciones a favor de entrar en la UE por parte de la población. Las grandes potencias imperialistas mundiales tienen los ojos puestos en Ucrania, pieza geoestratégica clave que puede marcar el desarrollo de las potencias mundiales en los próximos años. Incluso EEUU ha amenazado con sanciones a Ucrania si esta no firma los Acuerdos de Asociación con la UE.

Es importante, a modo de conclusión, decir que los partidos opositores al gobierno actual se han negado a celebrar un referéndum sobre el tema. El único partido que está a favor es el Partido Comunista de Ucrania, el cual ha recogido ya más de 3,5 millones de firmas para que este referéndum se celebre. Es el único partido que quiere preguntarle al pueblo y dejarle decidir su futuro libremente. Eso sí, su líder, Piotr Simonenenko ha recalcado la importancia de que el pueblo vote su futuro pero con un gran conocimiento de lo que se está decidiendo actualmente en su país para evitar manipulaciones como las que se están llevando a cabo hasta la fecha por parte de la oposición.


Ucrania es un país contradictorio y dividido en dos que se encuentra sumido en una crisis de la cual le costará salir sin pagar un coste elevado. A pesar de esto, todo indica que si Ucrania se deja arrastrar por EEUU y opta por acercarse a la UE las cosas irán a peor para el pueblo, que, al final, es el que siempre acaba pagando la peor parte.



Toni Velasco